Estrenado por estos días de hace diecinueve años, en el arranque del gobierno de Sergio Estrada Cajigal el hasta ahora conocido como penal de Atlacholohaya –no Cereso– tuvo que ser construido porque en la antigua Penitenciaría de Atlacomulco no cabía un interno más. Había sido edificada en la década de los treinta, durante la administración de don Vicente Estrada, abuelo de Sergio, pero, proyectada para trescientos reos, ya albergaba a mil quinientos. En aquel caso el problema de la sobrepoblación tardó siete décadas para hacer crisis, contra sólo dos de Atlacholohaya que hace no mucho tiempo está sobrepoblado. ¿Por qué? Que hoy día hay más delincuentes que antes podría ser la explicación. Y la solución, construir una nueva penitenciaría, para lo cual el titular de la Comisión Estatal de Seguridad (CES), José Antonio Ortiz Guarneros, declara que hay disponible un terreno de 53 hectáreas en Yecapixtla que, según él, vale dos mil quinientos millones de pesos. Lo cual sería otro problema, por un lado, merced a la sospecha del “moche” a que, cierto o no, da lugar toda compra de gobierno, sobre todo cuando se trata de sumas millonarias, y por otro, habida cuenta la austeridad del gobierno de AMLO que gasta poco y nada cuando puede. Puesto el tema de los también llamados ceresos en los últimos días octubre pasado por las dos riñas en Atlacholohaya que dejaron un saldo de siete asesinatos, tuvo que surgir la desgracia para que les fuera aumentado el salario a los custodios, necesarios ochocientos más en ese penal y en las cárceles distritales de Morelos, afirmó después el propio titular de la CES, para lo que, digo yo, difícilmente habrá dinero… Pero si mal de muchos es consuelo de pocos, el asunto de la crisis penitenciaria nacional aparece en escena de vez en cuando. Recurrente el tema, parte del texto de un Atril de enero de 2005 podría ser de hoy mismo: Comenzó con la fuga de tres narcotraficantes de las Islas Marías y, apenas se daba a conocer la noticia, el día siguiente del Centro de Readaptación Social de Zacatecas se escapaba otro narcotraficante bajo el “montaje” de que fue liberado por un comando armado. Después se supo que no, que nueve empleados, entre ellos el director, el subdirector y hasta el médico del penal, además del jefe de seguridad y custodios fueron consignados ante un juez federal, por encontrarles elementos suficientes como probables responsables en la participación de la fuga del reo. Luego vino lo que seguramente causó el encono del narco: el regaño colectivo a los reos del penal de La Palma, del que todo el país fue testigo a través de la televisión, cuando en un patio de esa prisión los delincuentes más peligrosos de México fueron reprendidos como escolapios. De manera que no fue un hecho aislado la ejecución de tres empleados y tres custodios del Cefereso de Matamoros, ocurrida al otro día de la regañiza televisada en horario “triple A”, como tampoco lo fue el asesinato del abogado Leonardo Oceguera Jiménez, defensor de los capos Osiel Cárdenas Guillén, Benjamín Arellano Félix y Arturo Martínez Herrera. Este crimen sucedió apenas habían transcurrido unos días de que la PGR anunciara que investigaba a una red de abogados que presuntamente operaban como “correos” de jefes del narcotráfico. Sin embargo, el tema carcelario no terminó ahí, suicidado el director de la prisión de Tecamachalco, Pue., y cesados los tres principales directivos de igual número de centros penitenciarios de Sinaloa. Por si fuera poco, un interno del Centro Penitenciario “El Hongo”, de Baja California, atentó contra su vida. Una crisis penitenciaria que se agudizó con el homicidio de Arturo Guzmán Loera, El Pollo, al interior de La Palma el último día de 2004, puso en jaque a una administración federal que demostró ineptitud. De nada sirvieron las declaraciones del secretario de Gobernación, Santiago Creel, que con rostro endurecido creyó atemorizar al narco cuando declaro que la guerra contra éste va en serio. O las afirmaciones que al Sistema de Radio y Televisión Mexiquense hizo el presidente Vicente Fox, cuarenta y ocho horas antes de las ejecuciones de Matamoros y difundidas por la Presidencia de manera casi simultánea al macabro hallazgo en la ciudad fronteriza: Así estuvo: Conductor: ¿Podemos aspirar los mexicanos a que al término de su administración los mexicanos contemos con un sistema penitenciario que sea manejado por gente honesta? Fox: “No tengas la menor duda. Nosotros vamos a redoblar esfuerzo, a dar la madre de todas las batallas como la estamos dando en contra del crimen organizado, el narcotráfico y ahora en este caso en los penales federales”… Ajá… (Me leen el lunes). 

 

José Manuel Pérez Durán
jmperezduran@hotmail.com