compartir en:

Enlacemos tres temas, aunque sin aparente conexión pero con el denominador común de los espacios geográficos de Yautepec y Tepoztlán. El primero, por razones de la violencia derivada de la actividad delictiva que esta comunidad ha vivido en diferentes épocas desde el siglo antepasado; el segundo, a causa de dos incendios que han marcado la memoria histórica de los tepoztecos, en marzo de 2014 y abril de 2016, y el tercero, por el aniversario 97 del asesinato del general Emiliano Zapata, alguna vez llamado “El Plateado, pero en bueno”. 
Del bandolerismo del siglo XIX a la delincuencia organizada de las postrimerías  del XX y la psicopatía criminal de la primera década y media del XXI, Morelos ha sido tierra intermitente de conflictos, entre ellos el levantamiento en armas de los pueblos para recuperar sus tierras arrebatas por las haciendas con su innegable propósito social, agrícola y económico que no deja de ser una huella de sangre para la identidad histórica morelense. 
Si a principios de la centuria pasado la población morelense padeció durante dos lustros los embates de los ejércitos federales para erradicar a zapatistas y sus bases civiles de apoyo, hace ya poco más de veinte años, desde 1994, que los morelenses han pasado por la “industria del crimen” con la anuencia de mandos policíacos en  la protección a jefes de bandas delictivas.
Las secuelas de la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón y  las batallas entre cárteles por las “plazas” de Morelos han introducido a la entidad –igual que a muchos otros estados del país– en lo que se podría llamar el “terrorismo psicópata” del enfrentamiento de grupos criminales en “su” lucha por controlar “plazas” y “auto gobiernos” de centros de reclusión. 
En este contexto de historia y actualidad, con un pie en el último trecho del siglo XX y el otro en la primera de década del XXI se nos “atraviesa” hoy domingo el aniversario número 97 del asesinato de Emiliano Zapata, de quien el historiador Enrique Krauze rescató la expresión de “El Plateado, pero en bueno…” que le adjudicaba al Caudillo del Sur la gente de los pueblos. Más adelante veremos las razones de tal apelativo. 
Se trata en esta ocasión de hacer notar que, si el Yautepec de mediados del siglo XIX fue el escenario romántico de la novela “El Zarco”, de Ignacio Manuel Altamirano, en el que sin duda en su momento hubo atrocidades, en estos días la población ha vivido horas de temor y espanto ante ejecuciones y decapitados. En el entorno, el asesinato de un custodios del Cereso de Atlacholoaya queda inscrito en la etapa de criminalidad que hace años castiga a Morelos. 
Tampoco podemos pasar por alto el “más mediatizado incendio forestal de Tepoztlán”, llamado así porque el de 2010 fue mucho mayor, llegó a las goteras del pueblo, consumió un mayor número de hectáreas, cobró una víctima  pero tuvo menos cobertura. El propósito de todos debe ser contribuir a que estos siniestros no ocurran por descuido humano. Es lo deseable, pero mientras tanto la conflagración de esta semana consumió 250 hectáreas. 

PLATEADOS
Como en el viejo Oeste norteamericano, en el recién formado estado de Morelos prevalecía la ley del más fuerte. Un ambiente adecuado para que Los Plateados hicieran del delito su modo de vida. Habían transcurrido casi cuarenta años de Independencia en México cuando estos bandidos sembraban el terror en caminos y pueblos de Morelos. Los Plateados eran forajidos que aparecieron durante la segunda mitad del XIX. La importancia histórica de este grupo de maleantes radica en que tuvieron un papel muy importante en la conformación del estado de Morelos.  
En 1862, la presencia de Los Plateados, además del antagonismo de los liberales con los franceses y conservadores, no beneficiaba en nada al estado de México al que pertenecía Morelos. Los poderes estatales tenían dificultades para contener los actos vandálicos. Tales problemas  originaron que por decreto el 7 de junio de 1862 al territorio mexiquense se dividiera en tres distritos militares. El tercero abarcaba Cuernavaca, Cuautla, Jonacatepec, Tetecala y Yautepec. 
Al triunfo de la República, en 1867, los pueblos levantaron actas para solicitar al Congreso de la Unión la vigencia del tercer distrito hasta que se conformara un nuevo estado. El gobierno federal tomó la resolución de crear nuevas entidades con esa parte territorial, así que por decreto del 17 de abril de 1869 fue erigido el estado de Morelos. 
Estos bandidos destacaron en el plagio, robo, asalto a diligencias, rapto de mujeres, venta de protección a las haciendas, asesinato, secuestro y tortura. Sobre el origen de Los Plateados hay muchas versiones. 
Algunos historiadores adjudican el surgimiento de Los Plateados a la falta de la paga que les debía el gobierno de Juárez por haber luchado contra los conservadores en la Guerra de Reforma y la expulsión de los franceses. 
De esta manera los chinacos y ex soldados se convirtieron en bandidos. 
En gran medida Los Plateados desaparecieron gracias a la persecución que de ellos hicieron las fuerzas del gobierno y la hostilidad que albergaban los habitantes de algunas poblaciones. También surgieron justicieros que tenían facultades para perseguir a los malhechores. Entre ellos destacan Martín Sánchez Chagollán y Rafael Sánchez. El primero es personaje de “El Zarco”, obra escrita en1885 y publicada en 1901. Además es hecho notar por Pablo Robles en “Los Plateados de Tierra Caliente”. Sánchez Chagollán era para Altamirano “la indignación social hecha hombre”. Él veía con “recelo a todos los que usaban sombreros con adornos de plata, y como sus sospechas eran de temerse, los sombreros sencillos y oscuros se pusieron de moda en Yecapixtla y demás zonas donde operaba”. A partir de 1867, después del triunfo de la República, las noticias de Los Plateados comenzaron a ser escasas.
Por la costumbre de vestir como un charro galonado de plata, con cabalgaduras pura sangre y fina estampa, el general Zapata se ganó la identificación que evocaba a Los Plateados, “pero en bueno”. Es más: fue la encarnación del “ladrón bueno que roba a los ricos para darle a los pobres”, y sobre todo, debido a la lucha por restituir la tierra a sus ancestrales dueños que eran los pueblos de Morelos.
Faltan sólo tres años para el centenario de la muerte de Emiliano Zapata en Chinameca. Gobierno y sociedad habrán de trabajar mucho para que los cien años del sacrificio del caudillo suriano no nos agarre en la continuidad del panorama de delincuencia y violencia desatadas. 

INCENDIO 2014
Apenas hace dos años, en los primeros días de marzo poco después de las ocho de la noche el Gobierno del Estado informó del deceso de Miguel Ángel David Rodríguez Bello, regidor de Protección Civil y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Tepoztlán. 
Alrededor de las 13:40 horas, las autoridades conocieron de un incendio forestal en la cañada del paraje Paso del Aire. De inmediato, uno veinte brigadistas de la Comisión Nacional Forestal y treinta 30 voluntarios, entre ellos Miguel David, así como personal de Protección Civil Municipal acudieron a sofocar el incendio.
En forma sorpresiva el fuego alcanzó a cuatro de los voluntarios, al regidor quien murió en el lugar al igual que Rafael Cortés Jiménez en tanto que dos brigadistas más resultaron heridos.
Los sobrevivientes fueron trasladados en helicóptero a Cuernavaca para ser atendidos en el hospital general “José G. Parres”.
Autoridades estatales sostuvieron que el incendio fue provocado y dos lugareños fueron detenidos por este hecho para ser investigadas. El Comité Estatal de Incendios Forestales señaló que se fincarían responsabilidades a los presuntos involucrados, mientras que habitantes de Tepoztlán se reunieron la noche del lunes para fijar una postura sobre el acontecimiento, según una fuente confiable.
Aquella vez el incendio llegó a escasos dos kilómetros o menos de la zona urbana de Tepoztlán, el humo intoxicó a decenas de personas y se extendió hasta los linderos de los municipios de Jiutepec y Yautepec. Las escenas de aquella conflagración recuerdan a las imágenes que acabamos de ver con el incendio de cuatro días que empezó el martes y fue controlado hasta el viernes. 
La coincidencia de que ambas conflagraciones –de 2014 y el más reciente– tengan como presunto origen el descuido de humanos obligan a replantear las acciones de prevención y a endurecer las sanciones a que se hacen acreedoras las personas que provocan, con intención o no, este tipo de afectaciones al medio ambiente que ya han costado vidas humanas. 

INCENDIO 2016
En esta ocasión y con la cobertura mediática nacional a todo vapor, fueron necesarios seis helicópteros-cisterna de la Ciudad de México, del estado de México, de la Armada y el Ejército para arrojar agua y polvo extinguidor. Sólo así llegaron los chorros del líquido aniquilador a las peñas, cañadas y brechas de la intrincada sierra tepozteca para evitar una mayor propagación. 
Intervinieron 300 brigadistas de esas instancias, voluntarios de Tepoztlán y de municipios aledaños, además de los bomberos del  mismo pueblo mágico y del vecino Yautepec. De acuerdo a la versión oficial, la mayor parte de las 250 hectáreas quemadas son de arbustos y follaje. Especies de árboles como oyameles, pinos y ocotes no fueron afectados en forma severa. Pero de cualquier modo el daño está hecho, y habrá que estar atentos porque la temporada de calor apenas inicia y se pronostican temperaturas por encima de los 38 grados. 

FUEGO Y VIOLENCIA 
El título de esta entrega dominical no alude únicamente al fuego de los incendios de la temporada; versa también sobre el fuego proveniente de las armas, del calor de la violencia que no cesa en México. Juntas, las condiciones del clima y las conflagraciones provocadas por manos criminales o negligentes se emparejan a la violencia delincuencial. Uno y otro mal requieren más que buena voluntad para ser erradicados… ME LEEN MAÑANA.
 

Por: José Manuel Pérez Durán  /  [email protected]