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Secretario de Desarrollo Económico y Turismo del Ayuntamiento, Juan Diego Pons Díaz de León, le atiza al alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo, involuntariamente, sin que esa sea su intención. Presume las clausuras de 26 antros por vender alcohol a menores de edad en los veinte meses que van de la administración del ex futbolista, pero añade que en el mismo lapso la “comisión especial” integrada por regidores ha autorizado la apertura de 44 establecimientos con venta de bebidas etílicas. Señala: en Cuernavaca existen 2 mil 400 negocios considerados como giros rojos, los que “constantemente” son objeto de operativos para revisar la documentación (licencias de funcionamiento, uso de suelo, etc). Antes de que rompiera lanzas con Cuauhtémoc, en febrero de 2016 el entonces secretario general de la Comuna, Roberto Yañez, aseguraba que el 70 por ciento de los restaurantes y bares de la ciudad no contaban con las dichas licencias ni tenían permisos para expender alcohol, y culpaba al anterior presidente municipal, Jorge Morales Barud, de “solapar la corrupción” de los inspectores pues por 10 o 20 mil pesos permitían que los establecimientos operaran en la ilegalidad. Sin embargo, entonces como hoy el Ayuntamiento se evidencia omiso en el tema de las bebidas adulteradas, no obstante representar un problema mayor que los antros irregulares, de salud pública. De acuerdo a números de la Procuraduría Federal del Consumidor, en México 4 de cada 10 botellas que se comercializan son de marcas apócrifas, y el tequila y el mezcal las bebidas más adulteradas. Según organizaciones civiles, en el país se venden y sirven en cantinas, restaurantes y “changarros” del comercio informal alrededor de 25 millones de litros de alcohol apócrifo. Pero todo esto, urgido de ingresos, no parece importarle al Ayuntamiento. Con apenas dos años y pico que llegó a radicar en Cuernavaca, es natural que Cuauhtémoc Blanco no acabe de conocer Morelos ni sepa de historias como ésta: Fulminado un número elevado y hasta hoy impreciso de personas que ingirieron mezcal con metanol, diciembre de 1994 marcó el inicio del que sería el sexenio más accidentado de los últimos tiempos, en términos políticos y sociales. Intoxicados por la ingestión de mezcal adulterado, el día 12 cayeron los primeros 19 muertos y luego de cinco días la cifra aumentó a 38. Pasada una semana, la estadística oficial de decesos aumentó a 43 y poco tardó en subir a sesenta, pero incluso habiendo superado seguramente el centenar jamás se sabrá el número verdadero de fallecimientos. Ninguna familia de las víctimas fue indemnizada. En medio del escándalo nacional y los reproches ante la ausencia de medidas de prevención por las que no se evitó la mortandad, después del niño ahogado el gobierno tapó el pozo. El martes 13 los Servicios Coordinados de Salud decretaron la “ley seca” en Mazatepec, Coatlán del Río, Miacatlán, Tetecala, Emiliano Zapata, Xochitepec y desde luego Temixco, por ser el origen de la intoxicación. El viernes 16, el cerco sanitario fue extendido a Puebla, Hidalgo, Guerrero, Estado de México y el Distrito Federal, temiendo que les llegaran las botellas de mezcal con metanol. El domingo 18, la Policía Judicial agarró al primer detenido, Luis Federico Díaz Rubio, copropietario de la destilería de la cual salió la bebida mortal. Andando las semanas y los meses, fueron encarcelados dos más de la misma familia, y César Cruz Ortiz destituido del cargo de alcalde de Temixco e inhabilitado para volver a ocupar un puesto público durante ocho años que se cumplirían en 2003. Cuatro años más tarde, en mayo de 1998 caería el último gobernador priista, Jorge Carrillo Olea, imputados altos mandos de la Policía Judicial de que en lugar de combatir el secuestro estaban vinculados con bandas de plagiadores. Como si una cosa llevara a la otra, fue en la década de los noventa cuando comenzó a escalar la inseguridad pública. El crimen organizado sentó sus reales en Morelos, el líder del cártel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes, se avecindó en Cuernavaca e hizo de la ex hacienda La Luz de Tetecala su quinta de descanso; bandas rivales de narcotraficantes sembraron de decapitados el territorio estatal, Arturo Beltrán  Leyva, “El Jefe de Jefes” que a sangre y fuego se había apoderado de “la plaza”, sería abatido por la Marina Armada en diciembre de 2009 y, aunque en menor nivel, desde aquella época la inseguridad ciudadana continúa… ME LEEN EL DOMINGO.

Por José Manuel Pérez Durán

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