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Era la época en que algunos periodistas advertíamos: México se puede colombializar. “Exagerados”, rebatía la clase política local, miope su conveniencia basada en el argumento endeble de que la muerte del jefe del cártel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, el 2 de abril de 1993, impediría que algún día Morelos estuviera igual o al menos parecido a Colombia. Pero Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, ya operaba desde aquí, relajada por segura su instalación en una mansión cercana a la Casa de Gobierno, estratégica por estar a media hora del aeropuerto de Tetlama y a una de su quinta de descanso en la ex hacienda de La Luz de Tetecala. Falsa o realmente muerto Carrillo el 4 de julio de 1997 en una cínica privada de la Ciudad de México, cuatro meses después aparecieron los cuerpos de tres de los médicos que participaron en las cirugías de reconstrucción facial y de liposucción a las que fue había sido sometido el auténtico o falso narcotraficante. Cuatro años antes, el 1 de diciembre de 1993 Escobar era abatido a balazos por el denominado Bloque de Búsqueda que tras rastrearlo durante diecisiete meses lo ubicó en un barrio de Medellín. Antonio Riva Palacio vivía su último año como gobernador de Morelos y Jorge Carrilo Olea se alistaba para sucederlo pero por cuatro años solamente en un sexenio de tres Jorges que completaron Morales Barud y García Rubí. Apoltronado el PAN por primera vez en la gubernatura de Morelos, el narcotráfico también contaminó la administración de Sergio Estrada Cajigal cuando, acusado su coordinador de la Policía Ministerial, Agustín Montiel López, por la Procuraduría General de la República de proteger trasiegos de droga del capo Juan José Esparragoza, “El Azul”, el 6 de abril de 2004 fue detenido por agentes federales. Sin embargo, a los morelenses nos aguardaban todavía otras sorpresas. Arturo Beltrán Leyva sería ultimado por un grupo de élite de la Marina Armada, el 16 de diciembre de 2009 en el conjunto residencial de los Edificios Altitude sólo una semana antes que se había evadido de las fuerzas federales que lo coparon en la “narcoposada” del Fraccionamiento Limoneros en Ahuatepec, en donde, incluido un puñado de taiboleras traído de Acapulco, según las crónicas también estuvieron Edgar Valdés Villarreal, “La Barbie”, Sergio Villarreal, “El Grande”, y tocaron Los Cadetes de Linares, Ramón Ayala y sus Bravos del Norte y Torrente. Una más: imputados de tener vínculos con Beltrán Leyva, el 15 de mayo del mismo año policías federales ya habían detenido a los entonces secretarios de Seguridad Pública Estatal y del Ayuntamiento y del Ayuntamiento de Cuernavaca, Luis Ángel Cabeza de Vaca y Francisco Sánchez, éste libre desde el 25 de mayo del 2012 y aquél a punto de recuperar la libertad, según se publicó el sábado... Y bueno, a Bogotá viajó otra vez el gobernador Graco Ramírez, la semana pasada. Reunido con el jefe de Oficina de Planeación de la Policía Nacional, Fabián Laurence Cárdenas Leonel, resaltó el trabajo de colaboración que Morelos mantiene con la Policía de Colombia desde hace dos años, lo cual permite avanzar en la certificación y profesionalización en la Academia de Estudios Superiores en Seguridad… LA CORPULENCIA de Humberto Gallegos Enríquez destacaba en una mesa de amigos. Estaban otros estudiantes de la Universidad Autónoma de Morelos y Jorge Meade Ocaranza, a la sazón presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, la temible FEUM de hasta los setenta cuando tuvo lugar esta anécdota: De pronto alguien ajeno al grupo le pegó un balazo en el estómago a Humberto, pero éste no se inmutó, sólo dijo: “me pegaron”, al hospital lo llevaron y sobrevivió. La muerte, que suele respetar a los valientes, no lo llamaría sino hasta octubre del año pasado. Director de la Facultad de Contaduría, Administración e Informática, integrante del Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos, titular de Difusión Cultural y secretario de Extensión de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Gallegos fue, sobre todo, un buen sujeto. El viernes le rindieron un homenaje, merecido de veras a este hombre de Cuernavaca, al gordo de la sonrisa permanente, al amigo de tantos cuernavacenses por oriundez o adopción, entre ellos el columnista. Es en ocasiones así que uno se acuerda de estas palabras de Nezahualcóyotl: “Como una pintura nos iremos borrando, como una flor nos iremos secando, aquí sobre la tierra”... ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán