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Ahí están, son más frecuentes de lo que creemos y el hecho de no sentirlos venir implica reforzar las prevenciones. Entre el sismo del 7 de este mes con epicentro en Pipijiapan, Chiapas, y el movimiento telúrico con epicentro en Axochiapan, Morelos, el martes anterior, sólo mediaron doce días. Y la mañana de ayer, los epicentros de los dos temblores fueron en Oaxaca.

También en septiembre, en 2014 se registró uno por la mañana, nueve minutos antes del ocurrido el 19 del noveno mes de 1985. Tuvo una magnitud de 3.5 grados, ocurrió a las 7.12 y el epicentro a 23 kilómetros al oeste de Pinotepa Nacional, Oaxaca. 

La semana pasada, la naturaleza nos recordó el temblor de hace treinta y dos años. Las cifras del gobierno de México de aquel entonces dejaron el saldo en seis o siete mil muertos y desaparecidos, pero al paso de los años y los reportes de desaparecidos llegó a la cantidad de diez mil fallecimientos. Otro cálculo aproximado es que los daños alcanzaron la cifra de 400 mil millones de dólares por la destrucción que equivalió a una carga de mil toneladas de dinamita, según los expertos. 

En un apretado resumen-recordatorio, las siguientes son cifras y algunos detalles que han salido con el tiempo: 

Las personas rescatadas con vida de los escombros fueron aproximadamente cuatro mil; hubo gente que fue rescatada viva entre los derrumbes hasta diez días después de ocurrida la primera sacudida.  El número de estructuras destruidas totalmente fue de aproximadamente 30 mil y con daños parciales 68 mil. Por cierto, la vieja Torre Latinoamericana y la Torre Ejecutiva Pemex fueron casos excepcionales de ingeniería, pues el terremoto no les causó daño alguno. Tres décadas después, estos edificios volvieron a salir bien librados, o al menos no hay noticias en sentido contrario. Pero eso sí, dijeron testigos presenciales, se bambolearon como si fueran de hule, según se pudo volver ver en videos subidos a You Tube en el terremoto del 14 de mayo de 2014. 

Entre los edificios más emblemáticos derrumbados o parcialmente destruidos durante el sismo del 85 estuvieron: En el Hospital General de México la unidad de ginecología y la residencia médica quedaron completamente destruidas y en ellas fallecieron 295 personas entre pacientes, residentes y personal médico; los módulos central y norte del edificio Nuevo León en el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco; los edificios del Multifamiliar Juárez, Televicentro, los Televiteatros (hoy Centro Cultural Telmex), una de las Torres del Conjunto Pino Suárez de más de veinte pisos que albergaba oficinas del Gobierno  y actualmente Plaza Comercial Pino Suárez. El Hotel Regis, uno de los más emblemáticos de la Ciudad de México, se derrumbó durante el terremoto y fue demolido totalmente en noviembre de ese año. También resultaron severamente dañados los hoteles Del Prado y De Carlo, éste último ubicado frente al Monumento a la Revolución. En el mismo Centro Histórico y en la calzada de Tlapan el edificio de las costureras, cuyo número de mujeres desaparecidas y muertas nunca pudo ser precisado.  

Se cayeron parcialmente sanatorios como el Hospital Juárez, el Hospital General y el Centro Médico Nacional, donde se llegó a rescatar a poco más de 2 mil personas a pesar de que en el derrumbe quedaron atrapados tanto el personal como los pacientes que se encontraban en ellos.

No hay que olvidar el a todas luces milagroso hecho de los hospitales derrumbados, donde una parte de los recién nacidos y algunos de ellos en incubadora fueron rescatados, en especial dos niñas y un niño sacados de entre los escombros del Hospital Juárez siete días después del terremoto. A esos nenes se les llegó a conocer como “Los Niños/Bebés del Milagro”, o “El Milagro del Hospital Juárez”. La razón de este sobrenombre fue que en los siete días que estuvieron bajo los escombros estuvieron completamente solos, no hubo nadie que les diera de comer o beber, nadie que los cubriera y les diera calor, y a pesar de tener todo en contra los tres salieron vivos. Se recuerda que al momento de rescatar al primer bebé (una niña), todos los equipos de rescate y trabajadores pararon e incluso apagaron toda la maquinaria a la espera del llanto del bebé, que vino unos instantes después, corroborando que se encontraba con vida, según narraron las crónicas periodísticas de esos días. 

El recuento de los daños incluyó que doce de los edificios multifamiliares del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco y nueve del Multifamiliar Juárez tuvieron que ser demolidos. En los seis meses siguientes fueron demolidos más de 152 edificios en toda la ciudad. Se recogieron 2 millones 388 mil 144 metros cúbicos de escombros. Tan sólo para despejar 103 vías consideradas prioritarias se retiraron un millón y medio de escombros mediante 110 mil 600 viajes de camiones de volteo. 

NUMERALIA

En 1985, más de un millón usuarios del servicio eléctrico quedaron sin servicio, y a los tres días del suceso sólo se había restablecido el 38 por ciento de éste. Entre los daños a este servicio se contaron mil 300 transformadores, 5 líneas de transmisión, 8 subestaciones y 600 postes de luz. El Metro quedó afectado en 32 estaciones. La mayoría reanudó el servicio en los días siguientes, pero la estación Isabel la Católica no lo hizo sino hasta el 4 de noviembre. El servicio de autobuses de la antigua “Ruta 100” operó gratuitamente durante el tiempo de recuperación de la ciudad. El servicio de telefonía pública de la entonces empresa estatal Telmex fue gratuito hasta su privatización en los años noventa. 

Un dato sorprendente y poco conocido es que las alertas de la calidad y sanidad se dispararon, y una de las más trascendentes fue la presencia de sangre, proveniente de las víctimas del sismo en muestras del agua potable en la red de la ciudad. Hubo escasez de agua como consecuencia de varias averías en el Acueducto Sur Oriente con 28 fracturas, la red primaria con 167 fugas y la red secundaria con 7 mil fugas. El drenaje afectado fue el del río La Piedad, y en menor grado el río Churubusco. 

Equivalentes a más de 80 kilómetros de una carretera de un carril, más de medio millón de metros cuadrados de la carpeta asfáltica de las calles resultó dañado por fracturas, grietas y hundimientos. Los rieles del antiguo tranvía en la Colonia Roma se salieron del asfalto. También quedaron afectados más de 85 mil metros cuadrados de banquetas, aproximadamente el área del tamaño de doce canchas del Estadio Azteca más las respectivas guarniciones. 

En aquel 19 de septiembre fue imposible la comunicación exterior vía teléfono, pues resultó seriamente dañada la estructura. No fue sino hasta marzo de 1986 cuando se restableció en su totalidad el servicio de larga distancia nacional e internacional. Debido a esto, en  su momento el número de telegramas y télex sumó 685 mil servicios, mientras que los comunicados por radio y televisión fueron más de 39 mil. 

El número de empleos perdidos por los sismos se estimó entre 150 y 200 mil. Entre los aspectos positivos es que se creó la agrupación civil “Brigada de Rescate Topos Tlatelolco”, grupo de rescate que ha auxiliado a la población incluso a nivel internacional llegando a participar en las labores de rescate del Terremoto del Océano Índico de 2004, el fenómeno que generó una ola gigante conocida como tsunami, y el Terremoto de Haití de 2010.

PREGUNTAS 

Pese a que la mayoría no los sentimos, el hecho es que son el pan nuestro de cada día. Según cifras del Sistema Sismológico Nacional (SSN), de 2000 a 2014 registraron 146 sismos cuya variación osciló entre los 3.2 y 7.3 grados, es decir, unos diez temblores por año o casi uno por mes. Los epicentros ocurren prácticamente de Guatemala hasta Baja California con énfasis en las costas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán.

Así que las preguntas se hicieron inevitables: ¿podía ocurrir en México otro terremoto igual o casi como el de 1985? La respuesta llegó al mediodía del martes pasado. ¿Cuál ha sido el terremoto más devastador de la historia? ¿Los sismos pueden provocar erupciones volcánicas o modificar la duración de los días? ¿Qué debemos hacer para que no nos pase nada? ¿Cómo estudian los sismólogos el movimiento de la Tierra? ¿Qué son los tsunamis? ¿Por qué tiembla? 

En un libro altamente recomendable titulado “Los sismos, una amenaza cotidiana” se responden éstas y muchas otras preguntas. El autor es Víctor Manuel Cruz Atienza, ingeniero sismológico de la UNAM, quien da conocer información esencial sobre los orígenes de los sismos, la ciencia que los estudia, el peligro, la vulnerabilidad y el riesgo que implican, así como las medidas que pueden tomarse ante ellos. Escrita por un especialista, completamente ilustrada y con una amplia selección fotográfica, la obra ofrece recuadros explicativos, gráficos y mapas, y es complementada con recursos audiovisuales para tener una lectura actualizada del fenómeno sísmico. Se trata de un libro imprescindible para entender y construir una cultura cívica de prevención de desastres. Señala el autor que “los sismos son una amenaza cotidiana, y la mejor manera de enfrentarlos es conociéndolos para actuar con oportunidad”.  Los sismos suponen grandes riesgos para nuestra vida y los científicos trabajan para entenderlos. 

Por ello es necesario conocer las distintas posibilidades que, como sociedad, tenemos para afrontar el peligro de los sismos y reducir la vulnerabilidad ante ellos”, concluye el autor citado. 

¡AGUAS!

Como ya lo vimos hace pocos días, los daños materiales pueden ser catastróficos. Sin embargo, medidas preventivas adecuadas harían que las víctimas disminuyesen considerablemente. Lo bueno es que los huracanes sí avisan y lo malo de los sismos es que no. La mayor razón para enfatizar la necesidad de estar preparados para saber qué hacer y cómo organizarse en casos de emergencias como las de los diecinueves de septiembre de 1985 y 2017. 

Después de este repaso y un vistazo al aspecto técnico de los terremotos, según los expertos del SSN la conclusión es que en cualquier momento pueden ocurrir grandes terremotos. Y la obviedad, que no está de más participar en los simulacros… ME LEEN MAÑANA.

Atril dominical
José Manuel Pérez Durán
jmperezduran@hotmail.com