Era mediados de los setenta. Alertado por la radio, el oficial de la Policía Federal de Caminos hundió el pie en el acelerador. Pensó saboreando la posibilidad de una “mordida” jugosa: “A lo mejor este es el bueno”. Anecdótico, dicharachero y sobre todo buen amigo, el conductor de la patrulla negra con blanco era conocido por el mote del “Jarocho” tanto en la corporación, cuya comandancia estaba en El Polvorín, como entre reporteros. Llegó en cuestión de minutos a la zona de cabarets, en La Joya. En el estacionamiento de uno de los dos “centros de esparcimiento” (así se les llamaba entonces) esperaba el chofer de un autobús de pasajeros. Enojado, le dijo que un borracho le había pegado a su camión. “Me paré para levantar unos pasajeros y me chocó por atrás”, explicó señalando el coche del cafre, un viejo Chevrolet con el cofre abollado. El chofer manoteaba, se jalaba los cabellos, exigía que el ebrio saliera del antro y no paró de hablar sino hasta que el policía le gritó que no fuera mentiroso, que a leguas se veía que él se había echado de reverse y pegado al Chevrolet. “Mejor vete”, le ordenó. “Si no, te consigno al Ministerio Público por intento de homicidio y te irá peor”.  El Chevrolet era de un compañero y amigo del “Jarocho”, un operador de radio que gustaba de las parrandas maratónicas... La anécdota aplica al delegado de la Secretaría de Gobernación (Segob), Gerardo Cubría Bernardi, y al obispo Ramón Castro Castro. No obstante ser evidentes las transgresiones a la ley por parte del dignatario de la iglesia católica de Cuernavaca, ¿Cubría lo cubre? Declaró anteayer a medios de información que la Segob “evalúa” si el Obispo incurrió en violación al artículo 130 constitucional con sus manifestaciones y actos públicos por lo que, de acuerdo con el Poder Ejecutivo, habría invadido la esfera de las instituciones de gobierno. Dichas “manifestaciones y actos públicos” refieren declaraciones de Ramón, como que el Gobierno del Estado pide “moches” del 30 y el 40% a constructores de obra pública, y a su reunión de la semana pasada con los aspirantes a la gubernatura Javier Bolaños Aguilar, Matías Nazario Morales, Cuauhtémoc Blanco Bravo, Rabindranath Salazar Solorio, Alejandro Vera Jiménez y Víctor Caballero Solano. Un escándalo político que ha escalado a nivel nacional, por cierto, del que se ha mantenido al margen el coordinador regional de la Segob, Juan Salgado Brito. ¿Por prudencia política o porque el amigo del Obispo no es él, sino su delegado? Con otra: si en lugar del dirigente de la grey católica de Morelos el transgresor del 130 constitucional hubiera sido algún ministro de otra religión (mormona, Testigos de Jehová, etc.), ¿Cubría también lo cubriría?.. LA MALA nueva se esparció en las redes sociales: “Hubo una explosión en Cartuchos; parece que hay un muerto, un guardia de seguridad. En ese momento pasa por Ocotepec una ambulancia del Semefo, lastimero el ulular de la sirena que confirma la tragedia. Al poco rato se sabe más, que aparte de una señora lesionada no hubo uno sino dos decesos. Ambos jóvenes de 26 y 28, uno falleció instantáneamente y el otro luego de ser llevado al Hospital José G. Parres con quemaduras en todo el cuerpo. La onda expansiva alcanzó un kilómetro a la redonda, asustó a los vecinos, sintieron que la tierra temblaba. Unos treinta sufrieron crisis nerviosas y heridas leves. Evacuados 358 obreros, los trabajos de revisión por autoridades en el punto del estallido tardaron cuatro horas. Sucedió el lunes 23 de febrero de 2015… y volvió a ocurrir en el mismo sitio el sábado18 febrero pasado, también con el saldo de dos decesos, reportada al teléfono de emergencias una explosión en el área de secado. Fundada en 1961 como Cartuchos Deportivos de México, S.A de C.V., y años más tarde cambiado el nombre por el de Industrias Tecnos, S.A. de C.V., los cuernavacences le seguimos llamando simplemente “Cartuchos”. Pero le pasó igual que a la planta de almacenamiento de Pemex, en el Paseo Cuauhnáhuac. Les ganó el crecimiento de la ciudad, quedaron en zonas densamente pobladas, hace años que representan un riesgo latente para miles de personas pero ninguna autoridad, federal, estatal o municipal, hace nada para que se muden a sitios despoblados. En México suceden desgracias y el gobierno pronto las olvida. ¿Quién se acuerda de las explosiones del sector Reforma de Guadalajara por gasolina descargada en el drenaje, el  22 de abril de 1992, y más acá, de las instalaciones petroleras en Coatzacoalcos, el 20 de abril de 2016?.. ME LEEN MAÑANA.

Por:  José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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