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No hay razón para espantarse ni hacer olas. Aquí y en China los sombrerazos y jaloneos protagonizados por defensores y detractores del matrimonio igualitario son herederos históricos de liberales y conservadores, heterodoxos y ortodoxos, vanguardistas y retrógrados.
Hoy es la legalización de la unión matrimonial entre personas del mismo sexo, ayer fue la abolición de la esclavitud en México y de la segregación racial en Estados Unidos, el derecho al voto de la mujer y la autonomía  de las naciones y comunidades  indígenas.
Los anteriores son sólo algunos ejemplos de la lucha entre el status quo y el rompimiento de lo establecido que han regido la historia de la humanidad. Las rasgaduras de las vestimentas y el grito desesperado por la “pérdida de la decencia y las buenas costumbres” resultan consustancial a las facciones del ala derecha, como también la beligerancia de las y los rebeldes con causa que han proliferado en la apología por las libertades de la gente.
Pero para poner en evidencia que no hay nada nuevo bajo el sol en materia de la conquista de derechos civiles y ciudadanos, es necesario echar un vistazo a las circunstancias en que se dieron los cuatro cambios sociales al inicio mencionados, y resaltar con ello que la sociedad no evoluciona por capricho ni por excentricidades de la “vida loca” o por la moda, sino debido a las necesidades de la gente.
Hasta hace treinta años todavía era mal visto ser catalogada de “madre soltera” y hoy es un hecho la categoría “jefa de familia”, esté o no presente el progenitor. Antes se rumoraban y eran tabú los “secretos de la vida conyugal”, hoy es materia pública el derecho al ejercicio de la sexualidad de mujeres y hombres, como también las conductas que implican violencia doméstica o de género. En materia de preferencias sexuales, hoy es delito discriminar y humillar con epítetos que antes eran de lo más “normal”. Ante esta realidad social y económica no hay dogma ni tradicionalismo que valga.

ABOLICIÓN
El enorme poderío territorial y financiero de la Corona Española, durante los tres siglos de dominio ibérico iniciado tras el descubrimiento de América financiado por los Reyes Católicos en 1492 hasta la caída de Felipe II en 1820 al instaurarse las Cortes de Cadiz, se basó en la explotación del oro y la plata de México y Perú, principalmente y, sobre todo, en el exterminio de los indígenas nativos y la sobreexplotación de los esclavos negros. Gran beneficiaria del sistema económico esclavista fue la jerarquía eclesiástica católica. Por eso, cuando el cura Hidalgo abolió la esclavitud el 6 de diciembre de 1810, en una de las acciones para pegarle a la economía novohispana e imperialista, los primeros en poner el grito en el cielo fueron los jerarcas católicos, los millonarios españoles y criollos que hicieron sus fortunas con la explotación de la mano de obra indígena y negra. Las “buenas conciencias” de entonces sentenciaron a Hidalgo y compinches insurgentes como herejes, Allende, Aldama, Jiménez y Abasolo; los excomulgaron, después de fusilarlos fueron decapitados y sus cabezas colgadas en jaulas de hierro en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, donde permanecieron diez años.
 
SEGREGACIÓN
En Estados Unidos, después de la Guerra Civil (1861-1865), resentidos por su derrota los estados del sur redactaron una serie de leyes para discriminar a los hombres de color.  Hipócritamente, a  este fenómeno se le llamó de “reconstrucción”. El proceso fue tan intenso y extenso que en 1877, con la elección de Rutherford Hayes como presidente de los EUA, la discriminación y el racismo eran habituales en ciudades como Nueva York, Boston, Detroit y Chicago.
Dado que los estados no podían eliminar los derechos de los negros al estar garantizados por la Constitución, se usó el término de “segregación” con el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales). La idea era que mientras “las oportunidades ofrecidas a ambas razas fueran iguales, la segregación era legal”.
La segregación surgió a raíz de las Leyes de Jim Crow (1876). En ellas se negaba el derecho al voto de los negros imponiendo una serie de requisitos como saber leer y escribir, tener posesiones y pagar un impuesto electoral. Pronto se instauró un régimen de apartheid en el que más de 13 millones de negros eran obligados a vivir separados del resto de la sociedad.
Hasta los años ’60, el musulmán Malcom X, nativo de Nebraska,  transitó de delincuente juvenil a activista del islam y al nacionalismo de la población negra en Estados Unidos y, al final, impulsor del pacifismo como forma de lucha contra la segregación. Misma pugna emprendida en los años ’50 y ’60 por el pastor baptista de Alabama, Martin Luther King.
Con todo y detenciones y agresiones policiales o racistas, el movimiento por la igualdad civil de Malcom y Luther fue arrancando sentencias judiciales y decisiones legislativas contra la segregación racial. Concedido a King en 1964, el premio Nobel de la Paz fue el aval mundial a esta lucha. Mas al igual que sucede a los “herejes” que van contra el stablesimenth, un destino funesto arrastra a los iniciadores del cambio. En 1965 Malcom X cae asesinado en Nueva York, y cuatro años después es ultimado Luther King.

MUJERES
El derecho de ejercer el voto por cualquier persona mayor de edad es visto ahora como algo absolutamente natural, pero es un derecho que costó mucho obtener no sólo en México sino alrededor del mundo. Todavía en el primer tercio del siglo XX, en la mentalidad machista y misógina de entonces era inconcebible que las mujeres las comunidades indígenas ejercieran el voto.
En el primer caso, el 17 de octubre de 1953 apareció en el Diario Oficial de la Federación un decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular. En México los primeros intentos datan de 1923, en Yucatán, entidad que  reconoció el voto municipal y estatal con tres mujeres electas para diputadas al Congreso local: Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib y Beatriz Peniche de Ponce. Además, Rosa Torre fue electa para regidora en el ayuntamiento de Mérida. Pero cuando el gobernador Felipe Carrillo Puerto fue asesinado en 1924, los ofendidos machos yucatecos obligaron a las cuatro mujeres a dejar sus puestos.
En San Luis Potosí, las mujeres obtuvieron el derecho a participar en las elecciones municipales en 1924 y en las estatales en 1925. Sin embargo, este avance se perdió al año siguiente. En Chiapas habían reconocido el derecho a votar a las mujeres en 1925.
En 1937 Lázaro Cárdenas envió una iniciativa de reforma al artículo 34 de la Constitución que permitiría votar a las mujeres. La propuesta fue aprobada por ambas cámaras y por las legislaturas de los estados, sólo faltaba el cómputo y la declaratoria para su vigencia. Pero esta parte nunca se concluyó porque dentro del Partido Nacional Revolucionario  –antecedente directo del PRI– se argumentó que el voto de las mujeres “podría verse influenciado por los curas”. Ni más ni menos.
Diez años después, el 17 de febrero de 1947 durante la presidencia de Miguel Alemán se publicó en el Diario Oficial la reforma al artículo 115 de la Constitución que concedía a las mujeres el derecho de votar… pero sólo en las elecciones municipales. Esta medida se consideró como un “gran avance” ya que les daba un lugar a las mujeres en la vida política del país aunque fuera muy restringido. A finales de ese mismo año, en una de las primeras jornadas electorales en Chiapas la mujer mexicana finalmente ejerció este derecho.
El 9 de diciembre, el presidente Adolfo Ruiz Cortines presentó su propia iniciativa de ley y desde 1954 la mujer obtuvo el derecho a votar en todas las elecciones.

INDÍGENAS
Como se sabe, México tiene una gran riqueza en la diversidad de los 62 pueblos indígenas del país; pero  pese a ello, con todo y las luchas por la Independencia, Reforma y Revolución Mexicana los pueblos y comunidades indígenas no figuraron dentro de la agenda nacional como verdadero tema de interés. Muchas comunidades indígenas quedaron sin reconocimiento de sus tierras y sin conocimiento de sus derechos, aunque en el año 2000 la Suprema Corte de Justicia de la Nación decretó el reconocimiento de personalidad jurídica a “los núcleos de población que de hecho o por derechos guarden el esto comunal, sin hacer distinción entre los que tengan títulos coloniales o de la Época Independiente y los que no tengan título, y si la Norma Fundamental no distingue, el intérprete tampoco puede hacer distinción”.
En la actual administración estatal se ha pugnado por crear en Morelos los municipios indígenas de Xoxocotla, Tetelcingo, Cuentepec yTetlama. Pero hay resistencias internas y externas por la vieja manía de tratar a las comunidades y  a otros grupos vulnerables en México como si fueran menores de edad.

“HEREJES”
El hecho es que en la Historia a los vanguardistas y rebeldes se les ha tildado, precisamente, de herejes, palabra cuya etimología latina es “opción” y en griego (airetikus o ereticós) que incluye a “todos aquellos actos que van en contra de lo establecido, de la norma…”. Las jerarquías de numerosas iglesias tomaron “hereje” en el sentido “inmoral” porque actúa contra las “buenas costumbres”, y como “ateo” por negar el dogma religioso.
Lo bueno es que ahora a los “herejes” del matrimonio igualitario no se les reprima como a los ateos de antaño, aunque no falten psicópatas al estilo de Omar Mir Seddique Mateen, el autor del atentado del pasado 12 de junio en la discoteca “Pulse” de Florida. Una de las conjeturas es que Omar era “gay de closet”, fue asiduo al lugar y  al no atreverse a aceptar su condición tomó como pretexto el terrorismo del Estado Islámico y perpetró la masacre. La pregunta es: ¿cuántos preocupados(as) y ocupados(as) y férreos detractores del matrimonio homosexual lo son porque, en el fondo, no se atreven a “salir del closet”?... ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán  /  [email protected]