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Nunca el escándalo, el desaseo político, las sospechas de corrupción, el cinismo,  la vulgaridad habían envuelto al Ayuntamiento capitalino como en la actualidad sucede. Y conste: los viejos cuernavacences hemos visto pasar a más de un presidente  municipal corrupto. El supuesto o real contrato por siete millones de pesos que para ser el candidato a la presidencia municipal le habrían pagado los dueños del Partido Social Demócrata (PSD) a Cuauhtémoc Blanco, genera la percepción social de que Cuernavaca está siendo gobernada por una pandilla de rufianes. Echados del Ayuntamiento, dejados fuera de las expectativas de negocios por los “moches” de constructores de obra pública, de proveedores y las “mordidas” en áreas tradicionalmente “productivas” como Gobernación, Licencias, Protección Civil, Tránsito y más los carnales Roberto y Julio Yáñez se vengaron revelando la existencia del dicho contrato. Es tanto su coraje y codicia, que no les importa ponerse en evidencia ellos mismos y, jugándose el todo por el todo en una partida de tahúres de la política, tampoco parece interesarles que el partido de su propiedad, el PSD, esté en peligro de perder el registro electoral. Investigado el caso del contrato a Cuauhtémoc por la Unidad Técnica de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral (INE) que abrió el expediente INE/UTF/DA-F/2014/16, como en una diligencia judicial los indiciados fueron citados a comparecer este lunes. Debieron ir y presentar documentos probatorios, se pena que de no hacerlo serían sancionados con multas de 500 salarios mínimos,  para personas físicas, y de hasta de 100 mil salarios para personas morales. Roberto Yáñez afirma que tiene el contrato en su poder, así que deberá probar cómo y con qué pagaron a Cuauhtémoc los siete millones de pesos, remitiendo al órgano fiscalizador del INE copia del cheque, estado de cuenta bancaria, depósito, transferencia o crédito de banco. Metidos en camisa de once varas, si los Yáñez no acreditan que el origen del dinero fue lícito podrían ser objeto de una investigación por parte de la Procuraduría General de  la República bajo la presunción del delito de lavado de dinero, y el mismo Cuauhtémoc enfrentaría un problema con el Servicio de Administración Tributaria (SAT) de la Secretaría de Hacienda por evasión fiscal. De manera paralela, asegurando que la firma del contrato le fue falsificada el ex futbolista profesional interpuso una denuncia en la Fiscalía General del Estado, pero ello no le bajo el volumen al escándalo, se lo subió. Manejándose en la opacidad tal cual ha venido haciéndolo, Cuauhtémoc y sus titiriteros son un peligro para Cuernavaca. No han informado a los cuernavacenses, con datos transparentes y comprobables, de dónde salió el dinero para los camiones nuevos de la basura ni sobre las “empresas altruistas” que supuestamente donaron los trabajos de repavimentación en las avenidas Domingo Diez, Palmira y otras arterias. Por eso la gente con dos dedos de frente sospecha de un gato encerrado en una jaula negra, de un misterio que ningún diputado ha podido o querido desentrañar y que, rebeldes durante unas semanas pero enseguida domesticados, para los regidores del bloque “de oposición” tampoco es tema el origen de las repavimentaciones, ni de los empresarios que las “donaron” porque a lo mejor el compromiso en lo oscurito fue con los Yáñez y ahora el alcalde nada tiene qué cumplirles. Realizados los trabajos de repavimentación pocas semanas antes de que comenzara la temporada de lluvias, la gente se entusiasmó, Cuauhtémoc estaba haciendo lo que edil alguno había hecho en los últimos quince años, así que no les interesó saber cómo, sólo que alguien estaba ocupándose de los baches. Tampoco repararon en el pavimento delgado, en la mala calidad del material y la obra hecha al garete que no aguantaría los aguaceros, como muy pronto sucedió. Pasa al final que lo que mal empieza, mal acaba. Cuauhtémoc, el ex futbolista famoso que jamás vivió en Cuernavaca, engañó a los cuernavacences; mintió ostentándose vecino permanente de la capital de Morelos exhibiendo un contrato de arrendamiento de una casa en la colonia Lomas de Cortés donde el vecindario nunca lo vio pero sí a Roberto Yáñez, pues la habitó pocos meses antes. La gente que votó por él para que fuera su  presidente municipal dijo que lo hacía porque no es político. Esa fue la idea del marketing electoral que le vendieron y la compraron, pero el electo resultó tan falso como los políticos… ME LEEN MAÑANA.

 

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]