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Fuera de toda crítica o señalamiento, hasta mediados del siglo pasado se decía que en México había tres instituciones intocables: la Virgen de Guadalupe, El Presidente de la República y el Ejército Mexicano. Hoy sabemos que incluso las apariciones de la Morena del Tepeyac han sido cuestionadas, consideradas por estudiosos como una bonita historia y hasta ahí. Se podría decir que la figura presidencial está desacralizada desde el sexenio de Miguel de la Madrid, cuando Porfirio Muñoz lo interpeló con el grito de “¡miente, señor Presidente”. Para entonces Gustavo Díaz y Luis Echeverría Álvarez ya eran satanizados por sus intervenciones en la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968. 

De años a la fecha, las críticas a las fuerzas armadas han menudeado, a veces con fundamento, sobre todo por el empeño de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón que insistieron en utilizar a elementos del Ejército en labores de vigilancia, y el segundo con la Guerra fallida al narcotráfico. Pero pese a sus claroscuros que incluyen los episodios de Tlataya y Ayotzinapa en el gobierno de Enrique Peña Nieto, el Ejército Mexicano sigue siendo la institución cuya historia resume episodios trágicos y gloriosos de la historia de nuestro país. Por eso, hoy que se conmemora el Día del Ejército Mexicano hacemos un breve recuento de los ejércitos que antecedieron al actual.   

CREACIÓN

Primero es necesario recordar que tras el cuartelazo de Victoriano Huerta contra el gobierno de Francisco I. Madero, el 19 de febrero de 1913 Venustiano Carranza presentó el Plan de Guadalupe, en el que se fijó por decreto la creación del Ejército Constitucionalista que sería el Ejército Mexicano. El antecedente del Día del Ejército data de 1932, cuando se tomó el 27 de abril como día para celebrar al soldado mexicano. Esta fecha fue escogida para recordar la gesta heroica de Damián Carmona, acontecida durante el sitio de Querétaro en 1867 durante la intervención francesa. Luego, por decreto del 22 de marzo de 1950 se estableció el 19 de febrero como el Día del Ejército Mexicano, a fin de conmemorar la creación del actual Instituto Armado. A partir de 1969, el Ejército sumó a sus responsabilidades el auxilio a la población civil en caso de desastres naturales.

EJÉRCITO INSURGENTE

En esta etapa, las fuerzas se conformaron con base a la incorporación de voluntarios, pero el germen del ejército fueron los trabajadores de don Miguel Hidalgo, setenta presos liberados de la prisión de Dolores, una compañía de dragones del Regimiento de la Reina leales a Ignacio Allende y varios centenares de campesinos, empleados y artesanos. El Ejército Insurgente se formó el 16 de septiembre de 1810 y fue encabezado por el cura de Dolores como generalísimo, el capitán Allende y el teniente Mariano Abasolo.

Las operaciones durante la Guerra de Independencia tuvieron cuatro etapas: la primera con el Grito de Dolores bajo el mando de Hidalgo; la segunda jefatura por José María Morelos, la tercera fue muy anárquica y la cuarta de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide. 

EJÉRCITO TRIGARANTE

Éste es el primer ejército del México independiente, y resultó de la fusión de las fuerzas armadas realistas y los grupos guerrilleros insurgentes. Era 1821 y únicamente quedaba el reducto insurgente de Vicente Guerrero en las montañas del sur, y el Virrey Juan Ruiz de Apodaca envió contra él al coronel Armijo quien fue reemplazado por Agustín de Iturbide.

El 27 de septiembre, Iturbide entró a la cabeza del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Se trataba del primer ejército más o menos organizado del México Independiente. Con un número aproximado de 16 mil hombres, predominaba en él la vieja oficialidad colonial que se inclinaba por defender una política centralista.

EJÉRCITO IMPERIAL 

Tuvo sólo dos acontecimientos destacados. Primero, el 27 de octubre rechazó el asalto de la armada española guarecida en San Juan de Ulúa que pretendió desembarcar en Veracruz. Segundo, la creación en octubre de 1822 de la Academia de Cadetes  –el precedente de lo que hoy es el Colegio Militar–, con apenas un comandante y once alumnos ubicados en el Castillo de Perote, Veracruz.

EJÉRCITO NACIONAL

Éste enfrentó los intentos españoles de la reconquista de México, de 1825 a 1829; la Guerra de Texas, la Guerra de los Pasteles y la invasión estadounidense. Fue un ejército que resultó poco apto para el combate y, según el historiador Vicente Riva Palacio en su obra “México a través de los Siglos”, sus jefes estaban más preocupados por obtener empleos bien remunerados y otros privilegios. Sobre todo, Santa Anna “actuaron, con sus excepciones, impulsados por la rapacidad y la traición”.

DOS EJÉRCITOS

Con todo y el desastre que en términos militares significó la guerra de 1847 contra los estadounidenses, la oficialidad continuó como la principal fuerza política hasta el triunfo de la Revolución de Ayutla. Entonces, un ejército popular, dirigido por viejos insurgentes o por oficiales improvisados, echó del poder a Santa Anna, acabó con los fueros militares y combatió a los restos de sus fuerzas que se reagrupaban una y otra vez como Ejército Conservador, hasta haber sufrido una derrota por los liberales durante las guerras de Reforma.

El Colegio Militar, que servía como reducto y centro de formación para los conservadores, fue suprimido por los liberales en 1860. El cuerpo de élite del ejército mexicano entre 1821 y 1870 fueron los lanceros, tropas de caballería que usaban la vieja y efectiva lanza en lugar de arma de fuego.

El ejército del presidente Benito Juárez operó como guerrilla ante la incapacidad de hacerle frente a los franceses con tácticas de guerra convencional, dispersándose en pequeñas grupos que no dieron descanso, derrotado el Ejército Conservador que sucumbió en Querétaro a los invasores. Tras una larga guerra, los franceses fueron expulsados de México, luego de la derrota de Querétaro donde fue fusilado el emperador Maximiliano de Habsburgo y con lo cual se restauró la República.

EL PORFIRIANO

Se estructuró con la incorporación de los viejos militares liberales y no pocos conservadores, integrado con tropas de leva y oficialidad educadas en el Colegio Militar, así como expertos asesores extranjeros, principalmente de Alemania. Conocido coloquialmente como “El Porfiriano”, este ejército se dedicó a mantener el orden y a aplastar toda disidencia.

REVOLUCIONARIOS

La rebelión maderista de 1910 fue la revelación de estrategas sin formación castrense, como Francisco Villa, Álvaro Obregón y Emiliano Zapata. Al producirse el golpe de estado de Victoriano Huerta, muchos oficiales del Ejército Federal con principios democráticos se incorporaron a las fuerzas revolucionarias. Ellos fueron quienes año y medio después de cuartelazo de Huerta vencieron al Ejército Federal y que por medio de los Tratados de Teoloyucan le obligaron a disolverse. Los ejércitos revolucionarios que lograron el fin del viejo ejército que databa de los años de Juárez fueron los siguientes:

Ejército Constitucionalista. Fue comandado por Venustiano Carranza y denominado así porque su objetivo y logro, en el contexto de la Revolución Mexicana, fue establecer en el país lo que finalmente devino en la Constitución de 1917. Sumaba alrededor de 100,000 hombres. Pero ese desenlace fue momentáneo, dado que la lucha intestina prosiguió con períodos de paz más o menos prolongados hasta 1924. Se tuvo la pericia de vencer al Ejército Federal huertista, en las goteras de la Ciudad de México, y disolverlo mediante la firma de los Tratados de Teoloyucan el 13 de agosto de 1914. El plan de Carranza consistió en acabar con los villistas en el norte, para luego atacar a los zapatistas en el sur. Cuatro años después, inició la liquidación del Ejército Libertador del Sur con el asesinato de Zapata en Chinameca, Morelos. Para 1920, la División del Norte había sido vencida en los campos de Celaya y La Piedad, y a “Pancho” Villa le sucedería una serie de derrotas en diversos estados que terminarían por devolverle el estatus de guerrillero que tenía antes de la revolución. Ya como presidente, Venustiano Carranza sería derrocado y luego asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920 por correligionarios del Plan de Agua Prieta encabezado por Álvaro Obregón. Con Obregón en la Presidencia, se transformó al Ejército Constitucionalista y a la Fuerza Aérea que en 1924 debieron que afrontar con éxito la rebelión de Adolfo de la Huerta, siendo ésta la última insurrección revolucionaria.

Ejército Libertador del Sur. Organizado y liderado por el general Emiliano Zapata en tierras del sur de México, como bien sabemos la causa principal del héroe morelense fue la reforma agraria y la autoridad de su ejército para que éste se convirtiera en uno de los iniciadores de la Revolución Mexicana.

Ejército Convencionista. Tras la caída de Huerta, los militares triunfantes del Ejército Constitucionalista se reunieron en la Soberana Convención Militar Revolucionaria de Aguascalientes, para dirimir las diferencias entre el primer jefe Venustiano Carranza y el jefe de la División del Norte, Francisco Villa. Además de discutir el futuro del país, esta convención decidió destituir a ambos generales de sus puestos, pero como Carranza rechazó sus resolutivos, al desconocerla, el presidente provisional nombrado por la Convención, Eulalio Gutiérrez, nombró a Villa como jefe del nuevo ejército convencionista compuesto por la División del Norte, iniciándose la fase más sangrienta de la Revolución.

Hoy. Entonces, el Ejército Mexicano es resultado de la evolución de las fuerzas revolucionarias surgidas de la renuncia del dictador Porfirio Díaz, no sin antes haber pasado por los enfrentamientos entre sus principales jefes. En términos coloquiales se dice que Huerta mató a Madero, Carranza a Zapata, Obregón a Villa y Calles a Obregón. De ahí que la historia del Ejército Mexicano y las pugnas internas de sus caudillos sean un compendio del difícil y trágico tránsito de la revuelta armada al orden constitucional… ME LEEN MAÑANA. 

Atril dominical
José Manuel Pérez Durán
[email protected]il.com