Mientras la expropiación petrolera del presidente Lázaro Cárdenas del Río cumplió ayer sábado 79 años, al año y siete meses de que entró en vigor la reforma energética con la que Enrique Peña Nieto revirtió aquella histórica determinación la diferencia que salta a la vista es que el nativo de Jiquilpan alcanzó una de sus muchas cúspides de popularidad y reconocimiento nacional, en tanto que el de Atlacomulco no tiene ni una ni el otro.

Aprobada en agosto del 2013 por el Congreso de la Unión, con 354 votos a favor, 134 en contra y cero abstenciones, la reforma de marras aplicó en agosto de 2015. Un lapso de 9 meses transcurridos en el que se han dado media docena o más de gasolinazos, el último de los cuales fue el estreno de este 2017 que han significado también tremendos porrazos a los niveles de aceptación de Peña Nieto. Esto sin contar la cauda de escándalos, pifias y “perlas”, como otro nuevo conflicto de intereses por mil millones de pesos en alimentos infantiles vendidos al DIF nacional.

En agosto de 2013, se aprobó la reforma energética que propuso el gobierno encabezado por el político mexiquense, para dar paso a la apertura del sector petrolero y eléctrico así como a la inversión extranjera.

Entre los casi 80 años de la expropiación cardenista y el año y medio del circo, maroma y teatro que ha escenificado la puerta abierta del sector petrolero y eléctrico, están de por medio las etiquetas de “traidores”, “vende patrias” y “antimexicanos” a quienes apoyaron la medida presidencial que al PRI le restarán méritos y votos en los procesos electorales del actual y el próximo año. El primer aviso está a la vuelta de la esquina, con la elección del sustituto del gobernador  Eruviel Ávila en el estado de México. 

LA REFORMA

Pese a la propaganda y despliegue multimillonario en publicidad mediática, serán contados los mexicanos que se crean el chiste de mal gusto que hace poco más de dos años divulgó el gobierno, al decir que la mentada reforma energética es “consecutiva y consecuente” con la expropiación del presidente Lázaro Cárdenas cuando en realidad ha significado un giro de 360 grados o de reversa a la misma. 

El meollo del asunto es que ahora se permiten contratos con particulares, tanto para explorar como extraer petróleo y demás hidrocarburos del subsuelo del país. Las contraprestaciones para los particulares son desde dinero y utilidad compartida, hasta la entrega de los hidrocarburos, según la legislación y los reglamentos aprobados por los expropiadores de la riqueza petrolera nacional.

Con otra: Pemex y CFE dejaron de ser organismos descentralizados para convertirse en “empresas productivas del estado”, cumplido ya el plazo de dos años para que esta transición se concrete. Mientras cambiaban de régimen, las dos empresas hicieron contratos con particulares a partir del marco legal existente. O sea, el Estado mexicano o la nación mexicana ya no son dueños del petróleo y la electricidad, puesto que su venta quedará en manos del grupo sexenal de turno que llegue a la Presidencia de la República.

Al otrora todopoderosos Sindicato de Trabajadores Petroleros lo sacaron de la jugada multimillonaria que tenía al formar parte del Consejo de Administración de Pemex, pero aun así “se respetaron los derechos de todos los trabajadores a cabalidad”.  En otras palabras, a los dirigentes sindicales les quitaron unas prebendas y se las cambiaron por otras, como se leerá más adelante. 

Es por todo esto y mucho más que la reforma energética representa un retroceso respecto a la legislación vigente desde hace 79 años. Simple: porque la expropiación petrolera decretada en 1938 por Cárdenas estableció que la producción de energéticos sería única y exclusivamente del Estado.

ANTECEDENTES

Era claro que, al convertirse en el principal combustible mundial gracias a la revolución Industrial, las grandes compañías petroleras intentaron controlar las reservas de oro negro del planeta.

Un apretado resumen histórico de los antecedentes de la expropiación quedaría así: Porfirio Díaz les cobró pocos impuestos a las empresas gringas e inglesas a cambio de crear empleos. Francisco I. Madero intentó aplicarles incrementos para sostener a su gobierno, pero, vía la embajada estadounidense y Victoriano Huerta, murió asesinado. Venustiano Carranza también quiso controlarlos, y para eso estableció en el artículo 27 de la Constitución que los bienes del subsuelo son propiedad de la nación. 

Álvaro Obregón, que necesitaba el reconocimiento norteamericano, no hizo mucho caso de ese artículo y permitió que las compañías petroleras operaran libremente. En cambio, Plutarco Elías Calles decidió volver a controlar a empresas extranjeras, por lo que en 1927 México estuvo a punto de sufrir una nueva invasión del ejército norteamericano. 

En varias ocasiones, el Estado mexicano había intentado que las compañías petroleras reconocieran la soberanía de la nación sobre el petróleo y a cambio el Estado les permitía operar en el país. Cuando Lázaro Cárdenas tomó la decisión de expropiar esas empresas, fue porque consideró que, de no hacerlo, la México se debilitaría y estaría a merced no sólo de Estados Unidos, también del grupo de empresarios petroleros que se convertirían en los amos del hidrocarburo. Exactamente como está pasando con la reforma peñanietista.

PEÑA VS CÁRDENAS

El rechazo en el país es generalizado. Como decía un comercial de los cincuenta, “de Sonora a Yucatán, sombreros Tardán” el repudio a la reforma y los gasolinazos es patente en todo México. La utilización alevosa que Enrique Peña hace de la figura emblemática de Lázaro Cárdenas para consumar el atraco del siglo con la privatización del petróleo es, por decir lo menos, insultante y ventajosa.

La publicidad oficial le quiere hacer creer a la gente, como si fuera de veras incauta, que la reforma del artículo 27 incorpora la esencia cardenista para proteger la riqueza nacional del petróleo de los mexicanos. Obviamente no es así. 

El grupo en el poder político pretende vender el petróleo a la iniciativa privada bajo el concepto cardenista del artículo 27, lo cual es una interpretación tramposa como se puede leer en uno de los dichos de Peña propagados en estos tres años del anuncio: “Después de la expropiación petrolera, el país exige la misma decisión y determinación de aquel entonces. Por eso, el espíritu de esta reforma recupera lo mejor de nuestro pasado para conquistar el futuro”. Sólo él se la cree.

LETRA CHIQUITA

Como en todo acuerdo comercial, las trampas están en las letras chiquitas que no son explicadas por el gobierno. En realidad, detrás de esta reforma se esconde el verdadero propósito de la venta del petróleo: la reforma del artículo 27 de la Constitución pretende robar la exclusividad del Estado en el manejo de las áreas más estratégicas de la industria petrolera.

El de Atlacomulco quiere repartir la única riqueza del pueblo, una riqueza agotada por la corrupción de funcionarios y sindicalistas. Para ello se vale de todo lo que está a su alcance. Manipular a la opinión pública con los trucos retóricos, incluido el de la “ideología cardenista” en la reforma peñanietista para vender Pemex. Cuenta con las voraces compañías extranjeras que pretenden desde hace décadas quedarse con la exploración y la explotación de los yacimientos.

La reforma energética incluso pretende dar a las trasnacionales el almacenamiento y el transporte de nuestra industria petrolera, porque supuestamente “los mexicanos no hemos sido incapaces de convertir a Pemex en una paraestatal exitosa”.

SINDICATO

La mentira más grande de la pretendida transformación es que no toca ni con una aspirina el cáncer de Pemex, que es la corrupción. Peña Nieto no ha tenido el valor de contrariar al señalado líder petrolero, Carlos Romero Deschamps. Al contrario, a la mitad del debate energético el gobierno concedió privilegios a su sindicato para tenerlo contento: 3.99% de incremento salarial y el 13.4% de viáticos, transporte y sueldos a dirigentes sindicales, comisionados y asesores.

Reservar a Romero Deschamps en la impunidad, al igual que a ex funcionarios corruptos de Pemex y de gobiernos que han arruinado a la paraestatal constituye la mayor muestra del fracaso de la reforma de Peña y la prueba de que todo es un retórico teatro guiñol.

Mientras que el divisionario de Jiquilpan nunca permitió contratos de riesgo para manejar Pemex, Peña Nieto quiere “contratos de utilidad compartida” con el sector privado, una forma simulada de vender a Pemex.

Imposible pedirle peras al olmo. El general Cárdenas fue un estadista con visión de futuro, capaz de rescatar la soberanía nacional a través del petróleo. La expropiación del 18 de marzo de 1938 fue su gran herencia al pueblo de México, un legado que Peña urde arrebatar a la Nación.

EN PALMIRA

Cuenta la leyenda que fue en su finca de descanso, al sur de Cuernavaca, que el presidente Lázaro Cárdenas se acuarteló unos días para trabajar a detalle y en el mayor sigilo la histórica determinación. Años después, Cárdenas donó la casa y sus terrenos para crear ahí el Internado Palmira para Niñas que la fecha sigue operando y es sede también de una secundaria técnica. 

Los historiadores consideran que el 18 de marzo de 1938, la Revolución Mexicana llegó a su mayor grado de soberanía resolviendo de tajo el problema del petróleo que venía desde el siglo XIX, Hoy, esa misma valentía se hace necesaria para exorcizar al espíritu del porfiriato que se ha adueñado del peñanietismo.  

Es hora de retomar aquellas horas históricas, transcurridas aquí, en la finca Palmira, cuando el presidente Cárdenas diseño con toda determinación la estrategia para defender el petróleo… ME LEEN EL MARTES.