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El propósito es erradicar el “úsese y tírese después”, que por desgracia para quienes ejercen esta práctica forma parte de la mentalidad y actuar de mucha gente, de buena parte de la sociedad, o sea, de nosotros. 

En Morelos, el censo poblacional asciende a 219,461 adultos mayores de 60 años, equivalente al 11.2% de la población total del Estado, y se estima que para el 2030 este porcentaje llegará al 14.6%. Un perfil demográfico de adultos mayores presentado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) arrojó que en todo el país hay 10.1 millones, lo que representa 9% de la población total.

La celebración del Día del Anciano data de 1982, con la Primera Asamblea Internacional de la ONU dedicada al envejecimiento. Se festejó a los adultos mayores por primera vez en 1983, en la Ciudad de México y al año siguiente en Monterrey. A partir de 1998, el 28 de agosto se conmemora en todo el país el Día del Abuelo o del Anciano.

Al paso de los años se cambió de nombre por el “Día del Adulto Mayor”, debido a que la gente se dio cuenta de que cada día aumenta el número de ancianos en nuestro país. Desde entonces a la fecha se ha hecho más importante, pues no deja de ser significativo que se recuerde y festeje a “viejitos” y “viejitas”, usando este apelativo con el cariño y respeto que se merecen por cuanto representan en la vida de una familia y la comunidad.

Las estadísticas indican que en los próximos 25 años –por allá del 2042– se triplicará la población de adultos mayores. México, pues, será un país de viejos y viejas, lo cual no tendrá nada de malo si se vive con calidad.

Las proyecciones señalan que si en 2006 había cerca de 8.6 millones de adultos mayores, o sea personas de 60 años o más, quienes representaban el 9.0 por ciento del total de la población, en 2011 la cifra era de 10 millones y este año ya rebasó los 11 millones.

Si la proporción continúa en ascenso, para el año 2020 serán 15 millones  y en 2030 pasarán de 22 millones. En las siguientes décadas, el segmento de la población adulta mayor ascenderá a 8.9, 12.5 y 17.5 por ciento del total de la población.

Haber aumentado la esperanza de vida en el país hizo que se cambiara el cálculo: si antes se preveía que un individuo podía llegar sin problemas a los 50 años, ahora arriba a los 70 debido al mejoramiento de las condiciones de vida. Esto en parte por el cambio de políticas públicas en salud desde los años noventa del siglo pasado, con énfasis en la alimentación y el ejercicio, lo cual debe acentuarse para que los mexicanos con un nivel de vida más larga la pasen con bienestar.

La tasa de crecimiento actual de la población de la tercera edad es inédita en la historia demográfica del país, y en ello radica uno de los principales cambios de la estructura de la población. Se estima que esta dinámica continuará acelerándose hasta alcanzar un ritmo promedio anual de 4.3 por ciento a fines de la segunda década del presente siglo.

Por todo ello es que en junio del 2002 se publicó la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores y se creó el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam). Con esta ley el dicho instituto se confirmó como el órgano rector de las políticas públicas de atención hacia las personas de 60 años en adelante, con un enfoque de desarrollo humano integral en cada una de sus facultades y atribuciones.

SOCIEDAD

La visión del anciano a través del tiempo ha evolucionado y ha sido materia de estudio de psicólogos sociales, sociólogos, médicos-geriatras, entre otros. Las investigaciones hechas al respecto distinguen distintas etapas en la evolución cultural y en la forma de valorar a los ancianos.

La cosa está así: en el siglo XIX y a comienzos del XX era común visualizar a personajes ancianos ocupando diversos roles y situaciones en los que transmiten las normas sociales basadas en la tradición y en la experiencia. “El anciano es fuente de respeto, aún en situaciones de marginalidad social, cuando la caridad pública suple la falta del beneficio jubilatorio”, señalan los especialistas.

En los años 30, el anciano cumplía con el rol social de transmisor de cultura y experiencia. En esta etapa, “el anciano tiene que ser un santo, condenado a ser venerado, no tiene derecho a cometer el mínimo error, él tiene toda la experiencia; ya no puede sucumbir a la mínima tentación; él, tan consumido y arrugado como está, tiene que ser perfecto, ejemplo de todas las virtudes”. 

Entre los años 40 y 50 se asoma por primera vez la imagen del “anciano institucionalizado”, empieza a verse como una necesidad el que visite en ciertas horas o habite en forma permanente en un hogar de ancianos. Aunque con menor intensidad, persiste la imagen del viejo o abuelo como transmisor de la cultura. Es, sin embargo, una persona activa que debe y necesita ocupar su tiempo libre, que no está feliz si no trabaja.

Entre los 60 y los 80 la situación cambia. En una cultura que “endiosa” a la juventud en sus aspectos externos y tiende a cambios tecnológicos acelerados, los valores que los ancianos transmiten son desactualizados, desfasados y por ello reemplazados (incluso en autoridad) en esta función por modelos más jóvenes y actualizados, como el del tío, el tutor, el terapeuta, entre otros. Es la peor etapa, ya que los ancianos han quedado sin rol social y son definidos por el rol de abuelos a quienes sólo los niños (y las mascotas) quieren.

En las últimas décadas, la gente empieza a ver a los abuelos de acuerdo a su importancia y a los nuevos roles asumidos, porque hay cada vez más generaciones que llegan a los 65 años y aún fuertes, con ánimo y mentalidad positiva para saber disfrutar un poco más de la vida. Esto es debido al aumento global de la expectativa de vida, en dónde los adultos mayores aparecen como personas activas y con actitud optimista para vivir la vida. Así, al anciano o abuelo hoy se le asigna un papel mucho más digno dentro de la familia, más maduro y humano.

Como ya vimos en las estadísticas, dentro de no muchos años habrá más población anciana que nunca en la historia de México, y ahí podremos estar muchos y muchas de nosotros; no nos agradará que seamos “tratados como muebles” en lugar de seres humanos vivos con dignidad y la energía necesaria para dar lo mejor a los demás.

“POPULISMO”

En noviembre de 2003, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador publicó la Ley del Derecho a la Pensión Alimentaria, cuyo artículo 1 dice: “Los adultos mayores de sesenta y ocho años residentes en el Distrito Federal tienen derecho a recibir una pensión diaria no menor a la mitad de una unidad de cuenta de la Ciudad de México vigente”. Y el artículo 2: “El jefe de gobierno deberá incluir en el proyecto de presupuesto de egresos del D. F. la asignación que garantice, efectivamente, el derecho a la pensión alimentaria a todos los adultos mayores de sesenta y ocho años residentes en el Distrito Federal”.

En su momento, los opositores y críticos de López Obrador se le echaron encima tildándolo de “populista”, pero al advertir el éxito de dicha ley, sobre todo en las elecciones federales, el PRI y el PAN copiaron el “populismo”. Aun así, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto debieron recurrir al fraude cibernético o de “ingeniería electoral” para imponerse en la silla presidencial ante el triunfo del político tabasqueño. Entonces panistas y priistas vivieron en carne propia el haber menospreciado a “los viejitos” de López Obrador. 

MORELOS

Avanzar en la cobertura de atención en salud a los adultos mayores es objetivo del Programa Estatal de Atención al Envejecimiento, que consiste en mejorar la calidad de la atención integral entre la población adulta y adulta mayor mediante esquemas de prevención, tratamiento y control de enfermedades.

Según la Secretaría estatal de Salud, las principales enfermedades que afectan a la población mayor de 60 años son infecciones respiratorias agudas, infección de vías urinarias, infecciones intestinales por otros organismos, hipertensión arterial, úlceras, gastritis y duodenitis, diabetes mellitus Tipo II, entre otras.

Las principales causas de mortalidad durante el 2015 fueron las enfermedades del corazón, diabetes mellitus, tumores malignos, primero próstata, segundo mama y tercero cervicouterino, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, enfermedades cerebrovasculares, enfermedades del hígado, desnutrición y otras deficiencias nutricionales, accidentes, insuficiencia renal, bronquitis crónica, enfisema y asma.

A nivel nacional, de enero a junio de 2016 Morelos estuvo entre los primeros diez lugares en atención al envejecimiento, con énfasis en el trabajo integral a los adultos mayores como la detección oportuna del cáncer de próstata en hombres y la determinación del riesgo de fractura por osteoporosis en mujeres y hombres mayores de 50 años.

CANALLADA 

Cinco años después de establecida la fecha que hoy recordamos, en 1987, al inicio de uno de sus conciertos en el Auditorio Nacional, Joan Manuel Serrat lanzó esta crítica que sigue vigente: “Esta sociedad, o sea nosotros, al hombre y la mujer, después de sacarles todo el jugo acostumbramos a condenarlos al pacto del hambre, arrinconarlos, a humillarlos. Y esto no es sólo una canallada, es peor. Esto es una demostración palpable de la estupidez de esta sociedad, o sea nosotros, porque por un lado aquellos que hoy se sienten jóvenes han de reconocer que con el transcurso del tiempo, a lo más que podemos aspirar es a envejecer con dignidad y difícilmente podrán hacerlo si los que hoy son jóvenes, no ayudan a los que hoy son viejos, a envejecer con esta dignidad. Por el contrario, hoy es pisotear y despreciar la experiencia y eso es lo que, nosotros, como sociedad, hacemos cada día…” Enseguida, el catalán entonó “Llegar a viejo”… ME LEEN MAÑANA.