No se tomaron un cafecito en uno de los dos cafés tradicionales del centro, Los Arcos o El Universal; tampoco soportaron una comida corrida en alguna fonda barata. “Hay niveles”, pudo haber dicho el convocante del convivio, el obispo Ramón Castro y Castro; o cualquier otro que haya escogido el restaurante El Bife para que desayunaran... y “grillaran”. Los que tienen llegaron en sus camionetotas, cual debe ser, custodiados por escoltas y atendidos por asistentes solícitos. Al ratito, el desayuno de tantos notables juntos ya era el chisme del miércoles en las redes sociales. Sorprendidos los medios políticos, si ese fue su objetivo, lo lograron. Sobre todo porque entre los desayunantes estuvieron seis que huelen a gobernador: el diputado federal Javier Bolaños Aguilar, el más mentado adentro y afuera del PAN; el también panista y legislador local Víctor Caballero Solano, uña y mugre del ex gobernador Marco Adame Castillo y por lo tanto el gallo del grupo La Sagrada Familia; el alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo, apenas afiliado el lunes al Partido Encuentro Social, que es uno de los brazos electorales de su presunto protector, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera Jiménez; el senador del partido Morena de Andrés Manuel López Obrador, Rabindranath Salazar Solorio, y el diputado federal priista Matías Nazario Morales, el consentido del Obispo porque le consiguió recursos federales por 75 millones de pesos para la restauración de la Catedral. Como mirandillas estuvieron Gerardo Becerra Chávez De Hita, el vocero de la autodenominada Coordinadora de Movimientos Ciudadanos de Morelos a quien para que no le sigan preguntando de qué vive le caería de perlas una chambita de regidor; el líder rutero Dagoberto Rivera Jaimes, de quien puede apostar el lector pretende una candidatura “de lo que sea”; Miguel Enrique Lucía Espejo, presidente estatal de Morena, y José Manuel Sanz, el apoderado español del “Cuau”. Pretextaron como motivo del encuentro el establecimiento de una agenda de temas que preocupan a la sociedad, como inseguridad pública y desempleo. Seguramente el hermano Ramón no platicó de la cancha de tenis en el seminario de Ocotepec, ni de que el problema de la feria patronal de Tepalcingo es por el dinero de las limosnas, diezmos y donativos, uno y hasta cuatro millones de pesos, según calcula el grupo de feligreses que le es adversos. A lo mejor Bolaños narró sus vivencias como presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, la más importante en términos históricos, la ceremonia por el fallecimiento Fidel Castro Ruz, el 29 de noviembre anterior en la Plaza de la Revolución de La Habana a la que asistieron más de 20 jefes de Estado y de gobierno llegados de todo el mundo. Cuauhtémoc la debió pasar callado, para no regarla, pues de qué puede conversar si no de fútbol. Pero si el “aquelarre” fue para hablar mal de Graco, seguramente en esta tarea “se descosieron”. Si no, qué chiste. Porque “Rabín” no quiso que fuera, en esa mesa de opositores faltó Fidel Demédesis Hidalgo. Pero si de todos los aspirantes a la gubernatura se habla y el Obispo tasa parejo, en las semanas por venir estaría convocando a los priistas Juan Salgado Brito, Amado Orihuela Trejo, Jorge Meade Ocaranza, Guillermo del Valle Reyes, Marisela Sánchez Velázquez, Jorge Morales Barud y etecé, etecé; a los perredistas Matías Quiroz Medina, Rodrigo Gayosso Cepeda, José Manuel Agüero Tovar y Jorge Messeguer Guillén así como al lopezobradorista Agustín Alonso Mendoza. Con dos condiciones, una en serio y otra en broma: que don Ramón no les pase la charola, y menos a David cuya “generosidad” suele desbocarlo; que cada quien pague lo que consuma y que besando la cruz Meade jure no cometer pecado de vanidad volviéndose a hacer la cirugía plástica. Por lo menos estaría divertido. Los dicharajos populares de Juan Salgado los destornillarían de risa y el “señor obispo” se sonrojaría escuchando el lenguaje florido de Agustín. Más aún: si al árbitro político en que planea convertirse el clérigo del apellido doble le sale bien el numerito, también invitaría a mesas grilleras a los aspirantes a alcaldes de los municipios principales, y en otra ocasión a los ex gobernadores Jorge Carrillo Olea, los ídems Morales y García Rubí, a Sergio Estrada Cajigal y Marco Adame. Total, no pasa nada. Porque la separación Iglesia-Estado es un mito genial, los ministros de cultos religiosos pueden hacer política sin que autoridad federal alguna ose sancionarlos… ME LEEN EL DOMINGO.

 

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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