Entre la revuelta popular a la toma de las armas por un pueblo hastiado de la opresión de todas las libertades, a inicio de la centuria pasada, y la insurrección en redes sociales y el tiroteo de “memes” contra políticos, en la segunda década del presente siglo, no hay más que  ligeras diferencias. El hecho patente es que cualquier revolución debe, una vez arrancada con el primer impulso de la indignación social, legitimarse mediante recursos universales y legales.
Mediante Los Sentimientos de la Nación, así lo hizo el general Morelos con el levantamiento de los criollos del Padre Hidalgo. Cien años después, para quitarse el mote de “robavacas” que les había endilgado la oligarquía cañera y minera de México y la prensa oficial de entonces, Emiliano Zapata dispuso de la redacción y proclamación del Plan de Ayala que, por cierto, debió llamarse Plan de Ayoxuxtla, de lo cual nos ocupamos líneas adelante.
A pesar de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ya aclaró que como tal no tendrá candidata indígena a la Presidencia de la República, sino de una representación amplia del Congreso Nacional Indígena (CNI), de cualquier manera se trata del mismo recurso de legitimización al que en su momento recurrieron Morelos y Zapata, aun cuando el movimiento zapatista chiapaneco se tardó más veinte años en asumir tal determinación, cuyo capítulo final –el de la candidatura presidencial– no se ha escrito y quizá no llegue a escribirse, pero al cual Andrés Manuel López Obrador calificó de “hacerle el juego al gobierno”.
Ya que mañana 28 de noviembre se cumple el 105 aniversario de la proclamación del Plan de Ayala y en coincidencia con el anuncio “modificado” del EZLN, este espacio recrea algunos detalles históricos, diferencias y semejanzas con aquella proclama cuyo lema sigue evidentemente sin cumplirse a lo largo y ancho de la República: “Reforma, Libertad, Justicia y Ley”.

AYOXUXTLA
En noviembre de 1911, un año después del estallido de la Revolución Mexicana, las diferencias entre el presidente Francisco I. Madero y el general Emiliano Zapata estaban en su punto más alto. El 26 de ese mes el Caudillo del Sur había decidido salir de Morelos, luego de que el presidente Madero le pidió que dejara las armas y que sería respetada su vida pero, desconfiado como era, se indignó y tomó camino con sus hombres hacia Cerro Prieto, para internase en la sierra poblana. Llegó a Ayoxuxtla y provocó gran temor entre los habitantes de la pequeña comunidad. Mandó a los coroneles Avelino Cortés y Antonio Sosa para entrar al pueblito como avanzada, avisar a los habitantes de una reunión importante del ejército revolucionario que juntaran pastura y maíz para la caballada y que las mujeres “echaran tortillas” porque el general Zapata venía con su Estado Mayor. No había molinos, así que las mujeres hacían la masa tuvieron hincadas al metate. Pidieron ayuda a las comunidades vecinas de Santa María Cohetzala, Santa Mónica, Pilcaya y Centeocala, y los mayordomos de estos pueblos enviaron más pastura, maíz, tortillas, frijoles, guisados e itacates para dar de comer a la tropa hambrienta.
Zapata mandó traer al mayordomo del pueblo para decirle que necesitaba poner dos vigías y dirigieran su vista hacia el camino a Chiautla, por si veían a gente extraña. Pero en los tres días que estuvo ahí Zapata, no se presentó ni se acercó ninguna patrulla de “los pelones”, es decir, del ejército federal. En esos días se hizo el Plan de Ayala. En Ayoxuxtla estuvieron el profesor Otilio Montaño, los generales  Trinidad Ruiz y Jesús Morales, Emigdio Marmolejo y el hermano mayor de Emiliano, Eufemio Zapata, quienes sobre una mesa rústica en un jacal que hacía las veces de presidencia auxiliar del pueblo redactaron el “articulado”. El día 28, concluida la redacción del plan que se había iniciado en Tepalcingo y en la comunidad de El Limón, en la sierra de Huautla, mandó reunir a todos. Dice la versión no confirmada, pero muy a modo del mito zapatista que el Jefe les gritó a sus hombres: “Ésos que no tengan miedo, pasen a firmar…”. Enseguida mandó traer una bandera de “raso tricolor de seda” cuya procedencia nunca se aclaró, y pidió a su Estado Mayor jurar ante la enseña patria su fidelidad a la nación y a la causa plasmada en el documento recién escrito.
Zapata le puso Plan de Ayala porque quiso proteger a esta pequeña comunidad de las fuerzas federales cercana, asentadas en Chiautla de Tapia. De no haberlo hecho así –dicen los cronistas que dijeron testigos oculares de la ceremonia– hubiese sido quemado y arrasado este pueblo con todos y sus habitantes. El jefe Zapata habló antes de partir con las autoridades de Ayoxuxtla para agradecerles su apoyo, les dijo que este pueblo tenía que ser respetado y recompensado, ordenó a sus jefes militares de zonas cercanas que protegieran a esta comunidad.
El Plan de Ayala fue una proclamación política, con la cual desconoció el gobierno del presidente Francisco I. Madero a quien acusó de traicionar la causa campesina. Porque en el Plan de San Luis Potosí sólo se consideró la revisión de los juicios sobre la tenencia de la tierra durante el porfiriato y no la restitución de las tierras despojadas por los hacendados a las comunidades campesinas. En dicho Plan, los zapatistas llamaban a las armas para recuperar la propiedad de las tierras. Para ello el Plan sostiene que los campesinos deben presentar sus títulos de propiedad, los cuales en su mayoría eran de tipo comunal y tenían origen en los calpullis de tiempos de los aztecas y confirmadas en el virreinato. Estos títulos habían sido declarados sin valor bajo las condiciones de la Ley Lerdo, que formaba parte de las Leyes de Reforma, por lo que en el aspecto legal había sido fácil el despojo de tierras que los comuneros no trabajaban. El Plan de Ayala fue firmado por Emiliano Zapata, Otilio Montaño y todo su Estado Mayor.  Fue publicado el 15 de diciembre en el periódico Diario del Hogar de la Ciudad de México, el único medio informativo que manejaba notas y editoriales a favor de la causa zapatista.
Cuando Victoriano Huerta asumió el poder ejecutivo gracias a un golpe de estado y asesinando a Madero en 1913, Orozco se unió al usurpador. Zapata, indignado por la conducta de Orozco, el 30 de mayo de 1913 hizo reformas al plan de Ayala en las cuales ahora desconoce a Huerta como presidente y declaraba a Orozco traidor a la Revolución. De hecho, Zapata fusiló al padre del general Pascual Orozco, al mismo tiempo que rechazó la propuesta que le hacía este último cuando trataron de convencerlo de que se uniera a Huerta. Por el contrario, al tomar el mando de las tropas adheridas al Plan Emiliano Zapata declaró: “No descansaré hasta que ambos traidores sean derrotados y que los ideales del plan de Ayala se hagan realidad”. Y, en efecto, no descansó hasta  que lo asesinaron.
 
SIEMPRE NO
La semana pasada el EZLN precisó que no presentará a una candidata presidencial para el proceso electoral de 2018, sino que esa propuesta saldrá del CNI, el foro que desde el 12 de octubre de 1996 reúne a delegados de los pueblos originarios de México. Los subcomandantes Moisés y Galeano (antes Marcos) explicaron que el EZLN sí hizo la propuesta a los delegados del CNI reunidos en octubre pasado, pero que no será una integrante de su organización quien represente al CNI como candidata presidencial.
 “No, el EZLN no se va a convertir en un partido político. (...)   Aunque fuera diáfano, equitativo, justo y legítimo, las zapatistas, los zapatistas no participaríamos para alcanzar y ejercer el poder desde un puesto, un cargo o un nombramiento institucional”.  El EZLN “hace suyo” el aviso del 14 de octubre anterior con el aviso de que el CNI consultará entre sus delegados para nombrar a un concejo indígena que, a su vez, se vea representado por una candidata presidencial en 2018.
También subrayan la visión de que la sociedad mexicana ignora a los pueblos indígenas del país en función de un abierto racismo y “un profundo desprecio”. Para ella, los pueblos originarios ni siquiera son ya un estorbo que hay que arrojar al pasado adornándolo con citas del Popol Vuh, bordados multicolores y muñequitos de ocasión”.
En otras palabras, en el ambiguo estilo de los comunicados del EZLN hay un “sí, pero no”. En la tal declaración y las conclusiones del CNI en torno a la candidatura presidencial podrían conocerse hasta el 1 de enero de 2017. En tanto, el ejército zapatista de Chiapas mantiene la expectativa de entrar o no al juego del poder por la vía del populismo y la “”insurgencia” electoral”, lo cual, es hacerle el juego al gobierno, reclama López Obrador.  

DIFERENCIAS
Con ciento y pico de año de años de distancia, las condiciones actuales de las comunidades indígenas de México son semejantes a las de comunidades campesinas de principios del siglo XX. Si lo enfocamos en Morelos, cinco de esas comunidades serán elevadas a municipios, lo cual jurídicamente es positivo. Sin embargo, prevalecen las condiciones económicas y sociales de marginación que no garantizan la viabilidad de los cabildos de las mismas. Por su lejanía con los centros urbanos, por la riqueza de sus bosques y recursos y los intereses financieros y caciquiles,  en Chiapas las comunidades indígenas tienen mucho por remontar, al igual que comunidades indígenas de Chihuahua, Hidalgo, Oaxaca, Veracruz y prácticamente de todas las entidades del país.
De Ayoxuxtla a Chiapas hay un largo camino por recorrer; las bases indígenas-zapatistas deberán supera las condiciones adversas para consolidar su candidatura a la Presidencia. Meta simbólica, utópica pero no huérfana de esperanza para México y buena parte de su población, diezmada por los gobiernos de esta era que se conocerá como la de “los conflictos de intereses” y del sistema “anti-corrupción”… ME LEEN MAÑANA.  

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