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Entre los ex gobernadores del PAN y el PRI que andan a salto de mata, el gobernador con licencia de Veracruz, Javier Duarte,  destaca en los medios de información como un súper ladrón. En eso de meterle la uña al erario público le ganó al otro Duarte, César, de Chihuahua; a Roberto Borge, de Quintana Roo, y a Guillermo Padrés, de Sonora. Por medio de prestanombres, le ha sido documentada una red de propiedades que extendió a Europa: una casa en Bilbao, España; una mansión en el condado de Montgomery, Texas; seis unidades de tiempo compartido en el exclusivo Hotel St. Regis de Nueva York, 30 inmuebles en Miami con valor de 3.2 millones de dólares, departamentos en la Ciudad de México, en Boca del Río, Ver., y más, mucho más. El discurso contra la corrupción de ex gobernadores es lo de hoy en Los Pinos y el PRI nacional, de este partido y el PAN pero nada hasta ahora versus algún ex gobernador perredista, así que para “democratizar” la estrategia priista rumbo a las elecciones de 2018 faltaría un amarillo. Eso piensa la gente común, quién sabe el presidente Enrique Peña Nieto… si es que piensa. Y en el ámbito meramente local, la figura del ex alcalde perredista de Temixco, Miguel Ángel Colín, a quien sus paisanos consideran un “Duartito”. Pequeño, modesto, a nivel pueblerino, pues sólo le achacan que se hizo de una clínica médica en Puebla, sin que a la fecha le haya sido demostrado pero eso sí: traído entre ojos por la Entidad Superior de Fiscalización del Congreso Estatal que para empezar entregó al Ayuntamiento del municipio vecino “datos de la auditoría especial ordenada a la administración de Colín en los que hay más de 50 millones de pesos que no tienen respaldo legal en su aplicación”. Esto según una “revelación” del síndico Gerardo Hurtado de Mendoza, con el añadido de que la Fiscalía Estatal Anticorrupción ya tiene conocimiento del caso, que la continuación del proceso generará la presentación de denuncias penales en la fiscalía respectiva y que Colín no ha sido visto en Temixco… ¿porque ya se peló?.. REZAGADA Cuernavaca en materia de equipamiento urbano, esto ha sido una especie de maldición. La última vialidad importante data de los ochenta: la avenida Teopanzolco, bien hecha, tendida entonces la carpeta de concreto duradero, no chapopote efímero pero cuya conclusión proyectada hasta el libramiento de la autopista toparía con la casa de un Echeverría influyentón, abajito de Las Quintas. Después vendrían otras obras: la conexión de las avenida Zapata y Domingo Diez y El Puente Idiota del crucero de La Selva, bautizado así por el populacho pues en vez de aligerar pasmó la circulación; en la administración municipal 2009-2012, la reconstrucción de la avenida Morelos Sur y la construcción del recinto ferial de Acapantzingo. Pero hasta ahí, atrasada la nuestra de las demás capitales estatales donde la materialización de obras grandes de infraestructura urbana no ha parado durante el último medio siglo. Andando en campaña, el hoy gobernador Graco Ramírez propuso que la ampliación del libramiento de la autopista fuera un viaducto elevado, o sea, un segundo piso, pero llegado el momento la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) optó por el ensanchamiento superficial cuya construcción, lenta y tortuosa, fue calculada para que terminara en junio pasado pero sin que se cumpliera el plazo. La bondad de las obras de gran envergadura es la derrama económica que producen durante su realización. Ganan dinero las empresas constructoras, camioneros de acarreo, arquitectos, ingenieros, maestros de obra, peones albañiles, casas de materiales. Y mejor, aunque este no es el caso, cuando el gobierno contrata a compañías constructoras locales y no foráneas. Pasaron años para la construcción de obras grandes en Cuernavaca: el Distribuidor Vial Palmira y el llamado Paso Exprés, pero mejor no las hubieran hecho. Defectuoso el distribuidor, confuso el trazo, riesgoso el tramo elevado en donde vibran los vehículos y tiemblan los conductores que por segundos pierden el control de volante; y como de sobra ha quedado demostrado, peligrosísimo el por eso llamado Paso de la Muerte con carriles estrechos, barreras y muros de contención que encajonan a automovilistas y choferes en márgenes estrechos de maniobra. De ahí que la Policía Federal de Caminos advierta a los catorce kilómetros del libramiento como uno de los más peligrosos de México. Pero, ¿dónde están los diputados “justicieros” y el alcalde “bravero” que no defienden a los cuernavacences exigiendo a la SCT que corrija lo que evidentemente está mal hecho?.. ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]