El apelativo se lo da el agujero en una roca de unos treinta metros de altura: la playa de La Ventanilla, en donde una cooperativa de lugareños ofrece al turismo el espectáculo de cocodrilos viviendo en su hábitat natural. Es un estero, pintada de verde el agua por la vegetación, visibles los reptiles enormes desde las lanchas de remo (no usan motores fuera de borda para no contaminar) en el recorrido que culmina en una pequeña isla la cual alberga un criadero de cocodrilos. Mientras rema, el costeño tranquiliza a sus pasajeros. “no hay peligro; los animales se sumergen cuando se acerca la embarcación”. Y luego de la aventura que durará pocos minutos recordará: “el estero era más grande, pero lo tapó el Paulina”. Eso sucedió en octubre de 1997, cuando el huracán de este nombre devastó las costas de Guerrero y Oaxaca, causó la muerte de cientos de personas y pérdidas económicas por unos once mil millones de dólares.

Cerca de La Ventanilla entró la tormenta tropical Beatriz, el miércoles pasado aproximadamente a las ocho de la noche, entre la playa Zipolite y Puerto Ángel, en el medio de Puerto Escondido y Huatulco. Inmisericordes, la lluvia y el viento se abatieron cayeron hasta Salina Cruz, avanzaron tierra adentro por el istmo de Tehuantepec, generaron afectaciones materiales en pueblos y carreteras, pero por fortuna nada comparables al Paulina. 

Considerados entre los huracanes más devastadores en los últimos años, el Gilberto de septiembre de 1998 llegó con vientos de 300 kilómetros por hora a las costas de Yucatán, arrasó Campeche y aunque ya debilitado avanzó hasta Monterrey, produciendo afectaciones económicas por 4 mil millones de dólares. O el Wilma (2005), que golpeó a Cozumel, Cancún y Playa del Carmen y es considerado el huracán más destructivo en la historia de México debido a las evacuaciones, al cierre del aeropuerto, el corte del suministro eléctrico y demás daños que sumaron casi 10 mil millones de dólares.

CALORÓN

Es un período más o menos prolongado, en exceso cálido que puede ser también muy húmedo, lo cual parece raro ya que el propio calor atmosférico hace que la humedad se condense formando nubes con lo que disminuye el calor atmosférico. Se le conoce como “calor de condensación” al ser en parte absorbido por las nubes. Las olas de calor suelen ocurrir durante los días del verano. (Por cierto, el término “canícula” denota el fenómeno general de una ola de calor y deriva del italiano canicola –perra de pequeño tamaño)– aplicado a la estrella Sirio, de la constelación del Can, cuya elevación en el cielo nocturno del Hemisferio Norte coincide con la época de más calo)r. 

Por lo general, los climas secos sufren mayor cantidad e intensidad de olas de calor que los climas húmedos, debido a que la mayor cantidad de agua atmosférica (bien sea en forma de vapor de agua o del agua que forma las nubes) en los climas más húmedos ayuda a regular las temperaturas atmosféricas.

Además, las olas de calor provocan severos aumentos en el consumo de electricidad, por el uso aparatos de aire acondicionado, lo cual puede generar fallas en el suministro de electricidad y esto agrava el problema. Todavía con mayor frecuencia, el masivo consumo de electricidad va acompañado por un descenso de la producción hidroeléctrica, ya que la sequía reduce considerablemente la capacidad de las represas destinadas a producir el fluido eléctrico. Una más: si la ola de calor se produce durante una sequía, la vegetación muerta contribuye a los incendios forestales 

No es sólo el calor, son también las consecuencias globales del cambio climático: altas temperaturas, huracanes cada vez más grandes y poderosos, deshielos en los polos, el aumento del nivel del mar, el inusual calor en Morelos –específicamente en Cuernavaca, a veces más intenso que en Acapulco–, la depredación de los bosques por los incendios, contingencias ambientales en el Valle de México, inundaciones de ríos… Un escenario de alcances apocalípticos que se presenta todos los años por estas semanas. En medio del bochorno de la canícula, hay que revisar las consecuencias de años por maltratar a la Naturaleza y desperdiciar sus recursos. No es que la gente se ponga catastrofistas, sabida y reconocida una realidad ominosa que mueve a la reflexión y al actuar para no heredarles un páramo ominoso, contaminado, a quienes habitarán el planeta en los próximos años. 

HORNO 

Para ejemplo local, tenemos que Tlaquiltenango suele registrar las temperaturas más altas. En este municipio, que es el de mayor extensión territorial de Morelos, es en la comunidad de Xicatlacotla donde las temperaturas han sido de hasta 41 grados. En abril del año pasado, la temperatura en el pueblo también llamado Xicatlán quedó registrada como la séptima más alta desde 1981, cuando el pueblo de Huajintlán, municipio de Amacuzac, padeció la sorprendente y desmesurada temperatura de 46.5. Un infierno agobiante, abrazador. 

HURACANES 

En 2016, la temporada ciclónica en el Atlántico, el Golfo de México y el Mar Caribe comenzó el uno de junio. Los meteorólogos previeron la formación de 30 ciclones que se sumaron a los fenómenos de los océanos Atlántico y Pacífico. 

Estas fechas describen históricamente el período de cada año cuando la mayoría de ciclones tropicales se forman en la cuenca del Atlántico y son adoptados por convención. Pero la formación de ciclones tropicales es posible en cualquier momento del año, sobre todo con tanta irregularidad provocada por el cambio climático.

Los ciclones tropicales son fenómenos que pueden durar desde unas cuantas horas hasta un par de semanas o más. Por ello, es posible más de un ciclón tropical al mismo tiempo y en una misma región. Los pronosticadores meteorológicos asignan a cada ciclón tropical un nombre de una lista predeterminada, para identificarlo más fácilmente sin confundirlo con otros. En la temporada de 2016 escuchamos los nombres de Bonnie, Colin, Danielle, Earl, Fiona, Gaston, Hermine, entre otros más de los que se advirtió podrían pasar de tormentas tropicales a huracanes. 

DESHIELO 

Dato curioso, aunque sin afectaciones a nuestra vida: la Tierra no siempre gira alrededor de un eje imaginario que atraviesa los polos, sino que se mueve alrededor de ellos. A lo largo de gran parte del siglo XX se ha desplazado hacia Norteamérica, pero esa dirección ha cambiado debido al deshielo de los polos y del nuevo reparto de pesos del agua de los océanos al que ha dado lugar. 

Pareciera que estos cambios no afectan nuestra vida diaria, pero ayudan a entender mejor el clima del pasado y del futuro. Hay que tenerlos en cuenta para asegurar un correcto funcionamiento de los sistemas GPS, según dicen los científicos 

Para entenderlo un poco mejor, en el año 2000 el eje de rotación terrestre dejó de avanzar hacia Canadá y comenzó a dirigirse hacia el Este al doble de velocidad, unos 17 centímetros al año. Ha dejado de moverse hacia la Bahía de Hudson para acercarse a las Islas Británicas. Se trata de una oscilación importante, derivada del aumento en el volumen de agua en los mares. 

GLACIARES 

El loco ritmo del cambio climático provoca el acelerado deshielo del glaciar antártico Totten, uno de los más grandes de la Tierra. Al deshacerse tal masa de hielo elevará el nivel del mar en casi tres metros. Los científicos descubrieron el año pasado año que el Totten oculta dos canales submarinos que permiten la entrada de aguas cálidas, lo que contribuiría a que se derrita más rápido y aumente el nivel del mar. 

Con sus 120 kilómetros de largo y sus 30 kilómetros de ancho, el Totten se desagua en unos 538 mil kilómetros cuadrados de la Antártida Oriental y de él fluyen unos 70 mil millones de toneladas de hielo cada año.

Hasta la fecha esta descarga se ha considerado como “normal”, pero el análisis de sus avances y retrocesos a lo largo de la historia revela que, de continuar el aumento de la temperatura global, el glaciar podría cruzar un “umbral crítico” durante este siglo y entrar en un período de deshielo irreversible. 

El Totten retrocedería unos 300 kilómetros en los próximos siglos y descargaría enormes cantidades de agua, lo que contribuiría a una subida global del nivel del mar de hasta 2.9 metros y por lo tanto desaparecerían incontables ciudades costeras y puertos del mundo. 

A diferencia de la Antártida Occidental, cuya capa de hielo es mucho menor, la comunidad científica ha considerado que la Antártida Oriental se ha mantenido relativamente estable ante el cambio climático. 

Pero esa tendencia, apuntan los autores de este estudio, la está rompiendo ahora el Totten, como demuestra la gran cantidad de agua que pierde, lo que sugiere que este glaciar podría ser más vulnerable de lo que se pensaba. 

Si el Totten retrocede entre 100 y 150 kilómetros, su parte frontal se asentaría sobre una base de tierra inestable y aceleraría su deshielo hasta llegar al citado retroceso de hasta 300 kilómetros en “varios cientos de años”.

ACCIONES

Las catástrofes están entre nosotros, ocurren todos los días. Ya no vivimos el ciclo primavera-verano-otoño-invierno, ahora es incendios-inundaciones-sequías-lluvias invernales. Todo derivado del rompimiento del delicado equilibrio entre el uso de los recursos naturales y la sobreexplotación. Medidas como el “hoy no circula”, reciclar los desperdicios, erradicar el desperdicio de agua, combatir las deforestaciones, la arquitectura sustentable y ecológica así como prevenir incendios forestales son esenciales. Pero faltan las acciones individuales, esas que son hábitos vistos como “normales”: dejar abiertas las llaves de regadera y lavabo, lavar el coche a manguerazos, barrer el patio y la calle con chorros grandes de agua, dejar las bolsas de basura en la esquina, aunque no parezca también contribuyen a todos los horrores señalados arriba.

Y en medio de todo esto, la ignorancia de Donald Trump sacando a los Estados Unidos del acuerdo de París. Adoptado en 2015  por los 195 países miembros de las Naciones Unidas, este acuerdo estableció medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento del planeta… ME LEEN MAÑANA. 

Atril Dominical
José Manuel Pérez Durán
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