Como sucede con muchas otras “celebraciones”, más que exaltar y celebrar el próximo martes es día de reflexionar, criticar, exigir y proponer. No sólo ocho municipios de Morelos y entidades como Veracruz, Tamaulipas, Chihuahua y todo México se encuentran en plena Alerta de Género por la trata de blancas y cuantiosos feminicidios. 

Las causas no son numerosas ni complejas, no se ameritan sesudos estudios para llegar a la raíz de los dos terribles fenómenos: las condiciones de miseria propiciadas por la injusta distribución de la riqueza nacional más la corrupción que supura por las llagas del descompuesto sistema político-judicial-policíaco son elementos del medio propicio para el desarrollo de estas lacras. 

No dejemos a un lado aquellos estereotipos y prejuicios que deforman al sector masculino de la sociedad: machismo, sexismo, misoginia, masculinidad hegemónica, androcentrismo, entre otros epítetos y conceptos con expresiones individualistas  y colectivas que se registran en el ambiente laboral y del hogar en detrimento de las mujeres. 

Por todo ello, en esta víspera del Día Internacional de la Mujer este espacio dominguero se suma con tres recordatorios a las actividades reflexivas y críticas en contra de cualquier tipo de violencia, sea contra niñas, jóvenes y mujeres de equis edad y condición. Primero, rememoremos datos y hechos de las “muertas de Juárez”. Segundo, “Betsabé, historia de un feminicidio”, fragmentos de una magistral crónica sobre la muerte de una mujer a manos de su desquiciado marido. Tercero, el caso emblemático de un ícono femenino que se hizo pasar como “suicidio” pero al parecer fue un feminicidio perpetrado desde el centro del poder político estadounidense en los años sesenta. 

Paréntesis: los conceptos de feminicidio y femicidio se desarrollaron en la literatura feminista de principios de la década de 1990,  para exhibir el “sustrato sexista” en numerosos asesinatos y muertes de mujeres, además del androcentrismo o la cultura centrada en la supremacía del hombre. Otro elemento del feminicidio es la responsabilidad directa o indirecta del Estado en estos fenómenos, debido las deficiencias de los sistemas de justicia.  

El derecho penal ha contribuido a la subordinación de las mujeres y, aunque en las últimas décadas se ha logrado erradicar gran parte de las disposiciones discriminatorias, aún falta mucho para  eliminar ese maltrato implícito.  

 

EL TLC 

Los “feminicidios en Ciudad Juárez” y “las “muertas de Juárez” son dos expresiones en referencia a la suma de asesinatos contra mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde enero de 1993 y cuyo registro llegó a 2012. Casi veinte años durante los cuales el número estimado de feminicidios, estrictamente calificados como tales, ascendió a más de 700 pero la cifra se triplicó por otros homicidios sin tal categoría. 

Las víctimas de feminicidios en Juárez corresponden a mujeres jóvenes y adolescentes de escasos recursos, de entre 15 y 25 años que abandonaron sus estudios para trabajar a temprana edad. Antes de ser asesinadas, las mujeres fueron violadas y torturadas. Por parte de la población se ha acusado de pasividad a las autoridades locales y nacionales, puesto que en innumerables casos no se ha esclarecido la responsabilidad de dichos delitos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró al Estado Mexicano como “uno de los principales responsables de estos hechos”. 

El factor macroeconómico influyó,  ya que tanto la actividad criminal como el crecimiento demográfico en Ciudad Juárez comenzaron a partir del auge de las maquiladoras y del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, dos factores que atrajeron tanto el comercio internacional como a muchas mujeres jóvenes y sus familias en busca de mejores oportunidades laborales y económicas.

 

LOS FEMINICIDIOS

La primera víctima contabilizada fue la niña Alma Chavira Farel, en enero de 1993. En mayo de 1993 fue raptada Gladys Janeth Fierro, de 12 años de edad, quien fue violada y asesinada por estrangulamiento. En septiembre de 1995, Silvia Rivera Morales, de 17 años, fue encontrada en Lote Bravo, al sur del aeropuerto, habiendo sido violada, estrangulada y además torturada brutalmente. Este último modus operandi se repitió el mismo año y en el mismo lugar, uno de los barrios paupérrimos de “Juaritos”. En 1996, seis cuerpos femeninos fueron hallados en la zona desértica de Lomas de Poleo, acuchilladas, mutiladas y violadas. Sagrario González, también de 17 años y obrera de una maquiladora, desapareció al salir del trabajo en abril de 1998. Días después fue encontrada muerta en un terreno baldío, estuprada, estrangulada y acuchillada. La espalda de algunas de estas víctimas tenían símbolos de triángulos realizados por armas punzocortantes. 

Los lugares donde se descubrieron la mayoría de los cuerpos fueron Lote Bravo, Granjas Santa Elena, colonia La Nueva Hermila, las faldas del Cerro del Cristo Negro y el Puente Libre que une a Juárez con El Paso, Texas.

 

LAS CIFRAS 

En 2009 año se contabilizaron 2 mil 632 asesinatos en Ciudad Juárez, correspondientes a más de un tercio del total de hechos ocurridos en todo México que totalizó 7 mil 700 asesinatos. En 2010 la cifra ascendió a más de 3 mil 100 asesinatos, y el primer mes y medio de 2011 alcanzó las 300 muertes.

El 77 por ciento de los crímenes quedan impunes, y gran parte de los cuerpos no son jamás identificados. Si bien el número de muertes de hombres es mucho mayor que el de mujeres, los homicidios femeninos en Ciudad Juárez fueron considerablemente mayores que en el resto de las grandes urbes de México y Estados Unidos.

Hasta hoy el fenómeno también considera el impacto del tráfico de drogas, porque el cártel de Juárez ha producido índices altísimos de violencia directa hacia la población. Se cree que muchos feminicidios en Ciudad Juárez pueden estar relacionados con los poderosos cárteles del narcotráfico a lo largo de la frontera. La misoginia es un rasgo frecuente en la actividad de las pandillas. De un estudio realizado entre 1993 y 2007 de los  feminicidios ocurridos en esos años, el 9.1 % de los asesinatos de mujeres fueron atribuidos al crimen organizado y actividades del  narcotráfico.

 

BETSABÉ

Publicada en octubre de 2015 en el semanario “Proyecto Diez”, de Guadalajara, de la extensa y brillante crónica “Betsabé: La historia de un feminicidio”, de Jorge Gómez Naredo, rescatamos dos fragmentos: 

“Una semana antes de que Betsabé fuera acuchillada por Alberto, éste habló muy seriamente con la familia de ella. Él quería volver, quería que nuevamente ambos vivieran juntos. Pero Betsabé no. Alberto, hombre terco, insistía constantemente. La familia intervino: trató de hacerle entender que ya no iba más, que la dejara porque era ella la que ya no quería estar con él, que esas cosas pasaban, y que no había nada por hacer, porque la decisión era definitiva (…) Los niños estaban despiertos. Habían visto todo: cuando llegó su papá, cuando le levantó la voz a su mamá, cuando la comenzó a golpear, cuando la amarró, cuando le metió el cuchillo en el pecho y cuando le cortó las venas de la muñeca, cuando les dijo que se callaran y que no gritaran. Todo lo vieron y escucharon. Y lloraban. (…) 

El papá de Betsabé entró a la cocina, donde estaba el cuerpo de su hija, ‘Todo lleno de sangre. La levanté, y la vi, y todavía respiraba. Le puse la mano en la herida, pero pues por donde quiera aventaba sangre, como si le hubiera destrozado el corazón’”. 

 

MARILYN 

A través del libro “Marilyn Monroe: un caso de asesinato”, Richard Buskin y Jay Margolis revelaron en 2004 el misterio sobre la muerte de uno de los mayores íconos hollywoodenses y su vínculo con los hermanos John y Robert Kennedy.

Dice la presentación del volumen que “tras la intriga instalada durante los últimos cincuenta años, finalmente el libro logra echar luz a la muerte de la actriz y modelo Marilyn Monroe, quizá una de las más bellas y polémicas mujeres del último siglo, vinculada a lo largo de su carrera con los más encumbrados hombres del poder estadounidense”. 

En contra de la versión oficial y las múltiples teorías conspirativas sobre la muerte de Marilyn Monroe, los periodistas descartan la sobredosis de barbitúricos como causa del deceso. En cambio, señalan que fue asesinada por orden de Robert Kennedy, hermano del entonces presidente norteamericano John F. Kennedy.

Según la investigación periodística, “Bobby” ordenó el asesinato poco tiempo después de que la actriz amenazara con organizar una conferencia de prensa para revelar al mundo el romance que mantenía al mismo tiempo con él y su hermano John. Temeroso por su propia carrera política, la de su hermano y la reputación de la familia Kennedy, Robert decidió evitar la conferencia de prensa a cualquier costo.

“Bobby, con la ayuda de su cuñado, el actor Peter Lawford, ordenó al psiquiatra de Marilyn, Ralph Greenson, administrarle una inyección letal antes de orquestar un plan para hacer creer que había sido un suicidio”, explica el periodista Buskin. Según narra el libro, los propios miembros del Servicio de Urgencias de Los Ángeles denunciaron que Marilyn Monroe tenía una costilla rota, lo que los investigadores adjudican a la impericia del médico psiquiatra que no supo administrar correctamente la inyección letal.

El amorío entre Marilyn Monroe y Robert Kennedy habría surgido a raíz del contacto que entablaron cuando éste intercedió personalmente para terminar con el acoso telefónico que la rubia le aplicó a su hermano, el presidente John F. Kennedy. Desde entonces, la misma obsesión que había demostrado por el mayor de los Kennedy se trasladó a su hermano menor y Fiscal General de Estados Unidos. Según esto, la solitaria Marilyn murió víctima de un feminicidio de Estado. 

Desde el enfoque sociopolítico  y jurídico al principios definido, todos los aquí evocados ¿son entonces “Feminicidios de Estado”?.. ME LEEN MAÑANA.

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