Considerados así en las reglas no escritas de la política, porque las circunstancias les son favorables o cumplen ciertas condiciones, el panorama del siguiente proceso electoral no parece ser la excepción. Lo único que lo haría diferente sería el aplazamiento del arranque de la contienda electoral, no en septiembre sino semanas después debido –adivinó el lector– a la pandemia del Covid-19 que tantas cosas de la política y la vida en general ha trastocado. Así pues, son vistos como candidatos lógicos a diputados federales los alcaldes de cabeceras municipales que a la vez son cabeceras distritales. Sobre todo los que visten la camiseta de Morena: Antonio Villalobos Adán (Cuernavaca, por el distrito I); Rafael Reyes Reyes (Jiutepec, II); Jesús Corona Damián (Cuautla, III); Ángel Flores Bustamante (Jojutla, (IV), y Agustín Alonso Gutiérrez (Yautepec, V). Este último, postulado en 2018 por del PRD pero enseguida auto pintado de guinda. Los mismos que, si no la diputación federal, tienen la opción de buscar la reelección municipal, excepto Alonso pues reelecto ya fue en el proceso anterior.

Otras son las circunstancias de los diputados federales. José Guadalupe Ambrosio Gachúz, quien en 2003-2006 llegó a la alcaldía de Jantetelco por el partido México Posible (una organización emergente que ganó esa única posición y en automático perdió el registro), después coqueteó con el PRD de Graco Ramírez y, “firmes” sus convicciones “ideológicas”, en el proceso anterior jugó por Morena, de modo que en el siguiente lo mismo podría volver a participar por Morena que por otro partido que le acomode. Juana Guerra “luce” como candidata natural del color guinda a la presidencia municipal de Cuautla, no por ser precisamente de izquierda sino porque en 2018 cayó accidentalmente en el regazo prieto. Algo parecido al actual diputado federal Alejandro Mojica Toledo, para Cuernavaca, originalmente priista, ex diputado local por dos partidos distintos, en 1988 candidato perdedor del PRI a diputado federal y en la actualidad ni remotamente lopezobradorista, lo cual no es pecado pero sí maroma propia de politiqueros rumbo a 2021. ¿Sabía el lector sobre un masculino llamado Samuel Calderón Medina y dos femeninas de nombres Brenda Espinosa López y Alejandra Pani Barragán? Conocidas en sus casas a la hora de comer, sus nombres se hallan en la lista de diputadas federales.

En el PAN no tienen problemas. Émulos de la Familia Sagrada, luego de que en las elecciones de 2018 el clan de los Terrazas se agarró la primera regiduría de Cuernavaca para Adrián, rumbo al 2021 éste ya tendría apartada para sí la candidatura a la alcaldía citadina, o una curul local, o una diputación federal, lo que sea con tal de no quedar desenchufado de la ubre presupuestal, según la corrupción nepotista que opera su hermano Óscar Daniel desde la presidencia del PAN estatal. No por sabido el panorama del PRI deja de ser gris. Peor que en las elecciones de 2018 no les puede ir a los tricolores. Aspirantes tiene para dar y prestar; otra cosa será dinero para las campañas que con todo y austeridad no saldrán baratas. ¿Cuánto la de alcalde de Cuernavaca? Varios millones de pesos que ni en sueños le darán al candidato en el otrora partido aplanadora. De ahí que la pelea interna por las candidaturas plurinominales será encarnizada. Como presidente estatal del PRI, Jonathan Márquez está en la ventaja de agandallarse una “pluri” de diputado federal o local. Por cualquier cargo de elección directa jugaría para perder. Y Jorge Argüelles Victorero, del PSD a lo que caiga... (Me leen después).

 

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN

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