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En octubre de 2014, cinco días después de la muerte de tres alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa en las cercanías de Iguala y la desaparición de 43 más, el secretario de Gobernación atendió en la calle a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Sendos acontecimientos que se inscribieron  en vísperas del 46 aniversario de la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968.  

Casi medio siglo tuvo que transcurrir para que uno de los sectores sociales más combativos (el del “Poli”), en términos del ejercicio de las garantías individuales, obligara a la autoridad a escucharlo. La desaparición de los 43 alumnos de Ayotzinapa ensombrecía el triunfo de los alumnos politécnicos del Distrito Federal. Pero el encuentro callejero a las puertas Palacio de Cobián en la calle de Bucareli no fue una “puntada” o debido a la buena voluntad del ex gobernador de Hidalgo. En los movimientos sociales y estudiantiles nada es gratuito ni de chiripa. 

De Luis Echeverría, el secretario de Gobernación de Gustavo Díaz Ordaz, a Miguel Ángel Osorio Chong, el “ministro del interior” de Enrique Peña Nieto, media el “halconazo” del Jueves de Corpus de 1971, atribuido al entonces regente capitalino Alfonso Corona del Rosal y al que Echeverría tampoco estuvo ajeno. Incluido un largo etcétera de movilizaciones desatendidas, ninguneadas, reprimidas y, por supuesto, la auténtica insurgencia social de la movilización ciudadana de los capitalinos en los temblores de septiembre de 1985, el hecho inédito de que un secretario de Gobernación saliera a la calle a encarar a un contingente de miles de estudiantes no fue un acto de buena voluntad sino de “política real”, impuesta por la insurgencia a través de la cohesión que dan las redes sociales en Internet 

Ante todos estos factores, los gobernantes priistas de hoy saben que el autoritarismo de sus antecesores –desde Díaz Ordaz y Echeverría a Salinas de Gortari– sólo acarrearía más insurgencia y violencia que a nadie conviene. El único que no pareció darse cuenta de ese cambio fue el entonces gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, al reconocer y no hacer nada o demasiado poco ante los policías municipales –de Iguala y otras localidades– como presuntos integrantes de la nómina de la delincuencia organizada, acusados los polizontes del municipio de los tamarindos como corresponsables de la desaparición de los normalistas de Ayontzinapa.  

Sin entrar en detalles de acontecimientos vigentes, es necesario tomar la perspectiva histórica de los movimientos estudiantiles del IPN  para tener algunos antecedentes del porqué los politécnicos llegaron al encuentro con el secretario de Gobernación en las banquetas de Bucareli... 

 

HISTORIA 

El Instituto Politécnico Nacional nació en 1936, bajo la idea de Juan de Dios Bátiz Paredes que buscaba integrar la educación técnica del país iniciando con las antiguas escuelas técnicas que databan del siglo XIX y que se encontraban esparcidas. Este proyecto fue apoyado por el  presidente Lázaro Cárdenas del Río, quien ejerció su poder para integrar a la Escuela Nacional de Comercio, la Escuela Industrial de Artes y Oficios y la Escuela de Medicina Homeopática, las cuales fungieron como los primeros planteles dentro del IPN.

A pesar de diversas huelgas sostenidas desde 1942 en el IPN, el Estado instrumentó un control férreo sobre el “Poli”. Dado su carácter popular y revolucionario,  la institución arrastra desde su nacimiento la oposición de grupos reaccionarios del país que al no querer dar solución a la problemática del estudiantado en 1956 deciden una salida de fuerza, así que el Ejército entra al Casco de Santo Tomás el 23 de septiembre.

El IPN, su planeación y estructura recogiendo experiencias de instituciones europeas, norteamericanas y soviéticas, se había adelantado a las instituciones educativas del país y de toda Latinoamérica. Lo mismo sucedía con sus objetivos y su tendencia educativa: el IPN era un proyecto educativo revolucionario

Desde el inicio del período de Ruiz Cortines  como presidente de México, en 1952, se intentó controlar a la disidencia en el IPN, ya fuera mediante la mentira en los medios de comunicación, con los “charros” en el sindicato y grupos como el Comité Depurador del IPN y el Frente Anticomunista del IPN, entre otras pandillas gérmenes del porrismo. El proyecto original del IPN había sido abandonado.

En el IPN de esos años imperaba la falta de profesores, necesitaban nuevos edificios y escuelas. La huelga estalla el 11 de abril de ese 1952. Todo el IPN está paralizado junto con la Escuela Nacional de Maestros, la Normal Superior, secundarias de enseñanza especial separadas del IPN en 1941, las normales rurales de todo el país, la Escuela Práctica de Agricultura, la Escuela Superior de Agricultura “Antonio Narro”, los tecnológicos de los estados, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Universidad de Guadalajara.

Se le hace saber al gobierno que los estudiantes del IPN están dispuestos a irse a huelga si no se cumple el  pliego petitorio… muy similar al que leyó Osorio Chong en la calle de Bucareli y al que se supone dio respuesta el viernes 3 de octubre. 

Al plantearse la huelga, de nuevo se enfrentan la juventud politécnica a la burocracia “institucional” ajena al proceso educativo,  preocupada por sus intereses económicos que se reflejan en su interés de quedar bien con la burguesía.

El gobierno de Adolfo Ruíz Cortines utilizó la táctica de desgastar al movimiento, junto con el apoyo que encontró entre los “charros” del sindicato, industriales politécnicos y la prensa nacional que se dedicó a difamar a los estudiantes llamándolos “agitadores muertos de hambre” y al IPN “un reducto que es controlado por provocadores y agitadores izquierdistas”.

Al cumplir 65 días la huelga, cansadas ya las fuerzas estudiantiles, el gobierno propone enviar un proyecto de Ley Orgánica para el próximo periodo legislativo, continuar las construcciones del IPN e iniciar otras obras y establecer una comisión mixta presidida por el director del IPN, alumnos y profesores que estudiarían el problema de la reestructuración, incluida una comisión más que estudiaría el problema asistencial del Poli.

Antes de dar fin a la huelga el gobierno planea el advenimiento del nuevo director del IPN, Alejo Peralta, ante la renuncia del Hernández Corzo, al negarse a firmar la entrada del ejército al IPN. Alejo Peralta era un industrial egresado de la ESIME con fama de jugador y buscapleitos, además de ser dueño de un equipo de beisbol 

En conclusión, la resistencia del ’68, las huelgas de la UNAM en 1989 y del IPN en 1956 persisten como movimientos estudiantiles importantes en la historia de México ¿Qué se ganó en la primera lucha? La remodelación del Casco de Santo Tomás, la creación de Zacatenco, más plazas para profesores y una ley orgánica. ¿Qué se perdió? La organización representativa, el internado de estudiantes, alumnos presos, además de que el ejército patrulló a la institución que es fruto de la revolución. Para 1959 el ejército sale del Casco de Santo Tomás y a consecuencia indirecta del movimiento se crea en ese año el Canal 11. 

 

¿Y EN MORELOS?

Ante los movimientos estudiantiles y sociales de 1956 en el Politécnico y de la UNAM en 1968, es pertinente esta cuestión. ¿Qué sucedía en Morelos? Esa docena de años incluye los últimos años de la lucha de Rubén Jaramillo  y los gobiernos de Rodolfo López de Nava (1952-1958), Norberto López Avelar (1958-1964) y Emilio Riva Palacio Morales (1964-1970). 

No hay que olvidar el activismo social de monseñor Sergio Méndez  Arceo, el séptimo obispo de Cuernavaca de tres décadas  (1952-1982), por ello identificado por sus detractores de la iglesia rezandera ultraderechista de Morelos y de México como “Obispo Rojo””, por haberse convertido en el gran impulsor de la renovación de la Iglesia católica mexicana a través de las entonces conocidas como comunidades eclesiales de base. Don Sergio trabajó intensamente en favor de la población marginada de México y apoyando a grupos liberales, fuera y dentro del país, por ejemplo, al Frente Auténtico de Trabajadores (FAT) que agrupó a sindicatos fuera del huacal de la CTM priista, como el de la IACSA, Nissan y Rivetex.

El ‘68 fue el año del movimiento estudiantil en Francia, del verano “hippie” y “beatnik” y del amor y paz de la sicodelia de  San Francisco, California, y del asesinato del Che Guevara, poco menos de un año antes. Año de rebeldía de los jóvenes contra el “establishment”, versus todo lo establecido y caduco, es decir, la política y el autoritarismo. Expresión de rebeldía que retumba en los recuerdos de Tlatelolco al que se sumaría la matanza contra los muchachos de  Ayotzinapa.

 

TLATELOLCO INOLVIDABLE 

 Los viejos lo recuerdan, tristes. Lamenta el septuagenario sentado en la banca del Jardín Juárez que lo vivió cuando era veinteañero: “La tranquilidad se fue y está cabrón que regrese”. A Cuernavaca el 2 de octubre llegó como un rumor de algo ominoso, “lejano”. Era la rebelión de estudiantes de la Ciudad de México ocultada por los periódicos y la televisión de entonces, publicado datos incompletos por diarios excepcionales. Pero se supo y la Universidad Autónoma del Estado de Morelos entró en huelga. Duró un año sin clases. El mismo rector, Teodoro Lavín González, encabezó una manifestación de estudiantes, y dos o tres días después de la represión brutal los universitarios morelenses hicieron una marcha de protesta. Partieron de la glorieta de Buenavista, caminaron cuesta abajo por Emiliano Zapata, Morelos, Matamoros y Galeana hasta el Zócalo. Las banderas que ondearon fueron las mismas que las demandas de los universitarios del Distrito Federal: la derogación del artículo 145 bis del Código Penal (tipificado el delito de “disolución social”, el gobierno gorilesco de Gustavo Díaz Ordaz tenía el pretexto para encarcelar a las voces disidentes) y la destitución del jefe de la policía capitalina. Para que nadie lo olvide, debemos repetirlo cada año…

Con todos estos antecedentes de lucha estudiantil del IPN, la UNAM y de los desposeídos de todas las épocas, es obligado afirmar que el 2 de octubre de 1968 y el 30 de septiembre de 2014 no deben olvidarse. Jamás… ME LEEN MAÑANA. 

Atril Dominical
José Manuel Pérez Durán
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