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Pintoresco ya era, pero Rafael Vargas Zavala se volvió medio famoso el uno de octubre de 2003 cuando se cruzó el pecho con la banda presidencial para la ceremonia de su toma de posesión como presidente municipal de Huitzilac. Ignorante, debió considerar: “si presidente soy, me pongo la banda”.  Pasado el evento, alguien del pueblo le preguntó: “¿por qué te la pusiste?”. Y contestó, lacónico: “¡por qué chingaos no!”. Cosa que meses más tarde confirmaría al columnista. Café de por medio, hacía pocos días que había rendido su primer informe. Precisó datos de la banda: la mandó a hacer en la Ciudad de México, e incluidos el bordado del águila y los detalles dorados le costó tres mil quinientos pesos. Alardeó: “me la iba a poner para el informe, pero (los panistas) la hacen mucho de pedo...”. (Panista era el gobernador Sergio Estrada Cajigal, el mismo que por estos días “suena” para candidato del Partido Encuentro Social a la alcaldía de Cuernavaca que ya desempeño en 1997-2000). Por allá de mediados de los setenta, hubo otro alcalde que se puso la banda presidencial para rendir uno de sus informes, lo que a lo mucho le costó una “mordida” de algún inspector de la Dirección de Investigaciones Políticas de la Secretaría de Gobernación que entonces eran “el coco” de los ediles. Y en la misma época, uno más en la zona sur. Era la tarde del 15 de septiembre y no quería dar el “grito” de independencia porque estaba seguro de que sus enemigos lo abuchearían y le harían algo más, así que buscó el consejo de su mamá. Contaban que le dijo: “Estos cabrones no sólo son capaces de rementarme la madre, también de aventarme piedras. El pueblo se va a reír de mi”. Temblaba de miedo y coraje, estaba preocupado, y viéndolo en un estado de angustia la inocente señora le recomendó: “Ay, m’ijo, pues no des el ‘grito’ hoy; dalo otro día cuando tus enemigos no estén en el pueblo”. Pasajes estos que quedaron para la anécdota, de eso no pasaron. Pero que se sepa, en Cuernavaca no hay antecedentes de un alcalde que se haya negado a acompañar al Gobernador en la ceremonia del “grito”. Cuauhtémoc Blanco Bravo lo hará. No estará en el balcón central del Palacio de Gobierno, sino en la Glorieta de las Cazuelas de la colonia Antonio Barona donde dará el “grito”. Quizá flanqueado por el íbero José Manuel Sanz, gritará los vivas a los héroes que nos liberaron de España, y en una de esas, traicionado por el subconsciente a lo mejor grita: “¡viva Tepito!”.. LOS TECNICISMOS de la auditoría aplicada a la construcción del Paso Exprés por la Secretaría de la Función Pública: irregularidades en los procedimientos de licitación y/o adjudicación, trabajos ejecutados sin comprobación documental, incumplimiento del programa de obra convenido, pagos en exceso, inadecuada planeación y programación de la obra y los servicios relacionados con la misma, inadecuada supervisión de la obra y del servicio de coordinación del proyecto, omisión de las recomendaciones técnicas durante la ejecución de los trabajos en el kilómetro 93+857 (el lugar del socavón), deficiencias en el manejo y control de las bitácoras de obra y servicios relacionados con la misma y falta de la elaboración del finiquito de contratos. Y la expresión coloquial: una transa por poco más de mil 34 millones de pesos, dirigidas las sospechas de la gente con dos dedos de frente al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, y los dueños del consorcio constructor Aldesem-Epccor pues habrían “inflado” el costo real de la obra, de mil 45 millones de pesos presupuestados originalmente a 2 mil 200 millones. Además de cerca de un centenar de decesos, el temblor de la noche del jueves pasado dejó en Oaxaca y Chiapas daños en unas 80 mil viviendas y en mil 300 escuelas, en Tabasco 160 inmuebles afectados y en Guerrero 50 planteles educativos. ¿Cuántas casas se pueden hacer con las “irregularidades” de los mil millones de pesos? Dos mil, de medio millón cada una, lo cual no resolvería el problema pero ayudaría. Más aún: alcanzaría y sobraría si el presidente de la República, los secretarios de estado, gobernadores, senadores, diputados federales y locales, magistrados estatales y de la Suprema Corte, delegados de dependencias estatales, presidentes municipales, síndicos y regidores, todos los de la burocracia dorada, pues, donaran un mes de sus salarios. ¿Cuándo? El día que en este país terminen la corrupción y la impunidad. O sea, ¡nunca!.. ME LEEN MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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