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A estas horas la señal de “¡en sus marcas!” ya está dada, en una semanas será la de “!listos!” y el disparo de “!fuera!” en abril o mayo del esperado 2018. Será cuando, una vez designados los candidatos, éstos arranquen las mini-campañas que estarán marcadas por la brevedad, la intensidad y, seguramente, los escándalos, guerra sucia y mutuos señalamientos de rebase de los topes de campaña. Es decir, el guion de los culebrones electoreros está más que visto, y sin embargo, mantiene en vilo al país. Ocurre entre otras cosas por la renovada y fortalecida esperanza de que “esta vez” el electorado le atine a un buen candidato y, claro, que el sistema PRI-Los Pinos no incurra en fraude financiero, electrónico, cibernético ni a la burda compra del voto, lo cual resulta altamente improbable.
Los que corren son los días no de destapar a candidatos, sino de definir quién jala con quién, y quiénes se juntan para impedir que llegue al poder presidencial el “enemigo número uno”, o sea, todos contra Andrés Manuel López Obrador. Tales son los acuerdos que ahora se cocinan entre dirigencias de partidos.
Por lo tanto, antes de adelantar vísperas con los pre destapes y destapes, es necesario dejar claro la diferencia entre “alianza” y “coalición”. Después del consultar el tumba-burros ideológico-político, este espacio la pone fácil a los lectores: la primera es la unión circunstancial, temporal y convenenciera para llevar al poder a un grupo de opositores. Punto. La alianza es de corto alcance en lo político y temporal; en cambio, la coalición puede y debe tener un alcance más amplio, de manera que incluso pueda llevar a diferentes fuerzas políticas y hasta antagónicas al poder, lo cual en México aún está por verse en una materia sobre la que damos los siguientes antecedentes:

HISTORIA
Aunque algunas organizaciones se unían para obtener fines comunes en términos electorales, fue hasta 1946 cuando la figura jurídica de coalición fue creada en la Ley Federal Electoral. Para no irnos hasta atrás en materia de la historia de las alianzas en México, a mediados del siglo XIX –recién concluida la revolución de Independencia– se observan infinidad de alianzas entre partidos políticos, por intereses de sus caciques y en su mayoría para apoyar candidaturas en elecciones federales. Hubo alianzas entre los partidarios a la monarquía y de la república, del centralismo y el federalismo, después, entre los ritos masónicos escocés y yorkino y entre conservadores y liberales, moderados y puros. Un ejemplo típico de aquella época fue la alianza de Antonio López de Santa Anna –como presidente y quien en ese momento era liberal– en fórmula como vicepresidente del representante de los conservadores, Valentín Gómez Farías.
A principios del siglo XX, el Partido Reeleccionista (el de Don Porfirio, por supuesto) el Partido Nacional Democrático (PND) y el Gran Partido Nacional Obrero formaron una alianza, en 1909, para apoyar las candidaturas de Porfirio Díaz a la Presidencia y de su compadre, Ramón Corral, a la Vicepresidencia. En 1910, el mismo PND dio chaquetazo a Díaz y se alió con el Partido Nacional Antireeleccionista, ambos creados en 1909, a fin de apoyar a Francisco I. Madero y a Emilio Vázquez Gómez como candidatos a la Presidencia y la Vicepresidencia. Otro ejemplo de alianza se dio en 1911 entre los partidos Católico Nacional, el Independiente y Constitucional Progresista (hijo del Antireeelccionista), los cuales apoyaron la fórmula de Madero y José María Pino Suárez.

DESPUÉS
En 1920, casi terminados los balazos y cañonazos de la Revolución, junto con los partidos Liberal Coperativista y el Nacional Agrarista el Partido Laborista Mexicano apoyó la candidatura de Álvaro Obregón. En 1929 se creó una coalición electoral ente el Partido Comunista Mexicano y el Bloque Obrero y Campesino Nacional, la cual respaldó la candidatura del general Pedro Vázquez Rodríguez.
La figura de la alianza electoral se utilizó en 1930 para presionar a la dirigencia del recién fundado Partido Nacional Revolucionario (padre del PRI), o lo que fue lo mismo, al presidente del partido Emilio Portes Gil, identificado como el jefe de los “rojos”, puesto que éste mayoriteó las elecciones para integrar el Poder Legislativo, así que los “blancos” quedaron en aplastante desventaja para el presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio. Ante ese ninguneo al primer magistrado del país, los partidos Laborista Mexicano, el Nacional Agrarista y el Socialista Mexicano integraron la Alianza Revolucionaria.

PNR-PRI
Vino más tarde la elección de 1934 en la que disputaron la candidatura del PNR Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, con la diferencia de que en torno a este último se sumaron el Partido Agrarista de Jalisco y la Liga de Comunidades Agrarias de Tamaulipas y a la que se unieron Michoacán, San Luis Potosí, Tlaxcala y Chihuahua, las cuales formaron la Confederación Campesina de México, el principal bastión electoral y del gobierno del divisionario de Jiquilpan, Michoacán.
En las elecciones federales de 1964, el Frente Electoral del Pueblo –organización dirigida por líderes izquierdistas salidos del Partido Comunista de México–, de movimientos populares del mismo PRI, debido al paternalismo del sistema PRI-gobierno y a las excesivas reglamentaciones y requisitos que les ponía a los partidos y candidatos de oposición, por medio de la Secretaría de Gobernación. Pese a ello el Frente Electoral del Pueblo postuló como candidato sin registro (lo que ahora se le llama “candidato independiente”) a Ramón Danzós Palomino.

SETENTAS Y OCHENTAS
En 1976, el dirigente del Partido Popular Socialista (PPS), Jorge Cruickshank, aceptó ir en alianza con el PRI y el Partido del Pueblo Mexicano, para una maniobra que lo convirtió en senador de la República, además de que su partido apoyó la candidatura de José López Portillo a la Presidencia, a la cual se sumó también el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).
Por su parte, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), fundado en 1976 y con registro condicionado, integró la coalición llamada Unidad Obrera Campesina Popular con la que participó en los comicios de 1982 postulando candidata a Rosario Ibarra de Piedra, quién obtuvo el 1.76 por ciento del total de votos emitidos y el PRT alcanzó su registro.
Desde la creación de la figura de coaliciones en la Ley Electoral Federal de 1946 a 1988 se registró que los partidos políticos sólo habían utilizado la figura de candidatura común, de manera que en las elecciones presidenciales de 1988 (la del inicio del salinato con la caída del sistema) los partidos PARM, PPD, PFCRN, el PMS y la Corriente Democrática (surgida de los disidentes del PRI) formaron el Frente Democrático Nacional, a través del cual la izquierda mexicana obtuvo la mayor votación del siglo XX, al postular a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Ante la cerrazón del PRI-gobierno y todas las modalidades del fraude electoral, en 1991 el PRD llamó a formar un bloque opositor de partidos llamado Acuerdo Nacional para la Democracia, mas no lo concretó. El “pero” fue que el PAN se mostraba reacio a formar alianzas, so pretexto de que los partidos mantuvieran su identidad ideológica. Sin embargo, desde 1997 el PAN comenzó a bajarle de tono a su pureza ideológica y comenzó a pactar acuerdos con otros partidos a fin de alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Como se recordará, en 1999, debido a la cerrazón para alcanzar alianza PAN-PRD por el protagonismo de sus candidatos, cada uno buscó aliarse con partidos de la chiquillada. Surgieron engendros como la Alianza por el Cambio y Alianza por México, cuya figura jurídica es la coalición, lo que era necesario dejar claro desde el inicio de este espacio para lo que es una y lo que es otra.    
De acuerdo a este repaso a ojo de buen cubero, podemos adelantar algunos de los engendros tipo Frankenstein que nos esperan en el proceso electoral que está a la vuelta de la esquina.
CÁRTELES
No ha faltado quien califique las alianzas o coaliciones como auténticos cárteles de la política. Bajo esta lógica se distinguen cinco: morenos, amarillos, azules, tricolores e “independientes”, con sus respetivos aliados de la infantería o chiquillada.
Los morenos están aprovechando la fuga de los amarillos a sus filas, y entre los primeros se prepara la estrategia de que quienes eran considerados “capos menores” que pactarán una coalición en la que se respetarán los partidos pero se presentará un solo proyecto de nación. Todo ellos con el único propósito: derrotar al PRI y al PAN.
Y aunque no es un cártel electoral todavía de alcance nacional, las ventajas de tener en ese bloque el control territorial de la Ciudad de México, Nuevo León, Jalisco y Morelos le abre la posibilidad de pelear al tú por tú por el pastel 2018. Los morenos van por la tajada más grande.
Los del cartel de los “independientes” tienen en cuenta el fiasco de la victoria en Nuevo León de Jaime “El Bronco” Rodríguez. Sin embargo, no le hacen el feo a lanzarse como El Borras; con suerte y un candidato populachero tipo Cuauhtémoc Blanco podría pegarle al cachito de la lotería electoral.
Con pros y contras, y por el efecto político de Emmanuel Macron en Francia, los independientes y aliancistas no pierden el optimismo de que pueden dar la sorpresa, si logran franquear las trampas del sistema PRI-Los Pinos y algunos aliados sui generis como los acomodaticios y convenencieros que nunca faltan.    

CON QUIÉN
En estos días y durante lo que resta del año, los hombres y mujeres que serán candidatos y candidatas estarán como chamacos jugando a la “víbora de la mar”, tratando de adivinar si al final de las rondas se van con melón o con sandía… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]