Los vientos de hasta 60 kilómetros por hora y las lluvias invernales que dos semanas atrás se abatieron sobre la Ciudad de México tiraron árboles, postes y espectaculares. Pero también limpiaron el aire. Los capitalinos estaban felices, tuvieron días de transparencia inesperada. Coronados de nieve, el Popo y el Izta lucieron esplendorosos. No lo logró el gobierno, lo hizo la madre naturaleza pero poco les duró el gusto a los veintinueve millones de personas que pueblan el Valle de México. Atrapados en una contingencia atmosférica de consecuencias ominosas como dicen los expertos no habían padecido hace catorce años, están respirando veneno. Así que, incapaces de resolver el problema al cien por ciento, el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera y el gobernador del estado de México, Eruviel Ávila, se reparten culpas. Mancera prohibió la circulación de vehículos aunque no les toque el “hoy no circula”, incluidos de las entidades limítrofes que conforman la Megalópolis, ente ellas Morelos, y Eruviel cerró ayer el paso al Edo-Mex a los camiones de la basura que produce la gran capital, quince mil toneladas diariamente. Mitigan la emergencia pero no la abaten, imposible de acabar de un plumazo con la contaminación que generan otras fuentes nefastas y sobre todo el aproximado de siete millones de vehículos automotores que hay en la gran capital más los que llegan de las entidades circundantes. Es cuando a los cuernavacenses nos cae el veinte de que vivimos en una tierra bendita, libre de inundaciones cual ocurren en el sureste y en otras regiones del país, en ese clima aún privilegiado al que estamos habituados y por eso no apreciamos plenamente. Pero cuidado: según el  secretario de Desarrollo Sustentable del Gobierno Estatal, Topiltzin Contreras MacBeath, en Cuernavaca se realizaron estudios específicos que señalaron la existencia de altas concentraciones de contaminantes no sólo en las alturas, también a nivel de calle y, obvio, si demostrado está que el 87 por ciento de la contaminación es producida por los automotores, es consecuente la insistencia de modernizar el parque vehicular y con más las unidades carcachas del transporte público. Algo que no obstante otras y las condiciones económicas deben acordar el gobierno y la sociedad… antes de que el destino nos alcance a los de Morelos como ya les ha sucedido a los habitantes de la Ciudad de México… Es que la historia enseña pero muchos no aprendemos. Cuernavaca, Jiutepec, Emiliano Zapata, Temixco, Xochitepec y Yautepec registran problemas iguales y/o parecidos pero históricamente el gobierno los ha tratado por separado. Comenzaron a acentuarse en la mitad de la década de los ochenta por efecto de la inmigración de familias defeñas huyendo de los sismos de septiembre de 1985, y crecieron de la manera exponencial que hoy afecta la calidad de vida del millón de habitantes de los municipios conurbados del valle de Cuernavaca. Juntos la capital, Jiutepec, Emiliano Zapata, Temixco y Xochitepec producen unas tres mil toneladas de desechos sólidos en días normales y casi el doble los fines de semana. Depositadas las montañas de basura en tiraderos a cielo abierto, generan una contaminación brutal, envenenan el agua, la tierra y el aire. Yautepec y Xochitepec terminaron pegados a la plancha de concreto cuyas dimensiones sólo son apreciables sobrevolándola, ya no observándola por las noches desde el mirador de la autopista México-Cuernavaca como hace años hacíamos los automovilistas. Donde hasta los setentas hubo campos de arroz, caña, maíz y flores sembraron casas; fue sustituido el verde de los sembradíos por el rojo de los tabiques y el negro del asfalto. Ruteros y taxistas se apoderaron de calles, avenidas, boulevares. Puestos todos los días en circulación vehículos nuevos y subsistentes los viejos, las unidades de servicio público y particular así como los automotores con placas del Distrito Federal y Guerrero pero aquí radicados suman unos cuatrocientos mil, y por eso la cotidianidad de los conflictos de tránsito agudizados por la falta de alternativas de vialidad y los bloqueos de grupos inconformes por equis o zeta. Esto aquí, y en estos días en el ex Distrito Federal la contingencia de la atmósfera durante lo que queda de esta semana y parte de la siguiente, sólo entonces bajado notablemente el nivel de la contaminación gracias al éxodo de millones de capitalinos por el “puente” de este sábado al lunes y enseguida por la Semana Mayor. Respirar aire limpio no tiene precio… ME LEEN EL DOMINGO. 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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