Blindar el territorio morelense para neutralizar el efecto “cucaracha”. ¿Cuándo hemos oído eso? Muchas veces, pero lograrlo no parece simple. Huyen, se desparraman los delincuentes como si les echaran insecticida y la plaza “se calienta”, como ocurrió en Iguala donde    la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014 les fue arrebatada la libertad a los 43 normalistas de Ayotzinapa. Pegada la zona igualteca a pueblos de Morelos por los lados de Amacuzac, Tlaquiltenango y otras comunidades serranas o no, los maleantes pueden desplazarse a pie y en automóviles por senderos solitarios sin ser detectados. O utilizar las carreteras, los caminos vecinales, la Autopistas Del Sol y el tramo Amacuzac-Iguala, rodear por Taxco y las grutas de Cacahuamilpa, camuflageados en familias viajando con la señora y los niños para no parecer sospechosos a los ojos de los policías y los militares que patrullan los límites de ambas entidades. Históricamente, a delincuentes de la vecina entidad les ha sido fácil ocultarse en Morelos, donde casi no hay guerrerense que no tengan parientes, amigos o conocidos. Ejemplos: las colonias Rubén Jaramillo de Temixco y la Antonio Barona de Cuernavaca, fundadas cuarenta y cincuenta años atrás por familias tanto de origen guerrerenses como morelense por medio de invasiones masivas. Sucede también en algunas colonias de Yautepec, Jiutepec, Emiliano Zapata y Cuautla, antiguas o de reciente creación, habitadas por gente mayormente buena, local y foránea, hijos y nietos de guerrerenses que tienen familiares más allá de Amacuzac. Por eso las complicaciones del blindaje, debidas a lazos históricos de vecindad e identificación cultural que entrelazan a docenas de miles de guerrerenses y morelenses. No por nada ambos territorios formaron parte de un mismo estado hasta la década de los sesenta del siglo XIX. El caso Iguala, que por execrable resuena aún en todo el mundo, habría hecho recular a los criminales del grupo Guerreros Unidos (GU) que, según la versión oficial, en complicidad con el alcalde José Luis Abarca Velázquez y su esposa María de los Ángeles Pineda se llevaron a los muchachos de Ayotzinapa. El hecho produjo el dicho efecto “cucaracha”, y lo siguiente fue que los que huyeron corrieran a refugiarse con sus cómplices de otros pueblos de Guerrero o vinieran con familiares radicados en Morelos. Eso explicó el tiroteo de infantes de la Marina con presuntos integrantes del cártel GU, señaló una nota a fines de octubre de 2014, detenidos dos y muerto otro sujeto que en su huida desesperada cayó de una azotea en la colonia Las Granjas de Cuernavaca. Lo demás fueron declaraciones. Reaccionó el entonces nuevo secretario de gobierno, Matías Quiroz Medina: no es permanente la presencia de elementos de Marina Armada en Morelos, pero prevalecerá la coordinación con las fuerzas federales para establecer un cerco que impida la migración de delincuentes al solar morelense. Mientras, el fiscal a la sazón fiscal Rodrigo Dorantes Salgado aseguraba: el enfrentamiento a balazos lo originó una llamada anónima reportando a sujetos armados que ingerían bebidas embriagantes y disparaban al aire en la calle Cinco de Mayo de Las Granjas. Tres años más tarde, el trasiego de drogas habría ubicado a GE en Estados Unidos. El fin de semana antepasado, la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés) incluyó a esa organización criminal por primera vez en su reporte de amenaza nacional de drogas. El gobierno estadounidense ya tenía en la mira a dicho grupo tras vincularlo con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. La DEA señaló que GU surgió en 2011 luego de la ruptura del cártel de los Beltrán Leyva. No obstante, algunos miembros del grupo declararon que uno de los fundadores, Mario Sidronio Casarrubias Salgado, comenzó su carrera delictiva en el cártel de La Familia Michoacana. De acuerdo a la DEA, GU se dedica a transportar y distribuir drogas, sobre todo heroína; que opera en varios municipios de Guerrero, Estado de México y Morelos con una gran red en varias ciudades estadounidenses importantes. En sus inicios, GU solamente operaba en Iguala, Taxco y Ciudad Altamirano, en Guerrero, y en Cuernavaca, Morelos. Por su parte, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), equipo enviado por la CIDH con el objetivo de investigar la desaparición de los 43 normalistas, dio como posible causa de la masacre que GU trasladaba droga en autobuses de pasajeros que iban de Iguala a Chicago, y los policías municipales habrían interceptado los camiones tomados por los normalistas al estar cargados con droga o dinero… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]