Vas al Oxxo para comprar lo que sea. La fila de clientes está adentro de la tienda, no afuera porque ahí quema el sol. Se te repega la mujer que está atrás de ti, y entre ella y la mujer de adelante te hacen sandwich. La sana distancia les vale madre. Quedas aprisionado, rodeado de refrigeradores, exhibidores y de niños y adultos. Te preocupas, te acomodas el tapaboca, no puedes evitar pensar: “estas cabronas me pueden contagiar”. El encargado del negocio ignora tu protesta, voltea la mirada a otro lado, desoye la mentada de progenitora que le dedica la chica con voz chillona que acaba de entrar. Hacinada, la clientela forma dos filas que terminan junto a la puerta de salida y empiezan en el mostrador de las cajas.

Los tapabocas delatan personalidades y condiciones sociales. Hay desechables de manufactura corriente y fijos de buena calidad, también caretas de plástico transparente que suponen mayor protección. Algunas y algunos los traen colgados del cuello, abajo de las narices, así que de nada les sirven aunque sienten que andan protegidos. Pero otros y otras no traen tapabocas. Un sujeto descubierto del rostro habla con el “viene-viene” del estacionamiento.

Se nota que se conocen, que se llevan pesado. Le dice una estupidez al tiempo que le avienta una moneda: “¡Ni que fuera perro para traer bozal!”. Risas. Escenas parecidas se ven en los supermercados. Se supone que sólo puede entrar una persona por carrito, pero matrimonios e incluso familias se las arreglan para penetrar por separado, adentro se reencuentran y acaban formando grupos, que es precisamente lo que en la cuarentena la autoridad trata de evitar. Lo mismo pero en otra escala sucede en el mercado ALM, contundentes como como nunca antes las medidas sanitarias dictadas por la autoridad municipal pero inevitables los riesgos dada la magnitud de la concentración de clientes y comerciantes. Hallándose el estado de Morelos en la curva del Covid-19 con el reporte de 153 defunciones al cierre del domingo, pese a la expectativa de que en los últimos días de mayo y los primero de junio las cosas empezarán a mejorar, el camino por recorrer se avizora largo aún.

El antes y el después de la pandemia llegaron para quedarse, cambiaron a Morelos, a México y el mundo. La diferencia la hará el descubrimiento de la vacuna, que ojalá llegue pronto. Mientras tanto, en el hoy ominoso el añadido de otro mal que se ceba sobre todo en gente pobre: las muertes por alcohol adulterado, 139 en el corte del jueves en Jalisco, Veracruz, Yucatán, Puebla y Morelos. El vecino Puebla destaca como el estado más castigado, con sesenta casos contados el jueves en los municipios y juntas auxiliares de Chiconcuautla, Chignahuapan, Xochitlán Todos Santos, Zacatlán, Huaquechula, San Francisco Totimehuacán y San Miguel Canoa, las dos últimas comunidades en la capital. Y Morelos con 29 en Telixtac (Axochiapan), Jonacatepec y alguna otra localidad del oriente donde este fin de semana la Secretaría de Salud reportó dos pacientes dados de alta.

De regreso al tema de la pandemia, esta nota de las científicas del Comité Municipal de Contingencia Covid-19, para que la gente mantenga la cuarentena y no incurra en la irresponsabilidad de “a mí no me da”: Cuernavaca mantendrá la alerta. Ello porque está previsto que a finales de mayo repunten los casos de contagio, como resultado de la actividad social que hubo con motivo del 10 de mayo. O sea, que se contagiaron en reuniones del Día de las Madres y en las próximas dos semanas podrán contagiar a otros. Esta es la mala, y la buena, que se espera que en junio disminuyan los contagios. Dios así lo quiera... (Me leen después).

 

 

José Manuel Pérez Durán

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