Hace 66 años la inflación en México era menor al dígito, el peso más fuerte y estable incluso que el dólar, ubicado en los 12.50 que por décadas fue la cotización estándar. El crecimiento del PIB rondaba el hoy inalcanzable 7 por ciento anual. Entonces aún existía la clase media, los pobres lo eran pero sin llegar a la miseria o pobreza extrema; campesinos y peones ejercían los derechos que el reparto agrario, surgida de la lucha zapatista les otorgaba. Todo ello hacía que en el extranjero se hablara del “milagro mexicano”.

Justo a la mitad del siglo XX, tal bonanza era el marco propicio para el florecimiento de las artes. Los tres grandes del muralismo mexicano, Siqueiros, Rivera y Orozco, imponían los cánones de la plástica mexicana postrevolucionaria. Frida Kahlo comenzaba a ser reconocida por sus propios méritos, mientras Salvador Novo hacía los retratos literarios del país e imprimía su ingenio creador en slogans publicitarios. En la radio sonaban los éxitos de Los Panchos y Los Diamantes, en el cine Pedro Infante y El Piporro hacían de las suyas, y en el teatro de carpa sonaba la aguardentosa y criticona voz de El Palillo contra los excesos de los “cachorros de la Revolución”.

En este contexto corría el año de 1951, cuando a un empresario de la también floreciente industria de la información impresa de la Ciudad de México, se le ocurrió hacer un acto de “reconocimiento” al presidente Miguel Alemán Valdez, por su “respeto al ejercicio de la libertad de expresión”. La prensa “nacional”, es decir, la del De Efe, era un engranaje de la bien aceitada maquinaria aplanadora priista y no podía quedarse a la zaga del “milagro mexicano”. Así nació el Día de la Libertad de Expresión, un 7 de junio de 1951.  

La lucha en el país por cumplir y hacer cumplir los artículos sexto y séptimo de la Constitución ha sido ardua durante años. Ya se había instituido el Día Mundial de la Libertad de Prensa que se celebra el 3 de mayo, razón por la cual no fue aceptado por los empresarios de la prensa defeña, pretextando que coincidía con la festividad católica de la Santa Cruz, Día del Albañil. 

En 1976, el presidente Luis Echeverría (autor intelectual, ese mismo año, del “golpe a Excélsior” que provocó la expulsión de su entonces director Julio Scherer, quien enseguida fundó el semanario Proceso) estableció que en la celebración del 7 de junio se entregara también un reconocimiento, que es el Premio Nacional de Periodismo. 

Como se puede advertir, las circunstancias han cambiado tan drásticamente que está en duda la pertinencia de dicha celebración, hoy día, con más de un centenar de periodistas muertos en las últimas tres décadas. En otras palabras, a seis décadas de su instauración, el Día de la Libertad se derrumbó por su propio peso, insustancial y obsoleto.  

¿Otra razón? México fue calificado en 2012 por la ONU como “el país más peligroso para ejercer el periodismo en América Latina”, y dicha categoría, a cinco años de su declaración, no ha perdido vigencia, habida cuenta la cifra acumulada de periodistas asesinados o desaparecidos y los casos de este año. 

Así sea a “toro pasado” por la “no celebración” del pasado miércoles 7 de junio, es válido hacer un repaso de los fundamentos prácticos del ejercicio informativo, con base en detalles biográficos de sendos personajes emblemáticos del periodismo mexicano, sin quitar el dedo del renglón: el Estado Mexicano, en su conjunto, tiene pendiente cumplir con su parte en el precepto constitucional del derecho a la información y la libertad de expresión.  

FRANCISCO

Político, periodista, historiador, integrante del Congreso Constituyente de 1856 y escritor liberal y juarista de la Reforma, su trabajo periodístico sobre los excesos de los políticos del bando conservador dejó huella en la prensa mexicana. En un contexto de periodismo de opinión característico del siglo XIX, a Francisco Zarco se puede le considerar el precursor del “periodismo de investigación”. Por ello fue perseguido y recluido en prisión.

Sus colaboraciones literarias fueron los cuadros de costumbres, artículos morales y descriptivos, poemas, crónicas de espectáculos y prosa poética; su estética es de filiación romántica, como la mayoría de los escritores-políticos liberales de la época. 

En 1850 fundó “El Demócrata”, periódico “político, literario y comercial”. Pese a lo efímero –seis meses–, esta publicación se enfocaba en diversas áreas de interés público, toda una innovación para entonces. Ahí escribió sobre las reformas indispensables “para alcanzar la prosperidad y el orden de la sociedad”, las relaciones exteriores, la inmigración, acerca del estado de la hacienda pública, el crédito público, la libertad del comercio y la colonización, así como vanguardistas ideas de una política proteccionista y nacionalista. 

Se publicaron también artículos de ciencias y artes, crónicas de teatro y un “Boletín bibliográfico”, en el que Zarco reseñaba libros de autores locales y extranjeros. Debido a las represalias por criticar la candidatura presidencial de Mariano Arista, “El Demócrata” fue boicoteado, finalmente clausurado y el periodista-escritor recluido en la cárcel de Belén de la Ciudad de México. 

Por su vocación de defensa de la libertad de expresión y la calidad literaria de su estilo periodístico, en México Francisco Zarco es considerado como el “periodista de la modernidad”. Desde 1984, en el monumento que se erigió a su memoria sobre el Paseo de la Reforma de la capital mexicana se realiza una reunión de comunicadores para recordar el primer asesinato de la narcopolítica, el que se cometió contra el periodista Manuel Buendía, autor de la columna Red Privada durante el sexenio de Miguel de la Madrid. 

RICARDO

En 1900, junto con su hermano mayor, Jesús, Ricardo Flores Magón fundó el periódico “Regeneración”. Un medio independiente de directa crítica a la corrupción del sistema judicial de la dictadura de Porfirio Díaz, por lo cual los carnales fueron varias veces encarcelados. 

Por ejemplo, en 1901, Ricardo participó en el Primer Congreso de Clubes Liberales en San Luis Potosí, en el cual atacó con rudeza a Díaz; “Regeneración” fue de nuevo suprimido y el editor encarcelado. En 1902, hace alianza con el periódico de sátira política “El hijo de El Ahuizote”, en el que colaboraba José Guadalupe Posada, para no variar, con caricaturas cargadas de agudas críticas en contra del régimen.

En 1903, junto con su hermano menor, Enrique, y otros liberales participa en protestas contra el gobierno. Un gran crespón negro, en señal de luto y la frase “La Constitución ha muerto”, refiriéndose a la Constitución de 1857, es colocado en el balcón de las oficinas de “El Hijo de El Ahuizote”. Aprehendido nuevamente, al ser liberado en 1904 partió rumbo a Laredo, Texas, exiliado con su hermano, padre y otros compañeros.

Debido a estas luchas por las libertades civiles, incluida la de expresión, Ricardo Flores Magón fue un precursor intelectual de la Revolución Mexicana. A partir de 1906 promovió la lucha armada en la frontera con Estados Unidos, para extender la revolución social al resto de la República Mexicana a través de múltiples grupos afiliados al Partido Liberal Mexicano.

Francisco I. Madero lo invitó a adherirse al Plan de San Luis para derrocar a Porfirio Díaz, pero Flores Magón rechazó el ofrecimiento por considerar que la causa encabezada por Madero era una “rebelión burguesa carente de propuestas sociales”, como en efecto Emiliano Zapata un año después lo confirmó. Para Flores Magón la revolución política de Madero era insuficiente, pensaba que debería impulsarse a la vez una revolución económica, que era necesaria la abolición del Estado y la propiedad privada. En los años siguientes simpatizó con la lucha de Zapata en Morelos, a quien antes ya había apoyado mediante editoriales y artículos publicados en “Regeneración”. 

CIFRAS 

De forma paradójica, en peores épocas de guerra civil y asonadas militares entre los siglos XIX y el XX, caudillos como Mariano Arista y Porfirio Díaz se limitaban a mandar dinamitar en las madrugadas las imprentas donde se hacían los periódicos. O bien, enviaban a los periodistas incómodos por temporadas a las cárceles de Belén, en la Ciudad de México, y a la isla del fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz.  A reserva de investigarlo el dato a fondo, fueron aislados los casos de periodistas asesinados por razón de su trabajo de denuncia. 

Entre finales del XX y principios del XXI, la diferencia en esta materia es grave. Y eso que no hay guerra de Reforma, ni intervención, ni revolución armada. La comparación da calosfríos. ¿Qué no?: En el sexenio de Gustavo Días Ordaz hubo tres asesinatos de periodistas. En este caso hay que recordar circunstancias, como los inicios de la guerra sucia contra la guerrilla en Chihuahua y Guerrero, el movimiento del 68 y la “persecución comunista”. Con Luis Echeverría, se cometieron 6 asesinatos de periodistas; en el de José López Portillo, 12; con Miguel de la Madrid, 33; con Carlos Salinas de Gortari, 46, con Zedillo, 24; Fox, 22; Calderón, 48,  y en los cuatro años de Peña Nieto suman 32, los cuatro últimos en este 2017. 

A pesar de que los números son distintos, es claro que las agresiones contra periodistas no han cesado en cada uno de los periodos presidenciales. El lapso que registró más homicidios de periodistas fue el comprendido entre 2006-2012, de Felipe Calderón, antecedido en cantidad (46) por el de 1988-1994, de Carlos Salinas. El primero, adjudicada a la absurda “guerra contra el narco”, y el segundo como secuela de los magnicidios y la convulsión política derivada de la buscada “legitimidad” por la administración hija de “la caída del sistema”.

TIEMPOS

¿Qué sucede en un país cuando, al paso de las décadas y de un siglo a otro, aumentan las cifras de comunicadores asesinados y desaparecidos? Parece que vivimos una similitud con las peores dictaduras latinoamericanas del siglo XX. Las cifras no mienten. Ejercer la libertad de expresión es hoy mucho más peligroso que en tiempos de Don Porfirio... ME LEEN MAÑANA.

atril dominical
José Manuel Pérez Durán
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