Este año no llegó el día 20 ni el 21, pero eso no obsta para el “puente” de mañana lunes. A lo mejor muchos no se enteraron: ayer sábado a las 22:30 horas hizo su entrada la Primavera, pero en el Tiempo Universal Coordinado, es decir, la hora que rige en todo el mundo, la alborotadora estación del año inició a las 4:30 de la madrugada de hoy. Si de una vez lectoras y lectores se arriesgaron desde ya a pescar una insolación so pretexto de “cargarse de energía” o lo hicieron ayer, este domingo debería ser también para considerar un tema que no debería escapar a nuestra atención. 
Se trata de los extremos a que ha llegado el clima en los últimos años, las repercusiones de la contaminación en el calentamiento global y la pertenencia de Morelos a la Megalópolis del centro de México. 
La confluencia de temas sin aparente relación se explica porque el inicio de la primavera en México coincidió con otro acontecimiento que no tiene nada de celebración: la contingencia ambiental en la Ciudad de México que desde hace diecisiete años no se había aplicado. La última vez, en 1998, fueron cinco contingencias por el incremento de los niveles de contaminantes ocasionados por la falta de vientos que “barran” las partículas de gases originados por automotores, actividades industriales y productivas. 
El  tema climático nos incumbe porque Morelos está integrado a la Megalópolis, junto con la Ciudad de México, el estado de México, Hidalgo y Puebla-Tlaxcala. ¿Qué estamos haciendo autoridades, organismos no gubernamentales, ciudadanos y ciudadanas para evitar la amenaza que se abatió de nueva cuenta sobre la CDMX?

LA CAPITAL
Ahora resultó que, más que compartir acciones, la contingencia ambiental es para repartirse la basura de la CDMX, una  parte de la cual en esta ocasión le tocó a Cuautla. Todo por el pleito que se traen los precandidatos a sustituir al presidente Enrique Peña Nieto, Eruviel Ávila, gobernador de la entidad mexiquense, y Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno de la todavía veces llamada “Ciudad de los Palacios”. El lector seguramente se enteró de que durante los tres días de la contingencia el relleno de Cuautla recibió entre mil quinientas y dos mil toneladas de basura diarias (hubo quienes dijeron que más),  unas diez mil toneladas en una semana que repercutirá en la vida útil del  dicho basurero y en el ambiente de la Heroica.
El de la basura no es un problema menor. En 2010 se contaban en Morelos con 16 “tiraderos a cielo abierto” y hoy son el doble,  entre éstos los llamados “rellenos sanitarios” que supuestamente son “menos dañinos” pero a la larga significan problemas. 
A la fecha son reconocidos 32 tiraderos a cielo abierto, auténticos generadores de gases de efecto invernadero (metano y bióxido de carbono), y consecuentemente  precursores del cambio climático o calentamiento global. La basura que todos producimos, sea que se separe o no, se mezcla así: residuos orgánicos, 50 por ciento; residuos inorgánicos reciclables, 40 por ciento; residuos inorgánicos no-reciclables, 10 por ciento. Sólo se recicla el 2 por ciento del total de la basura. ¿Y lo de más? Una parte de la respuesta es que existen en los océanos del planeta enormes islas de plásticos que flotan matando con sus polímeros– derivados del petróleo– a la flora y fauna en su extenso entorno.
Sólo en Cuernavaca se generan diariamente 600 toneladas de basura, de las que nomás son recicladas la pírrica cantidad de 12. Si continuamos generando basura a este ritmo, se tendría que construir un relleno sanitario cada 6 años, y si cada que haya contingencias en la CDMX a esta cifra de basura se suman desperdicios de la Megalópolis, nos vamos a sambutir en cerros de desperdicios no reciclables. 

REMEDIACIÓN
Existe ya la Estrategia de Gestión Integral de Residuos Sólidos del Estado de Morelos (EGIRSEM), una propuesta hecha por el Gobierno del Estado a los diputados para que dentro de dos años no existan más rellenos ni tiraderos. El compromiso no es simple. Se requiere tecnología y 67 millones de pesos para crear centros de confinamiento y separación de la basura donde, en vez de enfermedades, se produzcan materias susceptibles de industrialización e incrementar así el porcentaje actual de los desechos reciclados.  
De esta manera se podrían reciclar los residuos inorgánicos  que, como ya vimos antes, son el 50 por ciento  del total de la basura. Hacer compostas con estas sobras   orgánicas para producir biofertilizantes. El PET reciclado se utiliza ya en la construcción de casas en bloques así como  manufacturas de muebles, utensilios y herramientas, mientras que el papel y el cartón reusados abaten el uso de la pulpa de la madera de árboles para la fabricación de papel. 
El millón 700 mil habitantes de Morelos producen a diario 2 mil toneladas de basura que todavía se deposita en los rellenos que no tienen nada de “sanitarios”. Pero dado que la eliminación de éstos afecta los intereses dirigentes de agrupaciones de pepenadores que respectivamente tienen en la basura y su separación un negocio millonario y una magra fuente de ingresos, naturalmente no querrán soltar la prenda así como así. 

AIRE SUCIO
Morelos no está encajonado entre serranías, como el Valle de México, pero Jiutepec no nos libra de caer en las contingencias si consideramos el funcionamiento de industrias en la conurbación, el incremento del parque vehicular y los cientos de camiones de carga y de pasajeros que no cumplen con la verificación. Lo que es peor: la corrupción derivada de los “verificentros” para numerosas unidades automotores salgan a la calle a ensuciar el aire con el “entre” y “la mordida” para no cumplir cabalmente las reglas del cuidado ambiental. 
“De no revisar las emisiones contaminantes que se generan en el estado de Morelos, no estamos  lejos de lo que ya sucede en la Ciudad de México”, reconoció el responsable de la política de sustentabilidad del Gobierno Estatal, Topiltzin Contreras Macbeath. En Morelos, la calidad del aire aún es “buena”, pero hay partículas altamente contaminantes que son dañinas para el ser humano, pues generan problemas respiratorios. 
“Lo que no se mide, no se conoce ni se remedia”. Por eso se monitorea la calidad del aire en Morelos en estaciones ubicadas en Cuernavaca, Cuautla, Zacatepec e incluso Totolapan, y se espera contar con tres equipos más. A diario se miden las emisiones de bióxido de azufre, ozono, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y partículas suspendidas. 
Bien por esa cuantificación, y mejor sería saber ahora la magnitud y consecuencias de esas emisiones. Basta con transitar por calles y avenidas en “horas pico” para advertir la gran cantidad de escapes de camiones, tráileres y autobuses que con toda impunidad arrojan al aire nubarrones de humo, negros, fétidos.   
La autoridad lo sabe: si en este momento no se toman acciones la calidad del  aire avanzará de “Guatemala a Guatepeor”. Ejemplo: en Cuernavaca ya se identificaron altas concentraciones de contaminantes no sólo en las alturas, también a nivel de calle, y es lo que la gente respira. Una situación “que se busca revertir”, según la versión oficial. 
El caso es que, salvo trabajos como  la remodelación del Zócalo capitalino y la construcción de las plantas tratadoras para depurar las aguas negras arrojadas a la barranca de Amanalco, poco se sabe de las acciones contra el aumento de la polución del aire en la zona metropolitana de Cuernavaca. 
La contaminación del aire urbano es un serio problema en muchas ciudades grandes del planeta. Unido a fábricas que no controlan sus emisiones, el intenso e incesante tráfico convierte el aire de poblaciones de todo el mundo en auténticas nubes de smog. En muchos lugares los niveles de partículas contaminantes sobrepasan el límite de seguridad para la salud humana marcado. La contaminación del aire mató a siete millones de personas en 2012, lo que la convierte en el gran problema de salud medioambiental a nivel mundial. Dos años atrás, una de cada ocho muertes fue vinculada al aire contaminado. 
Si tenemos en cuenta que la población aumentará de los 7 mil millones actuales a los 9 mil en los próximos años, mejorar la calidad del aire es un reto que urge resolver en mega ciudades como la capital de México.  

CIUDADES
La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone una serie de medidas para detener la contaminación atmosférica. Afectados por elevados índices de contaminantes, su aplicación urge “para ayer” en las siguientes nueve ciudades mexicanas: la capital, Monterrey, Guadalajara, Salamanca, Poza Rica, Toluca, Tijuana, Mexicali y Chihuahua. En el otro rango de “riesgo menor” que forman parte de la Megalópolis del Valle de México están Pachuca, Puebla y Cuernavaca, en donde gracias a su orografía de valles abiertos no “encierran” los gases, son menores el efecto invernadero y la concentración de partículas contaminantes. 
Entre las acciones urgentes para estas urbes pero de las que hasta ahora en la Ciudad de México sólo se han asumido en forma parcial, debido mayormente a que los conductores de vehículos se saltan las trancas mediante “mordidas”, están las restricciones al tráfico, el fomento del uso del transporte público y que éste sea menos contaminador.

SOLUCIONES 
Es ideal de que las unidades de servicio público y particular sean eléctricos o al menos de gas LP, además de la reducción de la velocidad en las carreteras y notablemente en los periféricos. Las autoridades deben favorecer el uso de la bicicleta en el centro urbano, bajando los precios de alquileres y adecuando la ciudad a los ciclistas. También construir más calles peatonales, de acceso restringido a automóviles residentes. Fomentar iniciativas para compartir vehículos privados o de empresas dedicadas al taxi compartido o tipo Uber –de modelos recientes y por lo tanto menos contaminadores–, aunque les duela a los taxistas tradicionales, y dar créditos a choferes para la adquisición de vehículos eléctricos. 
Las soluciones están ahí, pero falta echarlas a andar y que den resultados. Mientras tanto, la florida estación empezó como una sucia primavera... ME LEEN EL MARTES.

Atril Dominical
josé manuel pérez durán

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