El triunfo del populismo de la ultraderecha conservadora, racista, xenófoba y apegada a la Doctrina Monroe (“América para los americanos”, el mundo es de los Estados Unidos y México su traspatio), nos hizo olvidar que los triunfos populistas de Lula da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia y Hugo Chávez en el mejor momento de la izquierda venezolana también se basaron en la reacción contra los políticos tradicionales.
En México, la popularidad de Andrés Manuel López Obrador no fue debida a que “la gente le tenga miedo”, sino más bien a que los dueños de los grandes capitales hicieron suyo aquel estudiado y prefabricado slogan mercadotécnico de “es un peligro para México” por el que el erario público pagó una millonada a través de las prerrogativas al PAN, el partido de Felipe de Jesús Calderón.
En la reflexión dominguera de la antevíspera del aniversario 106 del inicio de la Revolución Mexicana sigue resonando el anuncio de la dirigencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de lanzar a una de sus comandantes como candidata a la Presidencia de la República. Opción radical de pasar de las armas al proceso electoral, o en la cancha ni bajo las reglas del juego del sistema político “tradicional”, es decir, de “transar para avanzar”; ni el de “joder a México”, sino mediante las estrategias mediáticas globalizadas que en el pasado le fueron de tanta utilidad al EZLN. Aquí hay que acotar que la Revolución Mexicana conjugó por igual populismo y lucha armada para derrocar al grupo enquistado en el poder. Será difícil que se repita tal dupla, a menos que se siga ahogando en la represión a los levantamientos populares como el que ahora prefigura la organización chiapaneca.
Antes de inscribir a Morelos en el clima preelectoral de 2018, es necesario recordar algunas circunstancias y hechos que dieron cauce al levantamiento de los pueblos en armas de 1910 que incluyó a caudillos de las tres clases sociales de México: el sector politizado de algunas familias terratenientes, como Francisco Madero y su revolución antireeleccionista; el sector intelectual y urbano, encabezado por los Flores Magón y su revolución por las libertades ciudadanas, y la revolución por la recuperación de las tierras de las comunidades campesinas dirigidas por Emiliano Zapata.
Aunque en Puebla es ampliamente recordado, pocas veces en el aniversario del inicio del movimiento de 1910 se rememora a detalle la convicción rebelde que propicio el asesinato de integrantes de la familia Serdán, activistas civiles de la clase media poblana y representativa de ese sector ayer y hoy, harta de los abusos del poder.

PUEBLA
Tal como ahora que los “memes” son fundamentales en el desahogo del auténtico sentir de los jóvenes –otro de los sectores agobiado por los gobiernos priazulados–, en aquel entonces la imprenta de Gilberto Carrillo, al mando de Aquiles Serdán, publicó el semanario “La No Reelección”, con un tiraje mínimo pero de espectaculares golpes propagandísticos antiporfiristas. En uno de sus números se decía que la República sería salvada no por los hombres acostumbrados a gobernarla en forma despótica, sino “por los hombres que no hayan manchado su conciencia cometiendo atentados contra la Ley”, algo que vendría a ser como la candidatura ciudadana de una comandante del EZLN la cual, dicho sea de paso, podrá tendrá amplia base social de mexicanas y mexicanas radicadas en Estados Unidos –siempre y cuando no hayan votado por Trump– y en países como Francia, España e Inglaterra. Del otro lado, de los que cometen “atentados contra la ley”, el saco les queda a muchos aunque hacen como que no se lo ponen.
Cuando se efectuaron las elecciones de 1910, Pancho Madero fue encarcelado y Porfirio Díaz declarado vencedor (igualito que Calderón y Peña); luego aquél liberó a Madero y éste emigró a Texas. Poco después, Aquiles Serdán se reunió con Francisco I. Madero y regresó a Puebla a finales de octubre, con la encomienda de liderar la rebelión anti reeleccionista en su ciudad natal.
El 17 de noviembre, el gobernador poblano recibió informes de que Madero había llamado a sus seguidores para que iniciaran la revuelta, el día 20, así que ordenó que a la mañana siguiente se realizara un nuevo cateo para detener a los Serdán.
Avisado de que el levantamiento corría peligro, ese mismo día Aquiles Serdán reunió a sus seguidores y propuso adelantarse a la fecha establecida. En la mañana del 18 de noviembre, cuatro policías al mando del coronel Miguel Cabrera efectuaron un cateo en la casa de los Serdán. Durante esta acción Aquiles, al abrir la puerta  de la casa y ver que era Miguel Cabera con la policía, le disparó matándolo; los rebeldes ocultos en la casa mataron al sargento Vicente Murrieta y capturaron al mayor Modesto Fregoso. Los demás policías presentes en el cateo, Blas López y Manuel Barroso, lograron salir con vida y dieron aviso al cuartel.
Mientras llegaba el resto de la policía, los rebeldes se organizaron en el interior de la casa. Al mando de Máximo Serdán se apostaron en la azotea de la casa, mientras que las mujeres de la familia Serdán y Aquiles se apertrecharon en la planta baja.
La batalla entre los policías y los rebeldes conspiradores duró cuatro horas y media, al término de la cual habían muerto Máximo Serdán y todos los conjurados que estaban en la azotea. Alrededor de las doce de ese 18 de noviembre y antes de que la tropa entrara a la planta baja para buscar a Aquiles Serdán, éste se escondió en un agujero del piso de su recámara que, formado por la remoción de las tablas, habían usado para ocultar armas. Su esposa, Filomena del Valle le ayudó a ocultarse colocando las tablas del piso en su lugar. Ahí estuvo catorce horas, en tanto las mujeres eran aprehendidas.
Como en el cateo y la búsqueda no había sido hallado Aquiles, unos veinte soldados se quedaron en la vivienda. Al dar las diez escucharon unos ruidos cerca del comedor que los alertaron. Estando al mando de la tropa, Porfirio Gómez y Francisco Lozano relataron la muerte de Aquiles. Contaron que alrededor de las dos de la mañana escucharon varios disparos provenientes del comedor, y que al llegar a ese sitio había nueve policías contemplando a un hombre muerto en la entrada de la estancia. Había intentado escapar a escondidas. Una vez encendidas las luces, se dieron cuenta que el muerto era Aquiles Serdán, de manera que dieron aviso a Joaquín Pita, el jefe político de la ciudad quien ordenó que el cadáver fuera llevado a la penitenciaría de la ciudad.

MORELOS
Ante la repetición del fraude para imponer a Porfirio Díaz en la Presidencia, agrupados en el club antirreeleccionista “Patricio Leyva” los jefes de los pueblos de Cuautla y Cuernavaca se organizaron durante los últimos días de diciembre para proseguir, ya no sólo las manifestaciones de protesta contra el régimen porfirista, también acciones de sabotaje. De cara a las noticias del asesinato de los Serdán y Puebla y el activismo de Madero, el 11 de marzo de 1911 Pablo Torres Burgos, Rafael Merino y Emiliano Zapata se amotinaron con gente de las comunidades de los alrededores de Villa de Ayala, desarmaron a la policía del pueblo y se leyó el Plan de San Luis Potosí en el kiosco de Villa de Ayala. Inició así la revolución maderista en Morelos. Los últimos días de ese mes, la gente amotinada saqueó las tiendas de Jojutla y Tlaquiltenango. En abril, jefes al mando de Zapata se apoderan de Yautepec y Jonacatepec. En mayo, en una de las batallas más sangrientas, Zapata en persona toma Cuautla y comienza poco a poco el lanzamiento del Plan de Ayala meses después. Se le denominará la revolución zapatista.

POPULISMO
No es el mismo en Brasil, con el triunfo de un líder sindical (Lula), que en Bolivia, con el ascenso al poder de las “minorías” indígenas lideradas por Evo y enfrentadas a las oligarquías mineras. Tampoco es el mismo populismo de un sargento bolivarista (Chávez), arraigado en el ánimo de una clase media empobrecida tras los gobiernos del jet set venezolano. En cambio, el populismo de Donald Trump es el del norteamericano promedio del “potato coach”, o sea, el de “papas y sofá” frente al televisor, consumidor por igual de hamburguesas y a veces de cocaína, como del sentimiento anti-inmigrante sureño tipo ku kux klan, del prejuicio clasista y de la economía mormona del norte yanqui.
La lección de populismo de base indígena-zapatista estará en manos de la candidatura del EZLN y sus bases de apoyo en México y el extranjero. Incluso perdiendo la Presidencia ante los poderes y dueños de facto de México, trabajadores de las ciudades, su clase media depauperada por la baja del poder adquisitivo y forzados a la economía informal junto a la población indígena de México ganarían una presencia política que en su momento adquirieron esos sectores en Brasil, Bolivia y Venezuela. Sería un paso más hacia el cambio que los mexicanos buscan para sacar a los sátrapas del poder que persisten.    

EL 2018
El asunto electoral en Morelos se pondría más o menos así: alianza PAN-PRD, con un candidato a gobernador que a partir del año próximo arranca una precampaña, en forma indirecta, con adhesiones entre albiazules y negro-amarillos. Algo así como un candidato ciudadano “palomeado” por las dirigencias de los partidos pero buscando el aval del reconocimiento social. ¿Pero los demás, qué? ¿Seguirían confiados en el viejo esquema de cuotas y el clientelismo político? Morelos podría tener su experiencia del populismo al poder, sin renegar de los cauces partidistas y las leyes electorales, pero esto sólo ocurre en las revoluciones sin más opción que las armas, como ya vimos con Madero en Coahuila, los Serdán en Puebla y los zapatistas en Morelos. Hoy la pregunta es: ¿populismo o revolución?.. ME LEEN  MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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