Ehécatl, el dios del viento mexica, sopló fuerte en tierras tlahuicas; atizó las llamas de quemas agrícolas e incendió predios boscosos o de yerba seca. En las goteras de Cuernavaca, los pobladores de Santa María, Chamilpa y Buenavista del Monte vivieron con el Jesús en la boca. Temerosos de que la lumbre llegara a sus casas, para que no se intoxicaran con el humo la noche del miércoles unos doscientos de Buenavista debieron ser evacuados a la comunidad de Ahuatenco, en el estado de México. Las llamas también iluminaron las noches de Huitizilac y Yecapixtla, combatidas por docenas de brigadistas y chorros de agua arrojados por un helicóptero. Fue hasta la noche del viernes cuando el reporte oficial señaló que por fin estaban apagados los incendios al cien por ciento, pero perdidas ya huertas de aguacate en Buenavista y calculada la generalidad de mil cien hectáreas afectadas por incendios en lo que va del año.
Sin embargo, la danza de las llamas continuará, acicateada por la época de sequía que apenas empieza y por otras causas. Tal fue el pronóstico que en gran parte se cumplió el año pasado y podría repetirse en lo que resta de 2017.
Aparición de enfermedades tropicales, recrudecimiento de otras, daños a los cultivos por sequías o granizadas, escasez de agua e inundaciones por igual. También incendios forestales cada vez más dañinos para flora y fauna, mega tormentas y mega huracanes con mayor intensidad que sus predecesores, entre otras anomalías climáticas y ambientales fue la advertencia de científicos en 2016.
Ante tales efectos del cambio climático que algunos todavía niegan, a manera de “manual de sobrevivencia” en este bochornoso primer domingo hagamos un repaso a las contingencias que nos amenazan.

EL NIÑO Y LA NIÑA
Según los expertos, las predicciones meteorológicas 2016 representó un paisaje aún más desalentador que el de los cinco años anteriores. Primero, el fenómeno de “El Niño, es decir, el aumento de la temperatura del agua superficial en el Océano Pacífico Sur que, agravado por los efectos del cambio climático, agudizaron el caos meteorológico durante la primera mitad del año.
Pero eso no es todo. Lo peor pudo ocurrir si antes de que terminara el año llegara “La Niña” que consiste en el enfriamiento brusco y a mayor escala de la temperatura del Pacífico Sur. Aumentada la temperatura oceánica por otro fenómeno como ése, los especialistas del clima predijeron el doble de huracanes.
Recordemos, por ejemplo, el huracán Alex. Deformado a partir de una potente onda tropical, se desarrolló lentamente en el mar Caribe y se desplazó hacia el oeste mientras se intensificaba hasta tocar tierra en Belice. Su tránsito sobre tierra en la península de Yucatán lo debilitó, pero volvió a ganar intensidad de tormenta tropical al reingresar al mar en el Golfo de México.
Alex causó la muerte de al menos 23 personas en su recorrido por Santiago, Nuevo León. En el mar Caribe, el sistema produjo intensas lluvias en la isla La Española, con una muerte y un desaparecido en República Dominicana. Durante la primera entrada a tierra, las inundaciones provocaron otras diez víctimas. En México la tormenta causó otras tres muertes en Acapulco y dos más en Chiapas y Oaxaca. Después de tocar tierra en Tamaulipas, el huracán provocó siete decesos más y un desaparecido en Nuevo León. Además de inundaciones considerables, Alex provocó cortes de energía eléctrica en el noreste de México y en el extremo austral de Texas.
 
ALERGIAS
De acuerdo a lo que fue constatado, en 2016 la primavera se adelantó como no lo había hecho en veinte años, con una intensidad inusual y una floración que no sólo embellece los árboles de ciudades y campo, también provoca más y peores alergias y ataques de asma entre la población. Este efecto, combinado con el incremento de la contaminación, resultó en un año difícil para la gente con estos y otros males respiratorios como los que padece una gran cantidad de personas en las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Según el dicho oficial, aquí en Morelos “todavía” no es necesario aplicar el “hoy no circula”, pero estamos a punto de estarlo si continúa el aplazamiento de la verificación vehicular. Es momento de estar alertas y preparados para los cambios bruscos en el clima y los fenómenos meteorológicos que se incrementan en las zonas de riesgo en que se han convertido las zonas conurbadas de Cuernavaca y Cuautla con el aumento del aforo de unidades automotores. No siempre los vientos que soplan en Morelos nos resguardarán de las contingencias ambientales que seguido envenenan el aire de la Ciudad de México.

GOTZILLA
Otro fenómeno que nos pega a todos –por lo que veremos enseguida– es que con el aumento de la temperatura de la atmósfera del planeta el deshielo de la Antártida duplicará el incremento del nivel del mar. La temperatura media del planeta subió aún más en 2016, superando con mucho a 2015 como el año “más caliente de la historia reciente”. Aquí también intervienen El Niño y La Niña, porque contribuyen a disparar los termómetros por encima de los 1,14 grados con relación a la llamada “era preindustrial”, es decir, 0,8 grados con respecto a las temperaturas registradas en 1961.
El acuerdo de gobiernos alcanzado en 1998 fijó el objetivo global de no rebasar un aumento de dos grados y “perseguir los esfuerzos” para limitar la subida a 1,5 grados… que se alcanzarán en menos de una década si persiste la tendencia actual de las emisiones. Hay que subrayar que 2015 pasó a la historia como el año que superó el “listón simbólico de un grado centígrado” de aumento de la temperatura global del planeta, considerado ya por algunos científicos como el inicio de un cambio climático “incontrolado y peligroso”, con episodios cada vez más frecuentes de clima extremo.
La predicción activa luces rojas de alerta. El período comprendido entre el 2010 y el 2015 figura ya como el más cálido jamás registrado y, de continuar la actual tendencia de aumento climático, el bienio 2016-2017 puede ser el más severo en calores, tornados y huracanes.
El Pacífico vivió en 2016 un fenómeno de El Niño de gran violencia, tanta que pudo haberse convertirse en el más potente del registro histórico superando al de los años 1997 y 1998 que fue bautizado por los expertos como “El Niño Gotzilla por sus temperaturas inusualmente altas. Pero el de este año es comparativamente más fuerte y más extenso que el del 1997.

DESHIELO
Las películas de ciencia ficción y de grandes catástrofes de los últimos años podrían quedarse chiquitas. No se trata de una especulación, es un hecho observado: la Antártida podría esconder la clave del aumento del nivel del mar que predicen los expertos como una de las consecuencias más preocupantes del cambio climático. Una investigación difundida revela que las predicciones de las Naciones Unidas pueden haberse quedado muy cortas en materia de los efectos del deshielo superficial y en el lecho marino de la Antártida.
En pocas palabras: si no frenamos las emisiones de gases de efecto invernadero el nivel del mar podría aumentar en algunas costas hasta 1.5 metros antes de final de siglo, más del doble de lo previsto. Lo que pasa es que el calor funde el hielo superficial, causa la ruptura de las plataformas de hielo sobre el mar y el colapso de los acantilados helados.  A ese ritmo, la Antártida tiene el potencial por sí misma de elevar el nivel del mar más de un metro antes del año 2100. Eso dejaría bajo el agua a grandes ciudades como Shanghai, Miami, Nueva York y Amsterdam.
Habitadas por más de 13 millones de personas, las ciudades más pobladas de Florida, California y Nueva York tendrían que ser evacuadas antes de 50 años por consecuencia del aumento del nivel del mar. En este escenario localidades costeras de México y el Caribe serán urbes submarinas, como Tampico, Veracruz, Campeche, la Riviera Maya, La Habana, Puerto Rico y Haití. Un escalofriante escenario que aguarda a los niños nacidos en la presente década.
 
INCENDIOS
En abril del año anterior, en los bosques de Huitzilac, Tepoztlán y Cuernavaca ya se habían registrado 26 incendios con daños a 194.76 hectáreas de arbustos, hierbas y hojarasca, principalmente. En comparación con 2015, el número de hectáreas se incrementó significativamente, reportadas entonces sólo 103.17 hectáreas afectadas lo que sin embargo nos puso los pelos de punta.
En esa ocasión y con la cobertura mediática nacional a todo vapor, fueron necesarios seis helicópteros-cisterna de la Ciudad de México, del estado de México, de la Armada y el Ejército para arrojar agua y polvo extinguidor. Sólo así llegaron los chorros del líquido aniquilador a las peñas, cañadas y brechas de la intrincada sierra tepozteca para evitar una mayor propagación. Intervinieron 300 brigadistas de esas instancias, voluntarios de Tepoztlán y de municipios aledaños, además de los bomberos del mismo pueblo mágico y del vecino Yautepec.
Las causas recurrentes de estas quemazones: quemas de áreas de cultivo, fumadores descuidados y cambio de uso de suelo. En estos casos es imperativo crear conciencia en todos nosotros sobre las acciones que ayuden a evitar incendios forestales, de fomentar una cultura de sustentabilidad que contribuya a erradicar el daño a los recursos forestales. El esfuerzo es individual y colectivo a la vez, el planeta Tierra está gravemente enfermo. Todos contaminamos, somos parte de la conflagración del clima… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

 

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