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Como ya se ha observado, los daños materiales por los huracanes suelen ser catastróficos, pero con las medidas preventivas adecuadas las víctimas disminuyen. Lo bueno es que los huracanes sí avisan, y lo malo es que los sismos no. La mayor razón para enfatizar la necesidad de estar preparados para unos y otros, es saber qué hacer y cómo organizarse en caso de una emergencia como la de hace 32 años en la Ciudad de México que se cumplen el martes 19. Asimismo, de los huracanes que cada año crecen en magnitud y capacidad devastadoras.  

La lección es que, según expertos del Sistema Sismológico Nacional, en cualquier momento puede ocurrir otro terremoto como el de 1985 que, por cierto, fue trepidatorio y oscilatorio y duró más de un minuto. Menos fuerte que el de la noche del jueves pasado, pero no letal para la capital mexicana porque esta vez el epicentro estuvo mucho más lejano que entonces. De cualquier manera, vale la pena participar en los simulacros, tres y un macro simulacro cada año. 

Como parte del recuento de los daños y de cara a los festejos patrios, no está de más recordar los fenómenos meteorológicos más potentes de los que se tiene registro en México y algunos detalles del terremoto de hace tres décadas. 

HURACANES 

Janet: El primero del que se tiene registro como categoría 5 de la escala Saffir-Simpson tocó tierra el 27 de septiembre de 1955 en el sur de Quintana Roo, devastando su capital, Chetumal, cuyas construcciones –la mayoría de madera– fueron arrasadas quedando un puñado en pie, con cientos de muertos y millonarias pérdidas.

México: Hasta ahora considerado el más poderoso del Pacífico, categoría 5 con vientos de hasta 260km/h., tocó tierra el 29 de octubre 1959 cerca de Manzanillo (oeste), dejando más de 1,000 muertos a su paso.

Beulah: El 16 de septiembre de 1967 atravesó la porción norte de Quintana Roo, a la altura de la isla de Cozumel, para regresar al Atlántico y ganar fuerza hasta alcanzar la categoría 5 antes de golpear el noreste de México y Texas. Cobró unas 40 vidas en territorio mexicano.

Liza: Registró la categoría 4 el 30 de septiembre de 1976, antes de golpear el sur de la península de Baja California. Dejó más de 1,000 muertos y decenas de miles de damnificados.

Gilberto: De categoría 5, tocó tierra el 14 de septiembre de 1988 por Cozumel antes de arrasar las playas de Cancún, para luego regresar al Atlántico y volver a golpear el noreste de México. Llegó a internarse en el antiguo cauce de un río seco en Monterrey, desatando una devastadora inundación y unos 200 muertos en la capital regiomontana. 

Paulina: Tocó tierra la tarde del 8 de octubre de 1997 en las costas Oaxaca para horas después internarse en Guerrero, con precipitaciones récord que provocaron un deslave en la zona montañosa de Acapulco. Murieron cientos de personas.

Wilma: El más errático y destructivo que ha golpeado México, tocó tierra como categoría 4 el 21 de octubre de 2005 por Cozumel para después arrasar por más de 48 horas a Cancún y la Riviera Maya. Dejó ocho muertos y más de 10,000 millones de dólares en pérdidas, sobre todo en lujosos hoteles. 

Manuel e Ingrid: De manera simultánea, uno entró como tormenta tropical en la costa del Pacífico y el otro como huracán en el Golfo de México, a mediados de septiembre de 2014. Causó 157 muertos y al menos 1.7 millones de damnificados. Un fenómeno inédito en la historia reciente.

Orlene: Tormenta sobre Baja California Sur, entre el 10 y el 13 de septiembre de 2016. Llegó a categoría 3 con inundaciones en el municipio de Cajeme, sin riesgos mayores para el resto de la entidad.

No es necesario radicar en las costas para padecer los estragos de un huracán. En Morelos menudean las inundaciones por la crecida de ríos y barrancas, utilizadas como alojamiento de zonas habitacionales. Un huracán es una tormenta tropical con fuertes vientos que circulan alrededor de un área de baja presión; cuando la velocidad de los vientos llega a 118 kilómetros por hora, la tormenta se convierte oficialmente en un huracán o ciclón. La parte más peligrosa de un huracán es la marejada ciclónica, la gigantesca ola impulsada por el viento que inunda la costa cuando entra a tierra. Una vez tierra adentro, ya sabemos los daños causados por los coletazos pluviales de un huracán.  

TERREMOTO

Ahí están, son más frecuentes de lo que creemos, y el hecho de no percibirlos implica, precisamente, reforzar las prevenciones. El viernes 19 de septiembre de 2014 se registró uno más, nueve minutos antes del de hace 32 años. Tuvo una magnitud de 3.5 grados, comenzó a las 7:12 de la mañana con epicentro a 23 kilómetros al oeste de Pinotepa Nacional, Oaxaca. Poco más de dos horas después de ese mini-temblor tuvo lugar el macro simulacro anual en la CDMX y en las capitales del país.

Las cifras del gobierno de México de aquel entonces, dejaron en seis o siete mil muertos y desaparecidos el saldo del 19 de septiembre de 1985, pero al paso de los años y los reportes de desaparecidos se llegó a la cantidad de diez mil fallecimientos. Otro cálculo aproximado fue que los daños alcanzaron la cifra de 400 mil millones de dólares por la destrucción que equivalió a una carga de mil toneladas de dinamita, según los expertos. En un apretado resumen-recordatorio, las siguientes son cifras que han salido con los años y algunos detalles más: 

Las personas rescatadas con vida de los escombros fueron aproximadamente cuatro mil; hubo gente que fue rescatada viva entre los derrumbes hasta diez días después de ocurrido el primer sismo. El número de estructuras destruidas en su totalidad fue de aproximadamente 30 mil, con daños parciales 68 mil. Por cierto, la vieja Torre Latinoamericana y la Torre Ejecutiva Pemex fueron casos excepcionales de ingeniería, pues ese terremoto no les causó daño alguno. Pero eso sí, dijeron testigos presenciales: se bambolearon como si fueran de hule, según se pudo ver después en videos subidos a You Tube en el terremoto de mayo de 2014. 

Los edificios más emblemáticos derrumbados o parcialmente destruidos durante el terremoto de 32 años atrás fueron el Hospital General de México, la unidad de ginecología y la residencia médica, falleciendo 295 personas entre pacientes, residentes y personal médico. Igualmente, los módulos Central y Norte del edificio Nuevo León en el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, los edificios del Multifamiliar Juárez, Televicentro, los Televiteatros (luego Centro Cultural Telmex), una de las Torres del Conjunto Pino Suárez de más de veinte pisos que albergaba oficinas del Gobierno y que actualmente es la Plaza Comercial Pino Suárez. El Hotel Regis, uno de los más famosos de la Ciudad de México, se vino abajo durante el terremoto y fue demolido totalmente en noviembre de ese año. También resultaron severamente dañados los hoteles Del Prado y De Carlo, este último ubicado frente al Monumento a la Revolución. En el mismo Centro Histórico y en la calzada de Tlalpan colapsó el edificio de las trabajadoras costureras, cuyo número de mujeres desaparecidas y muertas nunca pudo ser precisado. Se cayeron parcialmente sanatorios como el Hospital Juárez, el Hospital General y el Centro Médico Nacional, donde se llegó a rescatar a poco más de 2 mil personas, a pesar de que en el derrumbe quedaron atrapados tanto el personal como los pacientes que se encontraban en ellos.

BEBÉS

No hay que olvidar el milagroso hecho de los niños recién nacidos, algunos de ellos en incubadora, que fueron rescatados en hospitales derrumbados, destacadamente tres, dos niñas y un niño, sacados de entre los escombros del Hospital Juárez siete días después del terremoto. A esos niños se les conoció como “Los Bebés del Milagro” o “El Milagro del Hospital Juárez”. La razón de estos sobrenombres fue que en los siete días que estuvieron bajo los escombros los bebés estuvieron completamente solos, no hubo nadie que les diera de comer o beber, nadie que los cubriera y les diera calor, y a pesar de tener todo en contra los tres salieron vivos. Los capitalinos que vieron las imágenes recuerdan que al momento de rescatar al primer bebé (una niña), todos los equipos de rescate y trabajadores pararon e incluso apagaron toda la maquinaria a la espera del llanto del bebé, que vino unos instantes después corroborando que se encontraba con vida, narraron las crónicas periodísticas de esos días. 

DAÑOS

El recuento de los perjuicios incluyó doce de los edificios multifamiliares del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco y nueve del Multifamiliar Juárez tuvieron que ser demolidos. En los seis meses siguientes fueron derruidos más de 152 edificios en toda la ciudad, se recogieron 2 millones 388 mil 144 metros cúbicos de escombros, y tan sólo para despejar 103 vías principales fue retirado un millón y medio de escombros mediante 110 mil 600 viajes de camiones de volteo. 

Como se puede advertir, los sismos y huracanes entrañan grandes riesgos para nuestra vida, y los científicos trabajan para entenderlos. Por eso la necesidad conocer las distintas posibilidades que como sociedad tenemos para afrontar el peligro y reducir la vulnerabilidad ante ellos. 

CADUCO

En México pueden ser huracanes o temblores que por igual golpeen a la población, como si no fuera suficiente con gobernantes de bajo coeficiente intelectual, escándalos de corrupción, atentados a la supervivencia popular hechos pasar como inevitables –los gasolinazos y cero crecimiento económico. 

El otro peligro que no se debe a causas naturales: el de los gobiernos ineptos, insensibles y cínicos que sólo podrían ser erradicados con un huracán social y un terremoto cívico que remuevan los cimientos del actual sistema. Pero en tanto eso sucede, el estoicismo ciudadano tendrá festejos patrios, futbol, tele y similares entretenimientos para capotear el caos de país que sus administradores nos están dejando… ME LEEN MAÑANA.