¿Cuántos vehículos son resguardados en el otrora llamado “Estacionamiento de las Flores” del mercado ALM? Cientos todos los días y miles mensualmente, así que a tres pesos por unidad el aparcadero ha resultado un buen negocio.

 Lo mismo que los baños públicos.

 ¿Pero negocio de quién? ¿Del Ayuntamiento, por ser el que sostiene el mantenimiento del centro de abasto? No.

 El negocio es explotado por la Asociación de Comerciantes.

 O por el líder.

 ¿Cuál? Uno de tantos, como agrupaciones siempre ha habido ahí.

 ¿Paga impuestos a Hacienda Federal y estatal? ¿Informa periódicamente a sus representados sobre ingresos y egresos? No.

 Pero cualesquiera que sean las respuestas en el ALM el desorden es más viejo que la costumbre de dormir acostado.

 A los locatarios como a los marchantes les consta que históricamente los gobernadores y los presidentes municipales le han sacado al parche.

 Hasta hoy que el alcalde Antonio Villalobos se dispone a tomar el control del aparcadero vehicular y de los WC públicos.

 Lo hará mediante contratos de comodato que esta semana firmarán la Comuna y el Gobierno del Estado, no sólo para el caso del ALM, también del cementerio Parque de la Paz, la Alameda Solidaridad y otros inmuebles.

 Haga de cuenta el lector que maneja un negocio que legalmente no es de su propiedad, que se hace cargo de los gastos del mantenimiento pero no recibe ni un peso por utilidades.

 Algo así.

 Y en el fondo, al que por obvio no es necesario un microscopio para ver, el acuerdo político del área respectiva del Ejecutivo y el logro del edil, para por poner un orden nuevo en la anarquía vieja.

 Todo lo cual trae a cuento esta historia de una época desconocida por funcionarios fuereños.

 9 oct.

 2017 Por estos días de hace poco más de medio siglo, ¿qué estaba pasando en Cuernavaca? El 7 de septiembre de 1967 era inaugurado el Palacio de Gobierno por el gobernador Emilio Riva Palacio Morales cuyo antecesor, Norberto López de Nava, había tenido el descaro de inaugurarlo cuatro años antes “faltándole algunos detalles” cuando sólo había hecho el primer piso.

 Aquello fue un acontecimiento memorable, mudado entonces el Poder Ejecutivo del Palacio de Cortés al nuevo edificio.

 El 27 de octubre de 1964 que don Emilio tenía unos pocos meses en la gubernatura, los locatarios que estaban en el viejo Mercado del Reloj se trasladaron al centro comercial Adolfo López Mateos.

 Reacios al cambio, argumentaban que “estaba muy lejos” y les bajarían las ventas.

 El ALM había sido inaugurado el 7 de mayo de 1964, en los últimos días de López Avelar como gobernador, pero los locatarios siguieron en la explanada de Degollado y Tepetates, donde resistieron cinco meses, hasta que el alcalde Valentín López González destechó el también llamado Mercado Municipal.

 En esos momentos, un grupo de locatarios se manifestaba en el centro de la ciudad cuando otros de sus compañeros llegaron corriendo, para avisarles que una grúa “con bola” enviada por Valentín había comenzado la demolición del mercado viejo, así que a regañadientes agarraron sus tiliches y se cambiaron al nuevo, “lejos”, una calle abajo, en los terrenos que habían sido parte del Rancho Colorado de la familia Salinas Nubión, y en 1962 comprados por el Ayuntamiento para iniciar la obra más grande de aquellos días, convertidos con el paso del tiempo el mercado ALM y el Palacio de Gobierno en puntos emblemáticos de Cuernavaca.

 La construcción del que sería el centro de abasto más grande de la región fue iniciada en la época del presidente de la República Adolfo López Mateos (de allí su nombre) y entregada la obra el 7 de mayo de 1964.

 A 54 años de su creación, el “ALM”, como desde su inicio le llamaron los cuernavacenses, ha sufrido al menos dos incendios y una inundación.

 Pero lo que más lo ha lastimado a los cuernavacences es el olvido de las autoridades que se refleja en sus instalaciones maltrechas, lo cual no impide que miles de personas acudan a hacer sus compras pues encuentran mejores precios que en los supermercados.

 Y además aguantador, soportados por su estructura los sismos de los dos diecinueves de septiembres, en 1985 y 2017.

 El nacimiento del ALM o aquellos días dorados de Cuernavaca.

 Nostálgicos, evocan los abuelos y los bisabuelos las décadas de los cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta.

 La calidad del turismo la medían las personalidades que venían a la ciudad de la eterna primavera y las marcas de los automóviles.

 Cuentan que María Félix y Agustín Lara eran clientes asiduos del hotel Bellavista, y así como la pareja dispareja otros actores, pintores, escritores, políticos y empresarios de carteras abultadas y fama nacional e internacional se dejaban ver en “Las Mañanitas”… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com