Hay que verlo para apreciarlo. Zona de hospitales en la delegación Tlalpan de la Ciudad de México. Ambulancias procedentes de municipios mexiquenses, de Puebla e Hidalgo permanecen estacionadas enfrente de las instalaciones hospitalarias. Han traído a personas enfermas. También se ven vehículos de pasajeros que acompañan a los pacientes. Gente de escasos recursos económicos, que no obstante los costos bajos de las tarifas de los sanatorios pero no así de las medicinas, ahorran el dinero del transporte en las idas y venidas de sus pueblos. Es esta una política social que beneficia a miles de personas. Como lo es en Morelos la Ruta de la Salud que, implementada por el DIF estatal, defiende con vehemencia la presidenta de la institución, Elena Cepeda, ante la oposición de concesionarios de rutas, tozudos, avaros. Un programa de transporte gratuito para personas con discapacidad, adultos mayores, mujeres embarazadas y menores de tres años de edad que sale de Buenavista y recorre los sanatorios de la capital hasta el conjunto hospitalario ubicado en Emiliano Zapata. Sólo pagan los acompañantes de pacientes, ocho pesos, equivalentes a medio litro de gasolina y, operados tres autobuses por la empresa Pullman de Morelos, para los ruteros “es un negocio” que evidentemente no lo es. Lo saben, pero hacen como que la virgen les habla; chillan mezquinos, codiciosos, históricamente negados los clanes familiares de dueños de rutas a invertir en la compra de combis o microbuses nuevos que sustituyan a las carcachas en las que se desplaza el 75% de la población morelense y de las cuales unas 17 mil son de modelos anteriores al 2005 que deberían estar en los “deshuesaderos”. Exhibida la miseria humana de los flotilleros del llamado Sistema de Transporte Colectivo con Itinerario Fijo, por el beneficio social que significa la Ruta de la Salud debe continuar, y la señora Cepeda tirarlos de a Lucas. No valen la pena… PERO como digo una cosa, digo otra. Recaudatorio más que nunca habida cuenta la crisis financiera del gobierno, poco tardaremos los automovilistas, motociclistas y choferes de vehículos de servicio público en ser atacados con multas de hasta casi cinco mil pesos so pretexto de la aplicación del nuevo Reglamento de Tránsito. Ejemplos: por pasarse la luz preventiva de los semáforos, 4,438.30 pesos, y la luz roja, 4,779.60; llevar a menores de 12 años en el asiento delantero, 2,048.40, y a pasajeros en la “batea” de camionetas pickup o camiones de carga, 3,414.00; porque el conductor o sus acompañantes no lleven puesto el cinturón de seguridad, 3,414.00 pesos, y los motociclistas que lleven las luces apagadas pagarán multas de 682.80 y 2,048.40 por falta del casco del conductor y el pasajero. Los conductores borrachos apoquinarán 4,438.20 pesos, y más si son choferes del transporte público: 5,121.00, además de 2,799.48 en los casos en que a partir de las seis de la tarde sean pillados con las luces apagadas. ¿Eso es todo? No. Los automotores deberán contar con espejos retrovisores, llantas en buen estado, tapetes, neumático de refacción, limpiaparabrisas funcionando, frenos perfectos, extintores de fuego, herramienta, señalización para emergencias y no cristales polarizados o parabrisas estrellados. De lo contrario, los policías de vialidad levantarán infracciones de 1,024.20 y hasta 4,096.80 pesos. Urdido el reglamento para que le entre dinero al gobierno, también lo es a modo de que suban de precio las “mordidas”. ¿Es todo?  Otra vez no. Aplazado por meses el arranque de los nuevos vereficentros y anunciado para que “ahora sí” empiecen a operar en junio, sus tarifas serán homologadas con las de la Ciudad de México, es decir, más altas que antes, de manera que entre las infracciones estratosféricas y la verificación los coches se convertirán en artículos de lujo… A PROPÓSITO de automóviles: ayer fue un día histórico para la planta ensambladora de Nissan Mexicana de Civac, y de alguna manera para Cuernavaca y Morelos. Quedó registrado como el día en que salió de la cadena de producción el último Tsuru, después de y treinta y tres años y 2.4 millones de unidades vendidas. Puestos a la venta en marzo los últimos Tsurus, valen poco más de 172 mil pesos. Dato curioso: en miércoles también cayó el día de julio de 2003 cuando de la planta de Puebla salió la última edición del Volkswagen escarabajo. Fueron tres mil unidades con costo cada una de 8 mil dólares, pero la que verdaderamente fue la zaguera no se vendió; la empresa teutona la llevó al museo de Volkswagen en Alemania… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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