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Pese a los intentos del PRI por convertirlo en un signo ideológico, partidario y de gobierno, los elementos del emblema de la Enseña Patria, a saber, el escudo nacional y los colores verde, blanco y rojo, mantienen en el ánimo de mexicanos y mexicanas su autonomía simbólica. Su valor simbólico se sostiene en la consumación de la guerra de la Independencia y la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan. Son la huella genética de nuestra mexicanidad, sin etiquetas, manipulaciones ni campañas patrioteras.   
Se trata del auténtico valor patrio del cual deberían al menos tener idea los políticos inescrupulosos y gobernantes vende-patrias, puesto que de ahí brota la indignación popular que podría desembocar en las elecciones de 2018.
El pasado viernes 24 de febrero, Día de la Bandera, del transcurso de acontecimientos recientes surge la inquietud por hacer un recuento de algunas particularidades históricas de nuestro Lábaro Patrio. Antes de hacer un breve recuerdo de las diferentes banderas de México, centremos la atención en el escudo. Esto, en parte debido a que en medio de las protestas por los gasolinazos de inicio de año, en redes sociales se hizo un llamado para desechar las reproducciones de la bandera nacional de forma circular, con un fondo gris y un escudo chiquitito que de inmediato fue identificado con el logotipo del PRI-gobierno.
La reacción fue la sugerencia de utilizar únicamente el escudo nacional como foto de perfil en whatts ap, twitters y face, para no caer en el juego de los “cerebros” del PRI-Televisa-gobierno que pretendieron, “subliminalmente”, reproducir el escudo priista montándose en la ola de indignación ante el aumento a los combustibles.

EL MITO
El emblema del águila y la serpiente la adoptaron los mexicanos de la civilización tolteca que tuvo auge, primero en Teotihuacan y después en Tula, entre los siglos IX y XII, es decir, entre los años 900 y 1200 de la era cristiana. En la mitología tolteca que luego adoptaron los mexicas para darle sustento filosófico e ideológico a su imperio, el águila es la gemela o nahual del sol, o sea, la energía creadora que da luz y calor. La serpiente es gemela o nahual de la Tierra, la madre y creadora de todos los sustentos.
Así es que nuestro escudo nacional invoca a la filosofía y la cosmogonía de las civilizaciones mesoamericanas que los mexicas condensaron, mágica y portentosamente, en esculturas vivas como la Piedra del Sol y la Coatlicue, que están en el Museo Nacional de Antropología de la CDMX. Al revalorar nuestro escudo nacional, invocamos a las fuerzas de la Tierra y el Universo para unificarnos con su energía, como lo hacían los toltecas dirigidos por Quetzalcóatl y los mexicas por Tlacaelel. El grito de guerra de los mexicas era coreado al son de los teponaztles, el caracol y las macanas erizadas de navajas de obsidiana, golpeando los escudos de los guerreros águila y ocelote: Mé-xi-co!, Mé-xi-co..!
Los mexicanos y mexicanas somos herederos de esa filosofía y visión del mundo, de nuestra tierra y la energía del sol. El poder de los guerreros toltecas y mexicas al grito de ¡Mé-xi-co!, es una señal y demostración de poder espiritual para sacudirnos la apatía, la conformidad y la indiferencia. Pero no se crea que el grito surgió en los partidos de fútbol del Campeonato Mundial México ’70; ésa fue una demostración popular que, bien vista y mejor encauzada, puede y debe tener mayor provecho que un festejo futbolero. Paso previo, por cierto, para derrocar a los vende patrias y lacayos –quienes no pueden ser llamados mexicanos– del fascista que recién llegó a la presidencia de Estados Unidos.
 
ORIGEN
Como apuntamos antes, el escudo nacional forma parte de la herencia de la cultura mexica que dominó a gran parte de los pueblos mesoamericanos; la imagen de un águila parada sobre un nopal es la señal que los mexicas buscaron tras abandonar la tierra de Aztlán. El relato cuenta que Huitzilopochtli, su dios de la guerra, les ordenó fundar Tenochtitlán en el lugar donde hallaran a un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente.
Tal portento se encuentra plasmado en “la piedra que cuenta el nacimiento de México”. Se llama Teocalli de la Guerra Sagrada, y se   puede visitar en la Sala Mexica del Museo de Antropología. Es un monolito del período Posclásico Tardío (1250-1520 d.C) que reproduce el mito de fundación de México Tenochtitlán. En una de las caras del Teocalli de la Guerra Sagrada se muestra la imagen de un águila real parada sobre un nopal que nace de una figura tendida sobre el agua. El nopal tiene tunas que el águila devora, las cuales simbolizan corazones humanos. En el Teocalli de la Guerra Sagrada el águila tiene frente a su pico el glifo de la guerra, llamado atl tlachinolli. Este último evolucionó de la original serpiente tolteca hacia el símbolo de la guerra de los mexicas. No olvidemos que la guerra de conquistas fue la base del imperio mexica.
En el Teocalli de la Guerra Sagrada, el nopal sobre el que está parada el águila brota del cuerpo de una figura que representa a un personaje mítico llamado Cópil. Éste era hijo de Malinalxóchitl, la diosa que intentó matar a Huitzilopochtli, el dios patrono de los mexicanos, y que hostigó a los mexicas venidos de Aztlán. Pero gracias a sus poderes clarividentes, Huitzilopochtli derrotó y capturó a Cópil, le cortó la cabeza y le sacó el corazón, el cual arrojó al centro del lago de Texcoco. Y fue ahí, del corazón de Cópil, que brotó el nopal salvaje con tunas sobre el cual se posó un águila real.

SÍMBOLOS
Buscando aquí y allá, encontramos que además del Teocalli de la Guerra Sagrada, el Códice Mendocino confirma la versión de que el águila real apresa una tuna con forma de corazón humano. “De modo que en la imagen y en los símbolos de la fundación de Tenochtitlán aparece asociada con el sacrificio de corazones humanos para alimentar al sol, Tonatiuh, la deidad nacional mexica”, señala Alfonso Caso en su libro “El águila y el nopal”.

EXPULSADA
Tras la conquista de México, el rey de España Carlos V otorgó un escudo de armas a la Ciudad de México, en donde no figuró el águila, así que Vicente Fox, con su “águila mocha”, no fue el primero en pretender la desaparición o minimización de la simbología mexica. La intención del “Rey de Chocolate” fue borrar la tradición indígena e imponer la heráldica española. Pero el escudo, dos leones y dos torres rodeados de nopales cercenados no gustó a nadie, por lo que las autoridades de la ciudad idearon formas para emplear la imagen del águila parada sobre un nopal.

BANDERAS
En la historia de la bandera de México se considera al estandarte de Dolores con la imagen de la virgen de Guadalupe como la primera enseña, la cual abanderó el cura Miguel Hidalgo al incitar a la rebelión. Pero hay un vínculo previo entre el símbolo de la gran Tenochtitlán y la Virgen de Guadalupe. En 1648, Miguel Sánchez, teólogo y predicador criollo, publicó una obra en la que las apariciones de la Guadalupana fueron advertidas en el Apocalipsis. En los fragmentos se habla de la aparición en el cielo de una mujer vestida de sol con la luna y las estrellas a sus pies. A esta mujer le dieron dos alas grandes de águilas.
Para que no quepa duda, del Apocalipsis transcribimos textual lo siguiente: “Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo”. Sánchez hiló este pasaje con el emblema del México antiguo con un águila real y una serpiente.
Esta asociación de la Virgen de Guadalupe con el escudo mexicano cobró gran auge, sobre todo desde que la Guadalupana fue declarada patrona de la Nueva España. Mayor razón para impedir que escudo y colores de la bandera sean secuestrados por los oportunistas sexenales.
Hay que apuntar que tanto Miguel Hidalgo como José María Morelos emplearon la imagen del águila real en las banderas del ejército insurgente. En el caso del cura Hidalgo, la bandera de San Miguel tiene la imagen de la Virgen en una cara y al anverso el águila real parada sobre el nopal devorando una serpiente.
De acuerdo con los estudiosos del tema, esta bandera fue con la que los insurgentes encabezados por Hidalgo iniciaron la lucha de Independencia en 1810. La bandera de San Miguel pasó muchos años en el Museo del Ejército de España, pero en 1810 fue regresada a México.
Otras dos sorpresitas: contrario a lo que se piensa, la primera bandera tricolor que se empleó en México no fue la del Ejército Trigarante, confeccionada en Iguala después del abrazo de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, sino la bandera “Siera” que fue hecha en Zogolica, Veracruz, entre 1811-1812. Además, hay otro error en el escudo nacional: de acuerdo con un estudio realizado por especialistas en botánica del Instituto Politécnico Nacional, la especie de laurel que se reproduce en el actual escudo nacional no existe.

CONCIENCIA
De regreso a las artimañas, éstas sólo evidencian la desesperación de la triada PRI-Televisa-Grupo Atlacomulco al ver cómo los usuarios de redes sociales los despojan del poder mediático. La muy probable caída del PRI en el estado de México es apenas el inicio de lo que podrán ser las elecciones del 18. Por eso la rebatinga ideológica y el pretendido secuestro de los símbolos patrios que han orquestado en vano los asesores de imagen y contenidos de redes del susodicho triunvirato.
La reproducción del escudo nacional, la revaloración de la bandera, el canto del himno y el grito de ¡Mé-xi-co! Mé-xi-co!,  no es, no debe ser, una moda ni una ocurrencia. La bandera es lo mejor que  nosotros mismos llevamos en la sangre, es el ADN de Quetzalcóatl, Tlacaelel, Ahuitzol, Cuauhtémoc, Morelos, Guerrero, Juárez, Zapata, Cárdenas…. Debemos e hacerla valer en la revolución de la conciencia cívica que se vislumbra en nuestro país... ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]