La Plaza de Armas o los últimos sesenta y cinco años en la vida de Cuernavaca, modificado el centro neurálgico de la ciudad a lo largo de este período al menos siete veces, o sea, aproximadamente una cada ocho años. Iniciados los trabajos más recientes en febrero de 2016, con el paréntesis de la inauguración de la plaza misma en septiembre pasado y la continuación de los ensanchamientos de las banquetas por estos días efectuados por el gobierno de Graco Ramírez, cambiarán radicalmente el rostro citadino, vuelto un espacio semi peatonal más grande que un estadio de fútbol con un solo carril para el tránsito vehicular como ya sucede en una parte. Es la transformación a fondo del corazón urbanístico de Cuernavaca que incluye obras similares enfrente del Palacio de Cortés, en Lerdo de Tejada, que empezaron en abril, las que pronto serán realizadas en Gutenberg y Matamoros y, peatonalizada hace meses, se extiende a Guerrero. El cambio que no vieron los abuelos de ochenta y noventa años, cuando en la década de los cincuenta eran niños y presenciaron la modificación del entones llamado Jardín Morelos, retiradas las bancas metálicas (algunas subsisten en el Jardín Juárez) y en su sitio empotrado un círculo de asientos de cemento. Andando el tiempo, la explanada sufrió otras modificaciones hasta quedar como el Jardín de los Héroes, representados en un laberinto de estatuas José María Morelos, Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Jaime Nunó y Francisco Bocanegra. Antes, el predio había visto de frente al Mercado Colón que desapareció el 15 de septiembre de 1910, al cumplirse el centenario del inicio de la guerra de Independencia de México y ser puesto en servicio el Mercado Municipal (o Del Reloj), en la confluencia de Clavijero y Degollado. A mediados de los sesenta, las estatuas fueron retiradas y enviadas a cabeceras municipales y colonias de la capital, naciendo la Plaza Cívica a la que aún se podía darle vueltas en coche. Pero a fines de los setenta fue otra vez cambiada, esta vez por el gobernador Armando León Bejarano. En los albores de 1992, Antonio Riva Palacio efectuó la octava (¿o séptima?) remodelación de la plaza que con el nombre de Jardín Morelos fue inaugurada el 15 de septiembre, anclada en el centro la estatua del “Morelotes” que fue llevada del costado sur del Palacio de Cortés y en 2010 regresada a su enclave original. Reformado en 2011 el lado oriente, la desaparición del Puente del Mariachi amplío la perspectiva de la explanada. Y ya que todo esto es historia, puede haber oposiciones mas no alteraciones de la realidad. Dirigente de la autodenominada Federación Auténtica del Transporte, Dagoberto Rivera Jaimes, quien se asume como el típico “Contreras” que va contra todo cuanto provenga del gobierno de Graco Ramírez, como el “Morebús” o la modernización de microbuses y taxis, por estos días amenaza con “acciones de protesta” por parte de concesionarios de rutas y locatarios de las plazas Lido y Degollado versus “el proyecto” de un sólo carril en vialidades del centro. Alardea con que “no lo va a permitir”, pero, ¿quién es él para autorizar o aprobar lo que más que un proyecto es ya una realidad? Puestas las protestas de Rivera en la analogía del perro que le ladra a la luna, tienen lugar en el contexto político de la actualidad. A veces arrimado al obispo Ramón Castro y otras al rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, Dagoberto puede aspirar a una candidatura de diputado local por el partido Morena. Nadie debe impedírselo, puesto que pretender cargos de elección popular es un derecho político de cualquier ciudadano. Sin embargo, depende de los modos. A Alejandro Vera le asiste el derecho ciudadano de aspirar a la gubernatura, pero no a utilizar el puesto de Rector de la máxima casa de estudios de Morelos como plataforma de un plan estrictamente personal. Cobijado este martes en su quinto informe al frente de la UAEM por los diputados federales Javier Bolaños Aguilar, Matías Nazario Morales y Lisbeth Hernández Lecona, legisladores locales del PRI y el PAN, un representante del obispo Castro y el alcalde citadino Cuauhtémoc Blanco Bravo, el quinto informe de Vera fue más que un evento político-futurista un acto académico-administrativo. Y hubiera sido válido éticamente… con la sola condición de que el informante renunciara al cargo de Rector para perseguir su objetivo personal de la búsqueda de la gubernatura. Caso también del “Cuau”, refugiado en el campus Chamilpa mientras las familias que habitan en la Torre Torre Latinoamericana bloqueaban la avenida Morelos luego de estar un mes sin gota de agua potable… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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