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Mutuo propio o puede que aconsejado por Jorge Meade Jr. o José Manuel Sanz, el comportamiento del alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo da la impresión de que optó por un perfil bajito. Nada de muertito, a lo mejor puesto quieto desde que a fines de junio fue agarrado in fraganti y al parecer negociado el proceso penal que lo imputa con la condición de que se deje de bravuconerías y no entre en temas mediáticos. Un caso entre otros, el de la calle Guerrero con el comercio formal ahí establecido a favor de que continúe cerrado a la circulación vehicular contra los comerciantes de los pasajes Lido y Degollado que pugnan porque vuelva a ser peatonal. Pendiente de que sea abordado por el cabildo, el estudio de ingeniería vial que ya ha sido propuesto sería sólo  y sustentar la decisión que no puede ser otra más que reabrir Guerrero al tráfico de automotores particulares y taxis, y acaso dejarla peatonal solamente los fines de semana, digamos, a partir de las tardes de sábado a las noches de domingo. Esto por la obviedad de que la topografía de Cuernavaca no da para calles peatones, estrechas y accidentadas como son la mayoría de las arterias de una ciudad como la nuestra que nació y creció sobre colinas y entre barrancas. Algo de suyo lógico que hasta la cabeza del alcalde y aspirante a gobernador entiende, pero presuntamente impedido de hacer ruido por el asunto del robo de dos camiones y otra unidad automotriz que fueron extraídas de instalaciones del Ayuntamiento de Cuernavaca en un golpe, por decir lo menos, torpe, mal planeado y peor ejecutado. El autor intelectual y los ladrones materiales se olvidaron de las cámaras de video vigilancia que ubicaron en tiempo y lugar la sustracción y el destino de los objetos sacados de la Secretaría de Infraestructura Urbana y de Obras y Servicios Públicos, en la colonia Revolución la madrugada del lunes 5 de junio pasado. Las imágenes salieron en la televisión. Minutos antes de que una llamada reportó que habían sido hurtados, cámaras del C5 del Gobierno Estatal de Morelos captaron los camiones y la maquinaria saliendo de la dicha colonia. Eran escoltados por un vehículo utilitario y una patrulla de auxilio turístico del Ayuntamiento rumbo a la entrada a la Ciudad de México, cuyas cámaras los siguieron a la delegación Iztapalapa, quedada para entonces la camioneta de apoyo a turistas en el entronque de la carretera. Transmitidas la mañana del viernes siguiente las imágenes en el programa de Carlos Lores de Mola, la sensación de los televidentes fue la de un auto robo, por el sitio del hecho y la unidad turística usada como escolta. Vía telefónica, Loret entrevistó al comisionado de la Secretaría de Seguridad Pública, Alberto Capella Ibarra, éste detalló la posibilidad del auto robo y aseguró incluso que ya había tres detenidos de Huitzilac. Sin embargo, nadie de la Comuna salió a declarar al respecto; “el “Cuau” se guardó en la privacidad de su casa, su secretario técnico José Manuel Sanz se atejonó y también se ocultó el titular de la dependencia municipal donde fueron robados los camiones. Ninguno apareció en los medios para rechazar o confirmar la hipótesis del auto robo, se atravesó el fin de semana, quedó sin respuesta la pregunta de si confesaron los detenidos ante la autoridad correspondiente, Capella no dijo más y los “malpensados” lo imaginamos negociando el perdón a Cuauhtémoc a cambio de que desde entones éste le bajara a “eso” que el lector está pensando. Pero “haiga sido como haiga sido”, como gobernante responsable de cuanto sucede en la Comuna, Cuauhtémoc tiene un grave problema. Se supone que el proceso está vivo. En las imágenes de las cámaras no se vio que los camiones cargaran las estatuas de Genovevo de la O y de las “Adelitas”, una sedente y otra parada, que según la denuncia del Ayuntamiento también fueron hurtadas, no así el “Zapatita” del que inicialmente se dijo fue sustraído en el mismo evento. La estatua ecuestre del caudillo suriano que estaba en la Plaza de Armas, pequeña pero no por ello inpreciada por la gente de Cuernavaca, arrumbada cerca o en el mismo sitio de donde se llevaron los camiones del Ayuntamiento… EL problema del rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, y su cónyuge Elena Ávila Guerrero no es cómo justificar la compra de una casa de seis millones 400 mil pesos: con salarios que mínimo suman 160 mil pesos mensuales, aguantan una hipoteca de 50 mil. Su problema es de imagen, justo cuando los trabajadores de la casa de estudios no reciben sus sueldos y al igual que la burocracia dorada la pareja se da vida de reyes… ME LEEN MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

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