Ignacio Zaragoza fue llamado el “chinaco fronterizo” por el historiador mexicano Guillermo Prieto. Cubrió de gloria al ejército mexicano, derrotando a los franceses, pero no pudo disfrutar ese prestigio ganado en batalla, pues a los cinco meses del triunfo en Puebla murió de tifoidea. Chinaco es el vocablo que denomina a un guerrillero liberal mexicano durante la guerra de Independencia, la guerra contra los Estados Unidos y la intervención francesa en México. El chinaco fronterizo Ignacio Zaragoza nació el 24 de marzo de 1829 en el presidio de Bahía del Espíritu Santo, Texas, cuando esta provincia aún pertenecía a México. En 1854 se incorporó a la rebelión liberal respaldada por el Plan de Ayutla. Luchó en defensa de la Constitución de 1857, derrotando a las tropas de Leonardo Márquez en Guadalajara, Jalisco, y peleó a favor de los principios liberales durante la guerra de Reforma 1858-1861.

En abril de 1861, el presidente Benito Juárez lo designó ministro de Guerra y Marina, cargo que ejerció apenas ocho meses. Derrotó a las tropas invasoras francesas que sitiaban Puebla, el 5 de mayo de 1862. Contrajo fiebre tifoidea y falleció en esa ciudad, el 8 de septiembre de 1862. En 1867, cinco años después de aquel célebre 5 de mayo y de la muerte de Zaragoza, un grupo de mexicanos celebró en el poblado de Bahía del Espíritu Santo –entonces del todavía estado mexicano de Texas– el triunfo del ejército mexicano sobre los invasores franceses. Esa primera celebración en aquel pueblito no fue casual: ahí nació el general Zaragoza, el héroe inolvidable de la Batalla de Puebla. Esa conmemoración, de gran significado para los mexicanos de Texas, fue el punto de arranque de las celebraciones que hoy tienen lugar en todas las ciudades norteamericanas con comunidades de mexicanos. Desde esos primeros festejos, el 5 de mayo significó para los paisanos nacidos y residentes en Estados Unidos un día en que su país de origen se liberó de la opresión de los extranjeros, vinieran de donde vinieran, y adquirió incluso un significado más fuerte que el 16 de septiembre de 1810, fecha del inicio de la guerra de independencia mexicana en contra del imperio español.

Así que no es gratuita ni fortuita dicha celebración, debida a la preeminencia de la comunidad mexicana en Estados Unidos y por el hecho de que, antes de que Texas se anexara a la unión americana, vio la luz primera el héroe de la Batalla de Puebla. Zaragoza, el chinaco fronterizo, representaba al rebelde del siglo XIX. Entonces se llamaba “chinaco” al liberal de tez morena que optaba por defender las causas el pueblo en contra de los hacendados, la iglesia y los catrines, es decir, los ricos. También chinacos fueron mexicanos que combatieron contra los invasores franceses. Decía una famosa canción de aquellos tiempos: “Los chinacos bravos, se batieron inundando de gloria la nación”. En los primeros festejos del 5 de mayo en Texas, los mexicanos mostraban su deseo de libertad y autodeterminación; fueron fiestas de obreros, de migrantes pobres y en muchos casos de revolucionarios. Desde finales del siglo XIX hasta 1930 las fiestas del 5 de mayo se organizaban de manera popular, hasta que en la década de los treinta, el consulado mexicano en Los Ángeles, California, creó una organización que se encargaría de preparar los festejos que ahora se llevan a cabo en todas las ciudades norteamericanas donde residen comunidades mexicanas. Nunca imaginó el chinaco fronterizo, Ignacio Zaragoza, que sus paisanos del pueblo texano de Bahía de los Santos lo inmortalizarían como símbolo de la defensa de los mexicano-estadounidenses contra cualquier tipo de opresión y que, cien años más tarde, otro chicano, César Chávez, tomaría esa bandera para defender a sus paisanos piscadores. Cosas de la sangre… (Me leen después)

 

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN

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