Las historias detrás de la Historia hacen atractivo el conocimiento del pasado. Los hechos y circunstancias de épocas pretéritas contienen lecciones que los hombres y grupos en el poder están obligados a conocer. Pero resulta evidente que no es así. La ignorancia de la Historia y muchas otras materias vitales resulta evidente y trágicamente real en el grupo político que “maneja” los destinos del país. En pleno mes patrio, vísperas del “Grito” y el desfile del 206 aniversario de la Independencia, es imprescindible atar cabos entre sucesos añejos enmarcados en el mes patrio y una realidad actual y vergonzante que nos lacera como Nación. Es curioso que hoy se conocen como facciones de “izquierda” y “derecha”, mientras que hasta mediados del siglo XIX eran “liberales” y “conservadores”, aunque ya entonces se daban los “chaquetazos” y brincos de “chapulín” como también hubo precursores de los actuales “entreguistas”, según se verá adelante. 

CUMPLEAÑOS

A imitación a los tlatoanis mexicas, quienes “ajustaban” las fechas conmemorativas de grandes batallas y conquistas entre otros hechos del pasado a los días en que los monarcas celebraban su ascenso al trono, para legitimar e incrementar su poder ante el pueblo y las naciones indígenas vencidas, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori hizo lo mismo. 

Don Porfirio nació en Oaxaca el 15 de septiembre de 1830 y murió en el destierro de París, el 2 de julio de 1915. Pocos mexicanos saben o recuerdan que este general, primero liberal y luego dictador reeleccionista, fue quien instituyó la tradición hecha ley de iniciar los festejos de la Independencia con “El Grito de Dolores” del cura Hidalgo, al darlo a las once de la noche del 15 de septiembre… para hacerlo coincidir con su cumpleaños, así fuera durante la última hora de la noche. Después de 33 años de tan coincidente celebración y cuatro reelecciones, el dicho popular en aquellos años era que las fiestas patrias iniciaban con “las mañanitas” a Don Porfirio y éste se auto celebraba en grande desde  el balcón central de Palacio Nacional con “El Grito”, aclamado por el pueblo.

ALAS

A propósito del inicio de la Independencia, poco se sabe de la historia de uno de los principales símbolos de la ahora CDMX y de los mexicanos. Fue el general oaxaqueño quien entregó al pueblo de México el monumento del Ángel de la Independencia, en una contradicción ideológica de un Estado juarista, laico, el cual ya había despojado a la Iglesia Católica del fuero eclesiástico. Poco menos de un año después, de hecho fue expulsado de la Presidencia y del país, al estallar la Revolución anti reeleccionista de Francisco Indalecio Madero.   

En 1891, la entonces Secretaria de Obras Públicas anunció la obra, pero no fue sino hasta 1900 que se nombró al arquitecto Antonio Rivas Mercado como conductor del proyecto, éste designó al italiano Enrique Alciati para la realización de las esculturas y bajorrelieves y a Roberto Gayol para que se encargara de la obra civil.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz comenzaron las obras de cimentación, así que la primera piedra del monumento fue colocada en una ceremonia, el 2 de enero de 1902, y un cofre dorado dentro de ella con el acta de Independencia de México y monedas de la época. Para reiniciar la obra se designó a los ingenieros Guillermo Beltrán y Puga, Manuel Marroquín y Rivera y Manuel Gorozpe. 

Los trabajos arrancaron el 13 de junio de 1907, aprovechando la demolición para hacer los estudios de suelo necesarios, calcular y construir los cimientos. Se usó el método de pilotes de hormigón con punta, que fueron anclados usando un martillo de vapor para enterrar los pilotes con un émbolo de una tonelada de peso. Por cierto, esta fue una de las primeras obras en la capital con este tipo de cimentación, ya que hasta entonces se utilizaban pilotes de madera que no alcanzaban mucha profundidad. El monumento tuvo un costo de 2 millones 150 mil pesos de la época. El 16 de septiembre de 1910, un orgulloso Porfirio Díaz encabezó la ceremonia de la inauguración.

ÁNGELA

Ubicado en la glorieta que forman el Paseo de la Reforma y las calles de Río Tiber y Florencia, es uno de los monumentos emblemáticos de la CDMX, ícono cultural y punto de festejos futboleros, aunque a veces la selección nacional no dé para tales jolgorios, así como manifestaciones de protestas de todos colores y signos políticos. 

No debemos olvidar que “El Ángel” en realidad es “Ángela”, bautizada como la Victoria Alada desde el primer proyecto en 1821 por Agustín de Iturbide. El segundo intento de construcción de la Columna de la Independencia fue de Antonio López de Santa Anna, y el tercero, en 1867, provino del fallido emperador Maximiliano cuya esposa, la emperatriz Amalia Carlota, colocó la primera piedra que se quedó en eso. Dos años después, su cónyuge fue fusilado en el Cerro de las Campanas.    

Realizado como una columna honoraria rematada con una estatua de la Victoria Alada sosteniendo una corona de laurel y una cadena rota de tres eslabones, se levanta sobre un pedestal escalonado completado por diferentes estatuas e inscripciones alegóricas a la Independencia de México. En esa base están las urnas de los insurgentes Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, entre otros.

“CHAPULÍN”

Personaje menor en la historia patria, más bien oscurecido por la sombra de su padre y por sus inclinaciones conservadoras y entreguistas, se dice que formó parte del pelotón de niños que servían de correo, trabajaban en las trincheras, llevaban provisiones de un punto a otro de la sitiada Cuautla en 1812. ¿Qué razones llevaron al hijo del generalísimo José María Morelos, Juan Nepomuceno Almonte,  a ser promotor de que México fuera gobernado por extranjeros? Si el padre peleó por romper con la dominación española, ¿por qué el hijo se convirtió en partidario de la sujeción a un país europeo? Es más, la biografía de Juan Nepomuceno se puede resumir así: de niño insurgente, y de adulto, imperialista. 

Juan Nepomuceno nació en algún pueblo de Valladolid un 15 de mayo de 1803. Fue militar, político y diplomático mexicano, veterano de la Batalla de El Álamo y entusiasta partidario del emperador Maximiliano I. 

Por ser hijo natural del sacerdote Morelos y Pavón y de Brígida Almonte, el padre no pudo, no quiso o no le convenía ponerle su apellido, por lo cual fue bautizado con el materno. El niño Nepomuceno acompañó a su padre en algunos combates durante la guerra de Independencia, incluido el Sitio de Cuautla. Ante los constantes peligros de la guerra, en 1814, cuando tenía once es enviado a Nueva Orleans, Lousiana, Estados Unidos, donde un año después recibe la noticia de la ejecución de su padre, el 22 de diciembre de 1815. El niño Almonte se resigna, en Nueva Orleans recibe formación, aprende inglés y trabaja como dependiente en un comercio. Juan Nepomuceno regresó a México al consumarse la independencia, en 1821. Para entonces era un joven con dieciocho años, faz de fuerte ascendencia indígena-mulata, como su padre, y carácter más bien acomodaticio. Nada que ver con la resolución paterna. 

Entre 1822-1824, los conocimientos del inglés permiten a Almonte formar parte del cuadro de ayudantes del líder Trespalacios, en Texas, cuando todavía era territorio mexicano, y es enviado a Londres acompañando al embajador José Mariano Michelena. Las negociaciones con los británicos formalizan un acuerdo comercial y de amistad que conducen al primer tratado internacional de la historia mexicana. Por esos méritos, el hijo del Siervo de la Nación fue designado embajador del naciente gobierno de México en Estados Unidos, puesto en el que se desempeñó durante los años cincuenta del siglo XIX. Menos de una década después, Almonte sería el predecesor de los actuales “chapulines” que saltan de partido e ideología sin el menor recato, buscando sus muy personales intereses.

ENTREGUISTA

Con sesenta años a cuestas, en 1863 Juan Nepomuceno integró la comitiva de conservadores que ofrecieron la Corona Mexicana a Maximiliano de Habsburgo.  En reconocimiento a su entusiasmo conservador y pro imperialista, Almonte ocupó la Regencia del Imperio entre el 13 de julio de 1863 y el 20 de mayo de 1864, también fungió como Lugarteniente del Imperio. 

Seguramente por ser hijo de quien era, Benito Juárez no lo mandó fusilar, como sí lo hizo con los generales Miramón y Mejía, cómplices de Maximiliano. En 1867, Nepomuceno fue enviado por los conservadores a Europa en busca de apoyo para el derruido Imperio. Murió en París, en 1869. Sus restos estarán en algún panteón parisino y con la misma maldición que Porfirio Díaz: condenados a no regresar nunca a su tierra natal. 

¿INDEPENDIENTE?

Al dar las 11 de la noche del próximo jueves, entre la gente congregada en el Zócalo de la CDMX, en todas las plazas públicas del país y en las representaciones diplomáticas de México, sobre todo en los consulados de Estados Unidos flotará en el ambiente el hecho de que el pueblo mexicano no sólo vitoreará a sus héroes de la insurgencia. La posterior independencia cumple día a día con la cuota de heroísmo que se requiere para sobrevivir a la debacle económica en la que el actual gobierno federal ha despeñado al país entero. Y este es otro hecho.

Tendremos muy en cuenta el entreguismo al candidato republicano que le costó la chamba a Luis Videgaray, y recordaremos el reciente cartón político en el que la enseña patria, enarbolada desde el balcón central de Palacio Nacional, fue puesta de tapete ante el repudiado Donald “Mac Pato” Trump. El reclamo popular será que es el jefe del ex secretario de Hacienda quien debe irse, acompañando a su subalterno, pues independiente y soberano es el pueblo, no el grupo gobernante.

Habida cuenta la biografía del hijo de Morelos, mucho parece indicar hoy día que nos encontramos ante la versión remasterizada de los nepumecenos… ME LEEN MAÑANA.  

Atril Dominical
José Manuel Pérez Durán
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