Andarán bañados y peinaditos, uniformados, azulando de limpia la camisa blanca, perfecta la raya del pantalón planchado en tintorería pero sin corbata, pues el calor no lo permite. No llevarán los radios a volumen estridente sino bajito, y preguntarán al pasajero cuál estación prefiere para ponérsela. De pronto se volverán muy bien educados, corteses, amables, gentiles. Abrirán la portezuela para que suba el señor, la señora, el joven, la chica. No intentarán “ligar” a la soltera guapa, a la casada atractiva. Los autos que conducirán estarán rechinando de limpios, no olerán más a desodorante de vainilla y lo asientos no estarán cochambrosos. No manejarán como cafres, sino terso; pasarán los baches suavecito y ya no rebasarán por la derecha. Tampoco se detendrán para “cotorrear” de taxi a taxi con sus compañeros. Sólo hablarán por el celular cuando no lleven  pasaje y no entablarán conversación con el cliente, a menos que éste resulte platicador. Le darán trato preferencial a ancianos y minusválidos. Una vez cumplido el servicio, bajarán de la unidad para volver a abrirle la puerta al pasajero o la pasajera. Cobrarán lo justo y se despedirán deseándole lo mejor al cliente. Serán los mejores taxistas de México y puede que del mundo entero. Una verdadera maravilla… A todo esto se comprometieron los dirigentes de algunas agrupaciones de taxistas, entre otras la autodenominada Coalición del Transporte, delante de reporteros y del secretario de Movilidad y Transporte, Jorge Messeguer Guillén. Pero demasiado tarde, hasta hoy y no desde años atrás, por el miedo fundado de que los taxis Uber les coman el mandado. Tienen razón. Esta modalidad del carro rentado con chofer personalizado, la comodidad de unidades de modelos recientes y el pago preestablecido del servicio con tarjetas de debido o crédito amenaza darle la puntilla a los miles de familias que dependen de los conductores y concesionarios de los taxis tradicionales de Cuernavaca. Admitido por Messeguer algo que ya habíamos advertido aquí, que la empresa de los Uber llegó con un amparo federal de alcance nacional, reconoció que, no obstante que los taxis novedosos no tienen concesión del Gobierno Estatal, nada puede hacer para sacarlos de Morelos. De por sí años hace que los taxis de siempre dejaron de ser un buen negocio. El exceso de unidades produjo una oferta muy superior a la demanda, sobre todo en la capital a partir de 2006 cuando el entonces gobernador panista Sergio Estrada autorizó casi cuatro mil concesiones y, con el fin avieso de asegurar el negocio multimillonario mediante la venta de las mismas, metropolizó por decreto este servicio para que pudieran trabajar en Cuernavaca los taxis de Temixco, Jiutepec, Zapata y Xochitepec. La consecuencia son los taxistas circulando en busca de clientes escasos para poder sacar “la cuenta” del patrón, lo de la gasolina y el gasto de casa. Contaminan el aire quemando combustible de más, sumados al caos de movilidad causado por las “rutas” y el aumento del parque vehicular que hoy día registra un automotor por cada cuatro habitantes. Ojo: una historia, la de los Uber, que apenas se empieza a escribir, de repercusión social y daños económicos para un amplio sector de la población que naturalmente impacta al gobierno…  DEL correo del columnista: Soy frecuente lector del Diario de Morelos. En diversas ocasiones la columna Atril ha contribuido a reflexiones y concordancias. Lamento, sin embargo, la manera simplista en la que usted de manera general se refiere a las familias que viven en determinados fraccionamientos del estado. He de compartirle que vivo en Lomas de Cocoyoc, y si he de serle sincero mi casa tiene poco que ver con el término “mansión” (según la definición de la RAE) que usted emplea. No me considero “gente bien” ni he llamado “naco” a persona alguna independientemente de su poder adquisitivo o condiciones de desarrollo. Entiendo que usted enuncia una actitud que desafortunadamente ha estado presente en la propia historia del país, en donde las diferencias se acentúan y se hacen abismales, pero creo que también habría de reconocer que existimos personas que sin discriminar a otros o asumir una posición de primacía hemos logrado con esfuerzo contribuir al desarrollo no sólo en el ámbito personal sino colectivo. Espero la presente sirva para una reflexión de parte suya y le deseo salud para usted y los suyos... De acuerdo. Debí reflexionar: hay excepciones… ME LEEN MAÑANA.

Atril
José Manuel Pérez Durán

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