La fecha parece oportuna: 24 de mayo. Para entonces, las campañas de los candidatos a gobernador estarán a la mitad de su período; a esas alturas, los nombres los aspirantes al relevo sexenal –todos, la mitad, o uno de cada cuatro, qué yo– ya serán del conocimiento de la gente común porque los escuchó en la tela o la radio, los leyó en los periódicos o la casualidad lo topó con ellos. Ese será el día del debate de los candidatos a gobernador de Morelos, convocado por la delegación de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) o cualquier otra organización civil que lo desee y lo logre, y la asesoría del Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac) y el Instituto Nacional Electoral I(NE). Los detalles del encuentro son de suponerse: hora y lugar, temas, inevitablemente los ímpetus protagónicos de quienes pretenderán la conducción del acto y por supuesto los nombres de los participantes. Irá gustosa la única candidata, Nadia Luz María Chávez, del Partido Verde Ecologista de México; será la oportunidad de que  Jorge Meade Ocaranza, del Partido Revolucionario Institucional, insista en que no es un elemento afín al candidato Rodrigo Gayosso Cepeda; Alejandro Vera Jiménez (Panal) tendrá la prensa que no ha tenido, algunos electores se enterarán de que Mario Rojas Alba existe (Partido Humanista de Morelos), naturalmente, Alejandro Vera Jiménez (Panal) tendrá una intervención belicosa; si los demás se atontan (cabe, pero el columnista se resiste a poner otra palabreja) se llevará el debate Fidel Demédesis Hidalgo, el candidato independiente que acabó en eso porque Morena jamás le iba a dar la candidatura de “Rabín”, y si Víctor Caballero Solano da la nota será la primera vez que ello ocurra. Pero que nadie cuente con la presencia de Cuauhtémoc Blanco Bravo, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia conformada por PES, Morena y PT. Nuevamente saldrá con el pretexto de “me quieren echar montón”, justificará: “de tonto voy”. Y en esto tendrá razón. Pero no reconocerá que evadirá el debate por miedo a su ignorancia en otros y sobre todo en temas específicos de Morelos. Ciertamente, un desconocimiento sobre cuestiones básicas, elementales, primarias jamás vista en candidato alguno a gobernador de esta partecita de México. Pues sí, pero ello no es delito… A PROPÓSITO del 99 aniversario del asesinato del general Emiliano Zapata Salazar, que se cumple hoy, estos apuntes del archivo atrilero: Uno: ¿qué sucedió inmediatamente después de la muerte de Zapata con el mando del Ejército Libertador del Sur? Dos: ¿hasta dónde hunde sus raíces la tradición de la consigna de “tierra y libertad”? Tres: ¿hay datos precisos de la genealogía de la familia Zapata Salazar? En los primeros años luego del asesinato de Emiliano Zapata, fue reiterado el reclamo de la insuficiente distribución de la tierra y, por otra parte, décadas después el argumento oficial consistió en que se agotó la Reforma Agraria y hasta desapareció la secretaría federal que ostentaba tal denominación. Fue hasta el 28 de septiembre de 1920, diecisiete meses más tarde de la muerte del General, que el gobernador de Morelos, José G. Parres, médico del ejército zapatista, entregó a los pobladores de Anenecuilco los títulos provisionales que les daban derecho a las tierras de las extintas haciendas de Hospital y Cuauhixtla. Pero la forzada reconciliación no había resultado sencilla. A menos de una semana de la emboscada de Chinameca, el 15 de abril de aquel 1919, algunos generales zapatistas emitieron un manifiesto en que declaraban que seguirían con una triple tarea: consumar la obra de Zapata, vengar su muerte -–lo que se vio que no sucedería– y seguir su ejemplo, lo que tampoco ocurrió. Semanas después del asesinato continuaron actos de sabotaje contra el ejército federal en casi todo Morelos, como también de inmediato iniciaron las fricciones entre los generales del Estado Mayor de Zapata para elegir a quién debía sucederlo. El 4 de septiembre de ese año y a veinte semanas de la muerte de Zapata había cinco candidatos a sucederlo: Timoteo Sánchez, Mejía, de la O, Capistrán y Gildardo Magaña. Este último obtuvo 18 de los votos de los 30 generales participantes en la elección. Semanas después del asesinato continuaron actos de sabotaje contra el ejército federal en casi todo Morelos, como también de inmediato iniciaron las fricciones entre los generales del Estado Mayor de Zapata para elegir a quién debía sucederlo… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]