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Sin ánimos de polemizar a favor o en contra, es un hecho que las tecnologías de la información y las aplicaciones en dispositivos móviles son ya una revolución en la economía a través de los hábitos de consumo. Esto equivale a la conmoción provocada, en su respectiva época, por la introducción de la máquina de vapor, del motor de combustión interna y el uso de la electricidad, entre muchos otros.  Extrapolando los ejemplos, sin esos cambios el hombre no hubiera llegado a la Luna con el Programa Apolo, o no conoceríamos secretos del cosmos como los develados gracias al portento del telescopio espacial Hubble y el programa de los transportadores espaciales. 
Como parte de la tecnología del siglo XXI, las aplicaciones en móviles y redes sociales (conocidas como “apps”) cambiaron para siempre la forma de hacer negocios en viajes, hospedaje, compra-venta del mercado libre, publicidad, información y un largo etcétera. ¿Cómo no iba a ocurrir esta transformación en el transporte urbano público? Se trata de la competencia, no entre empresas extranjeras y locales, sino de todas ellas con la constante innovación tecnológica y, mucho ojo, con la satisfacción de necesidades, seguridad y comodidad del cliente. Dígalo si no la “plaga” que constituye la cadenota de tiendas de conveniencia de la doble “o” y la doble “x”. El consumidor va con el comerciante o prestador de servicios que le diga: “al cliente, lo que pida…”
Ya hemos comentado lo obvio de que si en términos de calidad y atención a usuarias y usuarios el servicio de “rutas” de la zona metropolitana de Cuernavaca (y de todo el estado) está por los suelos, todo es porque el transporte de personas no tiene competencia externa y los usuarios no se organizan, como en otras entidades del país y en otros países, para boicotear el incómodo, inseguro y peligroso traslado en “rutas”. 
O  los taxistas, quienes como en toda regla tienen sus excepciones pero  ahora está aceptado oficialmente que entre otros delictivos menesteres al menos un centenar (la cifra se antoja muy conservadora) son “halcones” de la delincuencia organizada. Se explica así que los señores dirigentes de permisionarios y taxistas pongan el grito en el cielo por la competencia no de una empresa extranjera, sino de automovilistas que aprovechan la organización e infraestructura que ya existe (redes sociales, banca electrónica y usuarios con unos y otros recursos) para introducir una innovación a la que, obvio, aquí y en todas las ciudades a donde ha llegado los gremios de taxistas se han opuesto por las mismas razones que ya anotamos y el hecho de que no pueden competir contra las innovaciones tecnológicas. 
Por eso, hoy vamos a dar un repaso sobre los efectos de Uber en algunas urbes y anotar algunos detalles de lo que puede suceder en los próximos días en Cuernavaca, con base en las experiencias de otras metrópolis. 

¿QUÉ ES?
Uber Technologies Incorporation es una empresa internacional que proporciona a sus clientes una red de transporte, a través de su software de aplicación móvil “app” que conecta los pasajeros con los conductores de vehículos registrados en su servicio, los cuales ofrecen transportación. A través de este sistema, la empresa organiza recogidas en decenas de ciudades de todo el mundo y tiene su sede en San Francisco, California.
En principio los conductores tenían coches Uber (de ahí el nombre) como sedanes Lincoln Town Cars, Cadillac Escalade, BMW Serie 7 y Mercedes-Benz S550. Después de 2012, Uber añade una selección más amplia de coches en el mercado, los llamados UberX. Los automóviles se reservan mediante el envío de un mensaje de texto o el uso de la aplicación móvil y, usando la misma aplicación, los clientes pueden rastrear la ubicación del vehículo reservado.
En otras palabras, Uber es un servicio de choferes que pretende simplificar el alquiler de coches con conductor. Funciona de forma similar a la de taxis convencionales, pero con choferes particulares. De este modo, el proyecto permite que cualquier conductor y con cualquier automóvil (aprobado previamente por la compañía porque satisfaga ciertos requisitos, estudios, exámenes y formalidades) ofrezca su vehículo particular para transportar gente. 
La plataforma funciona a través de una aplicación para el teléfono móvil, cuyo GPS ubica al cliente y muestra las opciones de vehículos de Uber más cercanos disponibles. En el teléfono móvil el conductor tiene todo lo necesario para recibir la notificación del cliente, ver su localización, monitorizar el recorrido y cobrar el importe del viaje en la tarjeta de crédito que el propio usuario ha asociado a la aplicación, de manera tal que no existe el pago en efectivo. 
El gran “pero” consiste en que esta iniciativa de innovación estilo y marca Silicon Valley, California, ya acumuló problemas en todo el mundo y corre el riesgo de tener que poner freno a su espectacular crecimiento. Desde su nacimiento, Uber recibió la declaración de guerra de agrupaciones de taxistas en muchas ciudades, al punto de  reguladores en todo el mundo han boicoteado sus operaciones. No obstante esto, a partir de 2012 Uber ha expandido sus operaciones para incluir compartición de viajes que no son en taxi.
He aquí algunos ejemplos de problemas de Uber en otras latitudes. 

MADRID.
El 23 de septiembre de 2014, Uber inició operaciones en esta ciudad, lo que desató el conflicto entre esta aplicación de móvil para el transporte entre particulares y los taxistas madrileños.
El sector del taxi inició una huelga contra la que consideran el “app” más polémico dentro de la llamada economía compartida. Los taxistas opinaron que el servicio de Uber pone en grave riesgo a los usuarios, al carecer de las autorizaciones, los seguros y las garantías correspondientes así como los requisitos que establece la propia ley para prestar un servicio de transporte de pasajeros. Además, amenazan con que una aplicación de este tipo fomentará el transporte “pirata” y la creación de una bolsa de fraude fiscal evidente.
La postura oficial de las autoridades españolas la puso el ministro de Economía, Luis de Guindos: “el colectivo del taxi debe adaptarse a los nuevos medios tecnológicos”. Mientras que en Bruselas, la comisaria europea Neelie Kroes, declaró respecto a Uber:  “Europa necesita más emprendedores”. Pese a ello, el 31 de diciembre de 2014 la aplicación Uber cerró su servicio en España, después de que un juez de lo mercantil ordenó el cese de sus actividades, una alternativa a la que podrían recurrir los taxistas morelenses si el cierre de calles, bloqueos a accesos de vialidades y plantones en el Zócalo, que ya se ven venir, no hacen recular a su tecnologizada competencia. 

MÉXICO
Hoy día Uber opera en la Ciudad de México, Guadalajara, Tijuana, Monterrey, Puebla, Querétaro, León, Toluca, Mérida, Aguascalientes, Hermosillo, Mexicali y San Luis Potosí. La semana pasada comenzó a lidiar con los taxistas de Cuernavaca.  
En abril de 2015, entró a la Perla del Occidente mediante un acuerdo con el Club Deportivo Guadalajara para emplear a Uber como medio de transporte de aficionados del equipo futbolero “chivas” al estadio Omnilife.
En el Distrito Federal las autoridades decidieron realizar un debate público sobre el servicio que brindaba Uber y Cabify (una empresa similar), en el que participaron gremios y asociaciones del transporte público de pasajeros concesionado. Como resultado, hubo una nueva legislación en 2015 que obligó  a ambas empresas a pagar un registro ante la Secretaría de Movilidad de la hoy Ciudad de México. 
El principal argumento contra Uber es la competencia “desleal” hacia los taxistas de un servicio que en muchos países no ha sido formalmente regulado. Esto aumentó por la calidad del servicio y el precio de Uber, en especial UberX, que la convirtieron en una alternativa atractiva a los taxis tradicionales y le ha ganado la preferencia de usuarios y usuarias. 
Desde luego esta preferencia por el servicio de Uber ha disminuido el negocio de los taxistas tradicionales, así como de los grandes acaparadores de placas de taxi que históricamente han operado de forma sobre todo oligopólica, es decir, al estilo de los viejos “pulpos” camioneros y de ruleteros de México. Como lo anotamos antes: la exposición limitada a la competencia ha reducido la capacidad de innovación de las empresas tradicionales, haciéndolas menos competitivas ante el cambio tecnológico que Uber introduce en el sector del transporte personal. Así de sencillo. 

TESTIMONIOS
Este no dejan lugar a dudas. Se respetó léxico y ortografía del mensaje para preservar la “garra” de una usuaria: 
–Yo agarro a la semana de 4 a 6 taxis. Son de $50 a $80 por trayecto. Muchas de esas veces (por no decir todas) el taxista es un gediondo, fodongo con pesima actitud, musica cumbianchera super alta y el carro desbaratándonse. Si prenden el aire te quieren cobrar más, está sucio y sin cinturones…”
–Uber es un carro limpio, buen estado, con aire acondicionado sin costo extra, el chofer esta aseado y tienen mucha mejor actitud y además cobran más barato. Prefiero usar un UBER que hablar a una central donde tardan entre 15 y 20 minutos en mandar el taxi y te cobran un ojo de la cara.
El hecho concreto es que la competencia existirá mientras haya necesidades de clientes por satisfacer y que éstos paguen, gustosos, precios justos por un servicio de calidad. También es evidente que, como a otros ramos de la industria y de los servicios, a taxistas y ruteros de Morelos la innovación los agarró dormidos en sus laureles y el destino los alcanzó en forma de una “app” con automovilistas dispuestos a sacarle ganancias a los tiempos muertos de sus vehículos aptos para el servicio. 
Parece sencillo pero no lo es: ¿para qué se complican haciendo paros y bloqueando calles? Tan sencillo como que armen su propia aplicación, descarten trabajadores del volante chambones, groseros, cafres, y se conviertan en la competencia de Uber… ME LEEN MAÑANA. 

José Manuel Pérez Durán / [email protected]