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Del “descubrimiento” a “encuentro de dos mundos” y de “evangelización” a “genocidio”, son los extremos entre los cuales quedó en el olvido –desde hace 25 años al cumplirse los cinco siglos de aquel acontecimiento– la tradicional y acartonada celebración del Día de la Raza. El próximo jueves se evoca la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, gracias a la terquedad de un navegante italiano y a la visión de la reina castellana. Una “celebración” que se convirtió en recordatorio frente de lucha, para todas las naciones indígenas del continente americano sobrevivientes del descubrimiento y posterior colonización. 

En materia del extinto Día de la Raza, los extremos reflejan la evolución del concepto del “encuentro de dos mundos” –como se le denominó oficialmente al quinto centenario del traumático choque de la civilización europea– con las civilizaciones originarias de este continente. Los contrastes van del exterminio y la esclavitud a que fueron sometidos los pueblos conquistados, a la resistencia por generaciones de pueblos indígenas, hasta las consecutivas rebeliones durante los 300 años de dominación. Vino después la abolición de la esclavitud del insurgente Miguel Hidalgo y la declaración de la igualdad ante la ley, sin importar raza y condición social, de los Sentimientos de la Nación del generalísimo Morelos. 

Las leyes de Reforma del presidente Benito Juárez –siendo él mismo indígena– sacaron del atraso ancestral a los pueblos originarios de México. En la reivindicación de “lo indígena” entra la esencia del Plan de Ayala: “la tierra es para quien la trabaja con sus manos”, es decir, para las manos de las comunidades indígenas, pues la ideología zapatista tiene raíces en la noción de la propiedad colectiva de la tierra, llamada en náhuatl calpulli y conocida con el reparto agrario como ejido. 

Dentro del recuento de las expresiones de la lucha indígena, en el contexto del Día de la Raza convertido a partir de 1992 en el Día de la Resistencia Indígena, se inscriben el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en 1994, y en Morelos el decreto para la creación de los cuatro primeros municipios indígenas: Tetelcingo, Xoxocotla, Hueyapan y Coatetelco… 

CRÍTICAS 

Desde los primeros días del descubrimiento hubo ordenanzas de protección a los indígenas, pero al igual que leyes posteriores fueron letra muerta. 

La postura tradicional a favor de la celebración del “encuentro entre dos mundos” menciona además la prohibición del maltrato y la esclavitud indígena, decretada por la Corona de Castilla en 1512. Las distintas posturas han creado un debate sobre el contenido de la celebración en toda Latinoamérica. De forma oficial en la mayoría se sigue celebrando  como “Día de la Hispanidad” o “Día de la Raza”, alusivo a la raza o cultura hispanoamericana que surgió en el siglo XVI, lo cual es inaceptable para sus detractores que más bien le llaman “choque” y “genocidio”. 

Por eso es que han surgido iniciativas como el derecho de los pueblos indígenas a la educación, protegido por la Declaración de la Organización de las Naciones Unidas. La norma dice: “Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones docentes que impartan educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje”. La prerrogativa de los pueblos indígenas a la educación también está protegida por la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Sin embargo, a pesar de lo dispuesto en estos instrumentos la mayoría de los pueblos indígenas no pueden ejercer plenamente el derecho a la educación, y existen graves disparidades en esta materia entre los pueblos indígenas y la población en general, empezando porque su falta de autonomía les restringe el acceso a recursos propios, la cual es una de las exigencias para crear alcaldías indígenas. 

En este punto, se carece de datos desglosados que podrían revelar la situación exacta de discriminación y marginación de los pueblos indígenas. Y cuando sí hay datos disponibles, reflejan graves y persistentes disparidades entre las poblaciones indígena y no indígena en términos de acceso a la educación, permanencia y logros académicos, en todas las regiones del mundo. Dicho de otra manera, persiste la misma discriminación desde que Colón puso pie en la playa de la isla Guaraní, aquel lejano 12 de octubre.   

Como en muchos otros, en el sector de la educación se condensan los abusos, la discriminación y la marginación que tradicionalmente han sufrido los pueblos indígenas; también su constante lucha por la igualdad y el respeto de sus derechos como pueblos y como personas. No se diga en la defensa de sus bosques, por lo cual los dirigentes indígenas y campesinos suelen ser tratados como los peores criminales. Ya sabemos que en México todo o casi todo está patas arriba. 

MUNICIPIOS 

Con 29 votos a favor, el Congreso del Estado aprobó cambios artículo 40 constitucional para crear las comunas indígenas de Hueyapan, Coatetelco, Tetelcingo y Xoxocotla.

La mayoría de los diputados entonces sí que desquitaron “las dietas” (de eso no tienen nada sus jugosos ingresos), y mostraron su apoyo con el argumento que “el reconocimiento a los pueblos originales permitirá mantener las raíces del estado de Morelos”.

Coincidieron en que tradicionalmente a los pueblos y comunidades indígenas se les ha dado un tratamiento desigual, al ser considerados como minorías, y que no obstante los derechos reconocidos no cuentan con la capacidad de impactar en las decisiones que afectan a sus comunidades. La Comisión de Atención a Pueblos Indígenas pidió el apoyo de los legisladores para que se concretara la creación de cuatro municipios indígenas. Señaló: “Nos encontramos ante la oportunidad histórica de materializar los compromisos aceptados por México, mediante la suscripción de instrumentos internacionales que den certeza a estas comunidades…”. 

Por unanimidad se aprobó la modificación al citado artículo constitucional. El siguiente paso fue enviar la propuesta a los 33 ayuntamientos para que en sus cabildos hicieran las aprobaciones necesarias, 

Para mayor precisión, con la publicación de la declaratoria de reforma al artículo 40 de la Constitución de Morelos en el Periódico Oficial “Tierra y Libertad” número 5428, el lunes 22 de agosto de 2016 nacieron los primeros municipios indígenas de la entidad ya mencionados: Xoxocotla, Hueyapan, Coatetelco y Tetelcingo… pero sólo en las palabras, no así en los hechos.   

La declaratoria indicó que a la fundación de un nuevo municipio se deberá constituir un Concejo Municipal, el que ejercerá el gobierno en términos de la legislación orgánica municipal hasta las elecciones ordinarias… ¿del año próximo, en 2024 o hasta cuándo?  En la integración de un Concejo Municipal en un territorio conformado por comunidades indígenas, deberán tomarse en cuenta consideraciones específicas respecto a sus usos y costumbres. Ahí es donde se verá si los partidos políticos y sus “gerentes” respetarán aquéllas, y que no sean los primeros en violentar todo con tal de agandallarse los flamantes municipios.

LEVANTAMIENTO

En perspectiva histórica, se puede afirmar que la creación de los cuatro municipios indígenas de Morelos tendrá un  antecedente: la firma de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, cuya esencia radica en el reconocimiento de derechos y cultura indígena. Éstos fueron los primeros y únicos acuerdos firmados entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los gobiernos federal y estatal, quedando inconcluso el proceso de paz.

El fallido cumplimiento de estos acuerdos condujo al fracaso de la agenda por el diálogo. La reforma constitucional de 2001 fue impugnada por las organizaciones indígenas del país, por el móvil simulado que la alentó, así que el EZLN acusó de “traidor” al Congreso.    A  estas estas alturas de la segunda década del siglo XXI, la dirección de aquellos acuerdos sigue errática. Desde 1996, el diálogo entró en un largo receso que lo puso en una situación de virtual suspensión, y no hay señales que hagan suponer que los involucrados en el conflicto volverán a encontrarse.

Es necesaria una estrategia que avance en la quita de los “candados” puesto por los legisladores a la verificación de los derechos indígenas reconocidos, lo cual se traduciría en la reconstitución de los pueblos indígenas de todo el país y la construcción de las condiciones políticas y gubernamentales que la hagan posible, como ocurre en Morelos.

La reforma en la que se enterca el gobierno federal no responde a la expectativa indígena de lograr la “reforma de la reforma”, y mucho menos aspira a conseguir el establecimiento de un régimen de veras autónomo. Dicen los especialistas que “las condiciones actuales del movimiento indígena en México carecen de la fuerza para llevarlo a cabo”. Persiste la tendencia de gobiernos estatales y municipales a llevarse entre las patas a las comunidades indígenas. Tiempo al tiempo, para ver cómo les va a los municipios indígenas morelenses. 

“AVANCE”

La paradoja es que la primera víctima del descubrimiento de América fue su propio iniciador, el genovés Cristóbal Colón (Cristóforo Colombo en italiano o Christophorus Columbus en latín). Las “grillas” por envidia y la ambición del poder hicieron que Colón fuera ninguneado y hasta degrado como capitán general de los territorios descubiertos, al grado de que, al darle denominación oficial a los nuevos dominios, la Corte española le puso el apelativo de “América” en “reconocimiento” a un oscuro cartógrafo de nombre Américo Vespucio, en lugar de llamarla “Colombia” como correspondía a su descubridor, por lo que siglos después para desagraviar al almirante se bautizó así al país sudamericano. 

Luego de cinco siglos y un cuarto, en la vasta extensión de la República Mexicana se pueden contar con los dedos de las manos los municipios autónomos indígenas. Muy poco avance para tantos años de ignominia… ME LEEN MAÑANA.