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Una demostración de que la titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Arely Gómez González, no está protegiendo a Rodrigo Dorantes Salgado, sería que ordenara que éste fuera separado del cargo de delegado de la PGR en Durango. Transparente el trato al caso de las fosas de Tepalcingo por parte de la Fiscalía General del Estado pero grave por cuanto representa en términos sociales, el tema de las fosas de Tepalcingo ha sido políticamente aprovechado por el rector de la Universidad Autónoma del Estado Morelos, Alejandro Vera Jiménez. En una buena parte de la percepción social estos son dos hechos, y otro la responsabilidad de Dorantes porque siendo el procurador general de justicia de Morelos fueron inhumados de manera irregular 117 cadáveres en dos fosas del panteón de Tetelcingo, el 28 de marzo del 2014. Confirmada la comparecencia de Dorantes ante el Ministerio Público por el fiscal Javier Pérez Durón, ello deberá suceder este miércoles, y citado por medio de “su jefe jerárquico” (quién: ¿el coordinador de delegados o la propia procuradora?), pues no fue encontrado en su domicilio, para no venir a declarar tendría el pretexto de que no fue notificado personalmente. Ganaría tiempo, pero al final deberá comparecer. Mientras tanto, que sea o no destituido no depende del Gobierno Estatal sino de la voluntad política de su jefa, la señora Areli Gómez…  SE LOS cuento y muchos dudan que haya existido, pero por qué no: sicópatas sexuales siempre ha habido. El juez de personalidad solemne, el empresario con imagen de seriedad, el obrero explotado que no parece romper un plato o el sacerdote de modales mustios puede ser uno de ellos. Al de esta historia le pusieron “El Quemanachas”, porque quemaba “`pompas”. Se hizo famoso por allá de fines de los setenta o principios de los ochenta, así que sus víctimas que hoy son mujeres de la tercera edad probablemente recordarán los años exactos. Actuaba en las equinas del centro, mezclado entre la gente que esperaba el autobús para regresar a casa, ir al trabajo o la escuela. “Rutas” no había aún, de modo que los cuernavacences nos desplazábamos en los camiones trompudos de los Urbanos de Morelos, los Chapultepec y los de la línea Emiliano Zapata mejor conocidos como “chocolates” por los colores con que estaban pintados. Y “El Quemanachas” estaba ahí, listo para entrar en acción, armado de una jeringa llena de algún ácido, quizá de acumulador automotriz. Simulaba que iba a abordar el autobús, se arrimaba a las muchachas, sacaba de entre sus ropas la jeringa y empujaba el émbolo que arrojaba un chisguete sobre los traseros de las chicas. Unas aseguraban que habían escuchado llamarle Carlos, otras que Arturo y unas más que Rafael. Sus movimientos eran rápidos, sigilosos, nadie los notaba y tampoco la mujer que acaso sentía como si le hubiera picado un zancudo y no era sino hasta que ya estaba arriba del camión y alguna pasajera le decía al oído que su vestido tenía un agujero donde la espalda pierde su nombre cuando se daba cuenta que se acababa de convertir en una estadística del sicópata aquel. De pronto desapareció, si la policía lo agarró o no puede que la nota roja esté en las hemerotecas, pero lo que sí es que el loco de la jeringa fue una especie de mito urbano que el tiempo diluyó. Esta historia viene a cuento porque ahora mismo se dice que anda otro loco suelto. No un asunto menor. Fotografía a mujeres, principalmente en el centro citadino y en la zona de Chipitlán, para exhibir imágenes morbosas en redes sociales. Pero sólo si una de las víctimas reconoce su foto y denuncia el hecho, el Ministerio Público podrá abrir una causa por el delito de acoso u otro que considere procedente. Esto según el Consejo Ciudadano de Seguridad y Procuración de Justicia, cuyo director de Prevención del Delito,  Dante Chávez García, admite que la conducta del tortuoso mental sólo constituye un falta administrativa de acuerdo a los artículos 128 y 129 del Bando de Policía y Buen Gobierno de Cuernavaca. No es simple meterlo a prisión, ante lo cual las muchachas de la ciudad estarían frente a un delincuente reincidente, perfilado a la impunidad. Sin embargo, incluso sin que medie una o varias denuncias ministeriales algo debe hacer la autoridad. Digamos la Policía Federal, de cuya división de investigación cibernética dicen es capaz de encontrar una aguja en un pajar. Los policías también tienen hermanas, mamás, primas, esposas. Y dado que en la viña del Señor hay de todo, ¿qué tal si los retratos arbitrarios no los está tomando un loco sino una loca?..     ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]