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No es sólo el calor, son también las consecuencias globales del cambio climático: altas temperaturas, huracanes cada vez más grandes y poderosos, deshielos en los polos, el aumento del nivel del mar, el inusual calor en Morelos –específicamente en Cuernavaca, a veces más intenso que en Acapulco–, la depredación de los bosques por los incendios, contingencias ambientales en el Valle de México, inundaciones de ríos… Un escenario de alcances apocalípticos que se presenta este y los años por venir. En medio del bochorno de la canícula, hay que revisar las consecuencias de años por maltratar a la Naturaleza y desperdiciar sus recursos. No es que la gente se ponga catastrofistas, sabida y reconocida una realidad ominosa que mueve a la reflexión y al actuar para no heredarles un páramo ominoso, contaminado, a quienes habitarán el planeta en los próximos años.

CALORÓN
Es un período más o menos prolongado, en exceso cálido que puede ser también muy húmedo, lo cual parece raro ya que el propio calor atmosférico hace que la humedad se condense formando nubes con lo que disminuye el calor atmosférico. Se le conoce como “calor” de condensación al ser en parte absorbido por las nubes.
Las olas de calor suelen ocurrir durante los días del verano. Por cierto, el término “canícula” denota el fenómeno general de una ola de calor y deriva del italiano canicola (perra de pequeño tamaño) aplicado a la estrella Sirio, de la constelación del Can, cuya elevación en el cielo nocturno del Hemisferio Norte coincide con la época de más calor.
Por lo general, los climas secos sufren mayor cantidad e intensidad de olas de calor que los climas húmedos, debido a que la mayor cantidad de agua atmosférica (bien sea en forma de vapor de agua o del agua que forma las nubes) en los climas más húmedos, ayuda a regular las temperaturas atmosféricas.
Además, las olas de calor provocan severos aumentos en el consumo de electricidad, por el uso aparatos de aire acondicionado, lo cual puede generar fallos en el suministro de electricidad y ello agrava el problema. Todavía con  mayor frecuencia, el masivo consumo de electricidad va acompañado por un descenso de la producción hidroeléctrica, ya que la sequía reduce considerablemente la capacidad de las represas destinadas a producir el fluido eléctrico. Una más: si la ola de calor se produce durante una sequía, la vegetación muerta, contribuye al incendio forestal que, como en el caso reciente de Tepoztlán por una quema agrícola descontrolada, una simple colilla de cigarro o una botella de vidrio haciendo de “lupa” con los rayos del sol, pueden ser los detonadores de incendios que consumen miles de hectáreas de pastos, hierbas y árboles con todo y su fauna.

HORNO
Para ejemplo local, tenemos que en Tlaquiltenango se han ha registrado las temperaturas más altas de este año y en lo que va de la temporada de estiaje, según la  Comisión Estatal del Agua (CEAGUA), por lo que la población se debe poner las pilas para prevenir los golpes de calor y las infecciones gastrointestinales, sobre todo en bebés y ancianos.
En este municipio, que es de mayor extensión territorial y específicamente en la comunidad de Xicatlacotla donde se encuentra la estación climatológica, el domingo 12 de abril el termómetro llegó hasta los 41 grados y el lunes 13 disminuyó a 40.5. Bajó medio grado de un día para otro, pero, ¿cuál es la diferencia?
Los datos históricos de temperaturas en Morelos advierten esta temperatura en Xicatlacotla como la séptima más alta registrada en la entidad desde 1981, año en que la comunidad de Huajintlán, municipio de Amacuzac, padeció la sorprendente y desmesurada temperatura de 46.5.  Un infierno agobiante, abrazador.

De regreso a este año que corre, del 14 al 21 de abril la temperatura en Xicatlacotla no ha bajó de los 40 grados, pero además este mismo valor se ha presentado, en Amacuzac, por lo que la CEAGUA pidió a los habitantes de estas y otras localidades del sur del estado no exponerse al sol de manera directa entre las 11:00 y las 15:00 horas, cuando hasta las lagartijas se arrastran buscando una sombrita.

HURACANES
La temporada ciclónica en el Atlántico, el Golfo de México y el Mar Caribe comenzará el miércoles uno de junio. Para este año, los meteorólogos prevén la formación de 30 ciclones, sumados los fenómenos de los océanos Atlántico y Pacífico.
En el Atlántico se pronostica la formación de 13 ciclones, dos por arriba de lo normal, de los cuales siete serán tormentas tropicales, cuatro huracanes fuertes y dos intensos. De acuerdo con la Agencia Nacional para la Atmósfera y el Océano de Estados Unidos, el 15 de mayo de cada año inicia la temporada ciclónica.
Estas fechas describen históricamente el período de cada año cuando la mayoría de ciclones tropicales se forman en la cuenca del Atlántico y son adoptados por convención. Pero la formación de ciclones tropicales es posible en cualquier momento del año, sobre todo con tanta irregularidad provocada por el cambio climático.
Los ciclones tropicales son fenómenos que pueden durar desde unas cuantas horas hasta un par de semanas o más. Por ello, es posible más de un ciclón tropical al mismo tiempo y en una misma región. Los pronosticadores meteorológicos asignan a cada ciclón tropical un nombre de una lista predeterminada, para identificarlo más fácilmente sin confundirlo con otros. Para la temporada de este año escucharemos los nombres de Bonnie, Colin, Danielle, Earl, Fiona, Gaston, Hermine, entre otros más que en cualquier momento pueden pasar de tormentas tropicales a huracanes.
El Pacífico entró el domingo 15 de este mes en su período de huracanes. Están pronosticados unos 17 ciclones tropicales, ocho serían tormentas tropicales con vientos entre 63 kilómetros por hora y 118 kilómetros por hora, señala el Servicio Meteorológico Nacional de México. Los nueve fenómenos restantes podrían ser huracanes, y de éstos cuatro serían intensos con vientos superiores a los 209 kilómetros por hora, de esos que provocan inundaciones en lugares donde nunca antes se habían presenciado esos meteoros.

DESHIELO
Dato curioso, aunque sin afectaciones a nuestra vida: la Tierra no siempre gira alrededor de un eje imaginario que atraviesa los polos, sino que se mueve alrededor de ellos. A lo largo de gran parte del siglo XX se ha desplazado hacia Norte América, pero esa dirección ha cambiado debido al deshielo de los polos y del nuevo reparto de pesos del agua de los océanos al que ha dado lugar.
Estos cambios no afectan nuestra vida diaria, pero ayudan a entender mejor el clima del pasado y del futuro. Hay que tenerlos en cuenta para asegurar un correcto funcionamiento de los sistemas GPS, según dicen los científicos
Para entenderlo un poco mejor, en el año 2000 el eje de rotación terrestre dejó de avanzar hacia Canadá y comenzó a dirigirse hacia el Este al doble de velocidad, unos 17 centímetros al año. Ha dejado de moverse hacia la Bahía de Hudson para acercarse a las Islas Británicas. Se trata de una oscilación importante, derivada del aumento en el volumen de agua en los mares.

GLACIARES
El loco ritmo del cambio climático provoca el acelerado deshielo del glaciar antártico Totten, uno de los más grandes de la Tierra. Al deshacerse tal masa de hielo elevará el nivel del mar en casi tres metros. Los científicos descubrieron el año pasado año que el Totten oculta dos canales submarinos que permiten la entrada de aguas cálidas, lo que contribuiría a que se derrita más rápido y aumente el nivel del mar.
Con sus 120 kilómetros de largo y sus 30 kilómetros de ancho, el Totten se desagua en unos 538 mil kilómetros cuadrados de la Antártida Oriental y de él fluyen unas 70 mil millones de toneladas de hielo cada año.
Hasta la fecha esta descarga se ha considerado como “normal”, pero el análisis de sus avances y retrocesos a lo largo de la historia revela que, de continuar el aumento de la temperatura global, el glaciar podría cruzar un “umbral crítico” durante este siglo y entrar en un período de deshielo irreversible.
El Totten retrocedería unos 300 kilómetros en los próximos siglos y descargaría enormes cantidades de agua, lo que contribuiría a una subida global del nivel del mar de hasta 2.9 metros y por lo tanto desaparecerían incontables ciudades costeras y puertos del mundo.
A diferencia de la Antártida Occidental, cuya capa de hielo es mucho menor, la comunidad científica ha considerado que la Antártida Oriental se ha mantenido relativamente estable ante el cambio climático.
Pero esa tendencia, apuntan los autores de este estudio, la está rompiendo ahora el Totten, como demuestra la gran cantidad de agua que pierde, lo que sugiere que este glaciar podría ser más vulnerable de lo que se pensaba.
Si el Totten retrocede entre 100 y 150 kilómetros, su parte frontal se asentaría sobre una base de tierra inestable y aceleraría su deshielo hasta llegar al citado retroceso de hasta 300 kilómetros en “varios cientos de años”.

ACCIONES
Las catástrofes están entre nosotros, ocurren todos los días. Ya no vivimos el ciclo primavera-verano-otoño-invierno, ahora es incendios-inundaciones-sequías-lluvias invernales. Todo derivado del rompimiento del delicado equilibrio entre el uso de los recursos naturales y la sobreexplotación. Medidas como el “hoy no circula”, reciclar los desperdicios, erradicar el desperdicio de agua, combatir las deforestaciones, la arquitectura sustentable y ecológica  así como  prevenir incendios forestales son esenciales. Pero faltan las acciones individuales, esas que son hábitos vistos como “normales”: dejar abiertas las llaves de regadera y lavabo, lavar el coche a manguerazos, barrer el patio y la calle con chorros grandes de agua, dejar las bolsas de basura en la esquina y ahí a ver quién se la lleva, aunque no parezca también contribuyen a todos los horrores señalados arriba. Así que en tanto no contribuyamos en algo a frenar la catástrofe seguiremos quejándonos: ¡Qué calor!.. ME LEEN MÁÑANA.