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Arribar al Zócalo por la cuesta del boulevard Juárez, imposible, así que el automovilista gira a la derecha. Pero en Las Casas tampoco fluye el tráfico vehicular, atorada la fila larga esperando el “siga” del semáforo, estacionadas en doble fila las “rutas” que levantan pasaje, sudando la gota gorda la agente de vialidad en la esquina de Leyva y frenados otra vez carros de modelos recientes y viejos ante el semáforo de Humboldt. Han pasado veinte minutos desde que usted giró por Las Casas para rodear y subir por Gutenberg cuando en el cierre de la esquina de Clavijero se encuentra con dos opciones: o desiste de su empeño o estaciona en el edificio Las Plazas, el único lugar al que sospechosamente ($$$) siempre da acceso un policía de tránsito. La hora “pico” de las salidas de las escuelas y la proximidad del final de la jornada de trabajo mantienen atrapados a miles; el embotellamiento es colosal, furiosas contra el gobierno las señoras yendo a recoger a sus hijos, apretados los pasajeros de las “rutas” que sin previo aviso cambiaron sus derroteros mientras otros ruegan al taxista el servicio que niegan pues “ni estando bien pacheco entro al centro”. El pasmo vehicular ha atrapado a media ciudad, del Polvorín al Calvario, Juárez, Humboldt, Leyva, Palmira, Obregón, Cuauhtémoc, Plan de Ayala y las transversales. De por sí insufrible, el circuito del marcado Adolfo López Mateos es un soberano desmadre por el cierre del tramo donde se cayó la fachada del edificio años ha levantado al lado del canal tapado del manantial del Pilancón. Los atajos también se hallan atascados. A tanta gente varada le toma una hora los recorridos que en condiciones normales hace en diez minutos. Encabronada, y perdone el lector la palabrota, se pregunta: ¿y ahora por qué? Después se enterarán: porque Antorcha Campesina nuevamente se ha apoderado de la Plaza de Armas. Quince mil antorchistas, alardeó desde anteayer la vocera de este movimiento, Juana Moreno Cervantes, acompañada  de la regidora de Emiliano Zapata, Soledad Solís Córdova. Que vendrán a apoyarlos “comisiones” de Hidalgo, Querétaro, del estado de México y del ex Distrito Federal, de modo que para la mañana del próximo lunes debieron haber salido de tres puntos: Morelos, Plan de Ayala y Tlaltenango. Quieren, exigen, reclaman lotes para viviendas y la regularización de una escuela preparatoria en Zapata. ¿Y a mí qué?, se preguntan en  esos momentos los terceros afectados, docenas de miles de automovilistas, usuarios de rutas y taxis y gente de a pie. Adelantada la crónica, lo es porque nada hay que evite la anarquía, tajante la advertencia del secretario de gobierno, Matías Quiroz Medina, en el sentido de que recursos no tiene el  Ejecutivo para comprar terrenos y dárselos a los antorchistas; que un edificio para la secundaria no puede ser construido de un día para otro y de la manera  como se encuentra no puede ser regularizada pues no cumple las condiciones académicas que exige la federación. ¿Y a mí qué chingaos me importa eso?, insistirá el conductor que mienta madres en medio del gran embotellamiento, lo sabe: uno más y los que vengan. El lunes, los dirigentes de organizaciones de comerciantes volverán a quejarse por ventas bajas, reeditarán su viejo reclamo sobre la reglamentación de las marchas y para no variar ninguna autoridad los “pelará”. Los meseros y los dueños de restaurantes perderán dinero, los policías batallarán con peatones y automovilistas, los reporteros y los camarógrafos cubrirán  el evento… y los antorchistas amenazaran con regresar si el gobierno no les cumple sus exigencias. O sea y excepto que surja algún incidente, todo “normal en Cuernavaca donde no existen alternativas de vialidad, hecha la última, la avenida Teopanzolco, treinta años atrás, y pronto vueltos insuficientes el puente que une Domingo Diez con Palmas así como el Puente Azul que conecta Obregón y H. Preciado. Ciudad la nuestra de topografía accidentada y calles estrechas, aquí el problema de la movilidad humana es endiabladamente complicado porque, además, por cada tres personas hay un vehículo automotor. Y así ni para dónde hacerse, avisado el lector desde ahora de que, si puede, no salga el lunes. Ya que los chamacos casi salen de vacaciones, un día menos de clases no los hará más aplicados ni menos burros, faltar a la chamba un día no es causa de despido justificado, y los que tienen negocio para qué abrirlos si nada venderán… ME LEEN MAÑANA.

Por:  José Manuel Pérez Durán /  [email protected]