La probabilidad del “destape” inminente de José Antonio Meade como el candidato, más de Enrique Peña Nieto que del PRI, a la Presidencia de la República, más el presunto auto descarte de Miguel Ángel Osorio Chong ante las preferencias de priistas para la misma nominación mantienen “despistados” a los militantes del propio partido, inconformes porque el candidato a la primera magistratura del país no será un priista. Eso en el plano nacional, y aquí el rumor en redes sociales de que el PES irá junto con Morena a las elecciones de 2018 desconcierta a los lopezobradoristas porque Cuauhtémoc Blanco Bravo pueda ser el candidato de esta alianza a gobernador o bien para intentar reelegirse como alcalde de Cuernavaca puesto que la nominación a la gubernatura de este partido ya está decidida a favor del senador Rabindranath Salazar. De cualesquier maneras, Blanco hace campaña. No el gobernador perredista Graco Ramírez es su principal enemigo, como él dice y repite, sino la inconformidad social por los baches de la ciudad que llegado el momento le pueden significar votos en contra. Así que alguno de sus asesores políticos le halló la cuadratura al círculo. ¿Quién? ¿José Manuel Sanz o Alejandro Villarreal? Según el secretario de Infraestructura, Obras y Servicios Públicos del Ayuntamiento citadino, José Cruz Torres Campos, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes tapará los baches en trece avenidas afectadas por el paso de camiones pesados cuando el Paso Exprés les fue vedado por la reparación del socavón. O lo que es lo mismo: sacarse la espina que le clavó el aplazamiento del alcoholímetro. Hechos bola, los regidores “descubrieron” que no había condiciones para echar a andar el Programa Conduce sin Alcohol, principalmente porque los conductores borrachos serían metidos no en instalaciones adecuadas para infractores sino en las mazmorras del mercado ALM, sucias, pestilentes, impropias hasta para los peores delincuentes. De hecho, desde el inicio el alcalde, la síndica y los regidores se evidenciaron más despistados que niño perdido en el Metro, y hubo de ponerse al micrófono de “La 99” el litigante Enrique Paredes. Ex secretario del Ayuntamiento y sujeto cercanísimo al ex alcalde Jorge Morales Barud, Paredes les reprochó una de dos: o que desconocían que existe un ley específicamente relacionada con la implementación y funcionamiento del alcoholímetro o sabiéndolo estaba siendo omisos. Actual secretario de la Comuna, Samuel Sotelo Salgado aumentó la confusión “aclarando” que el dicho programa se pondrá en marcha, pero sin que se lleven a cabo los operativos del alcoholímetro. ¡¿What?! Pero para entonces todos estaban vueltos bolas: Ángel Adame Jiménez, vicepresidente en Cuernavaca de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados, salió a decirles que, si las sanciones económicas a los infractores del “chupímetro” no están previstas en Ley de Ingresos del Ayuntamiento de Cuernavaca, durante lo que resta de este año no procede el programa multicitado. Oportunista, la diputada Beatriz Vicera Alatriste presentó una iniciativa de reforma a la Ley para la Prevención y Combate al Abuso de Bebidas Alcohólicas y de Regulación para su Venta y Consumo en el estado de Morelos. Propuso el uso de detectores de metales (arcos o “paletas”) en los antros de vicio para evitar que entren personas armadas que, como en el caso reciente del bar Áttico, maten a alguna persona. Crudas, las imágenes del video de la madrugada del 29 de septiembre mostraron un asesinato a mansalva, disparada el arma del homicida a pocos metros del joven que, desplomado, es pateado por el mismo sujeto que le acaba de dar muerte. Viejo el problema de gente armada en establecimientos expendedores de bebidas alcohólicas, ¿por qué hasta ahora la iniciativa de la ex priista y hoy perredista Alatristre? Carentes de imaginación, a nadie del Ayuntamiento se le ocurrió la solución: poner a funcionar el alcoholímetro pero sin que sean detenidos los conductores ebrios, que sus coches sean llevados al corralón y luego paguen las multas, el “arrastre” de la grúa y la pensión. Atrapada en la inopia, esto le generaría ingresos a la Comuna y pocos se opondrían. O que entre al quite el mando único de Alberto Capella, desplegando una de esas campañas de despistolización que fueron comunes en los setenta, ochenta y noventa. Grupos de policías irrumpían en botaneras, cantinas, bares y discotecas de todo el estado, en Cuernavaca, pueblos del oriente, el centro y la zona cañera. Decomisaban armas blancas y de fuego, apresaban a uno que otro pájaro de cuenta y daban seguridad a la vida nocturna… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]