Antes de salir de vacaciones, los diputados reformaron la Ley Orgánica del Congreso del Estado para no tener que separarse del cargo 90 y 180 días antes de las elecciones, continuar cobrando tanto salarios como dietas los que aspiran a puestos de elección popular y burlar, respectivamente, un acuerdo del Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana y una determinación del Tribunal Electoral Estatal. Descarados, no les importó verse ventajosos, vulgares burdos, corruptos que hace tiempo perdieron la vergüenza y engordaron los bolsillos. Beatriz Vicera, Jaime Alvarez, etc., etc., a lo mejor con las excepciones del caso si mantienen las peticiones de licencia que hicieron pocos días antes de las reformas perpetradas el viernes los priistas Aristeo Rodríguez Barrera y Leticia Beltrán Caballero así como el panista Víctor Manuel Caballero Solano. Este último, diciendo que pretende la candidatura de gobernador por Acción Nacional y, si se da como mucho indica puede ocurrir, por la coalición con el PRD y Movimiento Ciudadano a la cual presume aspirar también Juan Pablo Adame Alemán, hijo del ex gobernador Marco Adame Castillo que de esta manera tendría dos propuestas para la indiferencia –o la complacencia, según– de Ricardo Anaya. Típica la maniobra de apuntarse para la fiesta del rancho asegurando que van por el marranito y conformarse con la gallina (una diputación local plurinominal para el junior, una federal para Caballero, etc.), lo es porque el vástago de Marco está muy verde y, en la circunstancia de Víctor, por el “derecho de silla” mediante el cual el PRD exigiría la nominación de gobernador de la dicha coalición, para quién si no que para Rodrigo Gayosso Cepeda. El mismo que un par de semanas atrás fintó a los suspirantes de adentro y de afuera declarando que no quería ser gobernador y este fin de semana se apuntó oficialmente como precandidato a la gubernatura por el sol azteca… en tanto se materializa o no en Morelos la alianza con el PAN. Aderezado el acto del registro con la dosis de decencia que no tienen los diputados locales, lo hizo el secretario de gobierno Matías Quiroz Medina, advirtiendo que todo aquel funcionario que aspire a contender en las elecciones del 1 de julio de 2018 deberá renunciar en los próximos días, a la voz de ya, para que no descuiden la chamba que tienen encomendada. En fin, el deshojar sexenal de la margarita en el que, por un lado, es figura destacada el diputado federal Javier Bolaños Aguilar, coincidentes las opiniones en ámbitos tanto sociales como políticos respecto a que como candidato a gobernador por el PAN-PRD-MC sería un hueso de roer e igualmente para la alcaldía de Cuernavaca, incluso, yendo por este puesto sólo con el PAN, y por otro, la inminencia de que el Comité Ejecutivo Nacional del  PRI haga pública su definición de la candidatura a gobernador. Abusados, pues… MÁS viejo que Matusalén, el Rastro de Cuernavaca data del trienio 1970-73 cuando el presidente municipal era don Ramón Hernández Navarro. Moderno para aquella época, sacrificado en sus instalaciones el ganado y aves para el consumo de la ciudad, por décadas trabajaron ahí docenas de jefes de familia. Todo era actividad y dinero, no como hoy que sólo son matados aproximadamente 40 cerdos y 50 reses al día, insignificante esta cantidad ante las montañas de carne que llegan de la Ciudad de México a los supermercados. Un Rastro de tercer mundo al que, sin embargo, hay que seguirle metiendo dinero bueno al malo para mantenimiento y otros menesteres. De hacer uno nuevo Tipo Inspección Federal (TIF) ni hablar, a menos que el Ayuntamiento se aventara el tiro de un crédito para financiar construcción y equipamiento, con el riesgo de que le salga más caro el caldo que las albóndigas porque las cadenas de tiendas de auto servicio continúen “importando” cárnicos del ex Distrito Federal. Desahuciado, condenado a morir por inanición, en las condiciones en que se halla el Rastro de Cuernavaca desaparecerá irremediablemente. Autorizadas las administraciones municipales a que privaticen los rastros mediante convenios por veinte años con el Poder Ejecutivo que figurarían en los presupuestos de ingresos de 2018, a ninguna empresa le interesará el de Cuernavaca, pero sí algunos del interior del estado para, junto con la privatización de la basura hasta por treinta años, perpetrar el gran negocio que en nada beneficiará a los morelenses. Y quien lo dude, ahí está el servicio de recolección y traslado de los desechos sólidos de Cuernavaca, malo tirando a pésimo desde que en 2007 fue concesionado por el desaparecido alcalde Jesús Giles Sánchez… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]