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Alejandro Vera se aferra al cargo de rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Cualquiera en sus circunstancias no querría renunciar al salario, al presupuesto y a la tribuna política que da la representatividad de la comunidad universitaria. Admite que es investigado por la Procuraduría General de la República por una presunta desviación de recursos federales, pero pone oídos sordos a la “sugerencia” del todavía presidente de la mesa directiva del  Congreso local, Francisco Moreno Merino, en el sentido de que por el bien del prestigio de la UAEM pida licencia y deje el puesto. Pero no todo le ha salido como él quisiera. Su asesor y director de comunicación de la UAEM, Javier Sicilia, no fue recibido por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sino por el subsecretario Luis Enrique Miranda, este miércoles en la Ciudad de México. Se encorajinó, sabe que en las letras, la academia y la política hay niveles, pero no lo aceptó. Estaba quedando mal con las huestes que llevó a Bucareli. Habituados ahí a las manifestaciones de veras tumultuosas, no los amedrentó la caravana de concesionarios de rutas que condujo el poeta metido a activista político, y tampoco los apantalló que éste fuera arropado por los senadores del PRD y de Morena, Fidel Demédesis Hidalgo y Rabindranath Salazar Solorio. Al final pasa que de política está harta la gente de Morelos y de Cuernavaca particularmente, ocupada y preocupada en menesteres que le atañen directamente; la subsistencia económica, pues, en una época que como en la actual el horno no está para bollos. Así que me dice uno de mis cuatro lectores: “sería bueno que de vez en cuando los periodistas le cambien de canal”. Expresado el reclamo por  uno de los choferes de rutas que anteayer manejó al ex De Efe, cercano el “grito” de Independencia, lo intento en esta entrega. La del “grito” es la única ceremonia oficial que abarrota de mexicanos las plazas públicas de pueblos chicos, medianos y grandes; que atesta la Plaza de la Constitución de la capital del país y desborda la Plaza de Armas de Cuernavaca. Vibra la muchedumbre, reedita el fervor patrio que nos recuerda a los héroes que nos hicieron libres, deseada la utopía de que si viviera el cura Morelos los habitantes de este pedacito de México viviríamos. Prohibida hasta hoy en nuestra ciudad la venta de elotes durante las noches del “grito”, eso fue hace quién sabe cuántos años porque el gentío de abajo lanzó una lluvia de elotazos a los políticos que se daban un baño de pueblo desde lo alto del balcón central del Palacio de Gobierno. El incidente quedó para la anécdota, igual que otra de cierto alcalde que leía con voz muy delicadita el acta de Independencia cuando desde el anonimato de la explanada alguien le grito: “¡habla como hombre, cabrón!”, y las carcajadas se oyeron hasta el Palacio de Cortés. Sin embargo, no todo ha sido fiesta en algunos septiembres. En el de 2013 la tormenta “Manuel” golpeó al estado hermano de Guerrero. Inmisericorde, letal el zarpazo meteorológico  causó daños hasta la fecha no resarcidos totalmente no obstante los 37 mil millones de pesos que el gobierno ofreció a los damnificados para reconstruir casas, puentes y caminos. Pasado por agua medio país, agarrado a dos chorros por el huracán “Ingrid” y “Manuel” que atacaron las costas mexicanas del Atlántico y el Pacifico, el noveno mes de tres años atrás fue aciago… Aquí, más de un septiembre enmarcaron sucesos violentos que, si sacudieron a la sociedad de entonces, fue porque conservaba la capacidad de asombro: 20 de septiembre de 1987. Es asesinado a tiros el juez federal Pedro Villafuerte Gallegos, afuera de su casa de la colonia Reforma. Para investigar el caso, cuatro días después llega a Cuernavaca el posteriormente desaparecido jefe de la Interpol-México, Florentino Ventura. De la muerte del juzgador fue imputado un grupo de narcotraficantes originarios del poblado serrano de Corral de Piedra municipio de Chichihualco, Gro., que pocos días antes se habían evadido de la antigua penitenciaría de Atlacomulco saliendo por el portón disfrazados de celadores… En septiembre del 87 y en la misma prisión, la madrugada del 16 fue ultimado el piloto norteamericano Robert Nelson Read. Cuatro reos fueron señalados como los autores del homicidio. Irrumpieron en la celda 14 donde dormía el aviador, abrieron el candado de la reja reventándolo con una varilla de 80 centímetros de longitud y usando la0 misma u otra  “punta” uno de los sicarios  le asestó un “piquete” al gringo, matándolo… ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]