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Tatuada para siempre la fecha en la historia de esta parte de México con palabras de dolor y destrucción, pasadita la una de la tarde de este día se estarán cumpliendo dos semanas del temblor más letal que haya golpeado al estado de Morelos. El corte del último recuento oficial lo confirma: 74 personas fallecidas, 20 mil casas afectadas de las cuales la mitad presentan daños graves, 302 planteles educativos con afectaciones de los que 17 deberán ser demolidos, edificios públicos como el del mercado de Zacatepec que también serán derruidos, o el del Congreso del Estado que quedó inutilizable pero por ahora no se sabe si será derribado o es susceptible de reparación. Y en medio de todo ello, la acusación hecha a la ligera de que “la esposa del Gobernador se roba las despensas para las elecciones” que “justificó” la rapiña de la noche del jueves anterior en la bodega del DIF ubicada a media bajada de la cuesta de Chapultepec. Sesenta toneladas de víveres y objetos varios, una parte de la cual no llegó a los damnificados pues se la quedaron los saqueadores, unos doscientos que se amotinaron al conjuro de las redes sociales disparado, sin duda, por algún sujeto que sabía lo que estaba haciendo: provocar caos y confusión. Y en seguida más la política artera, hecha la afirmación en un video por el obispo Ramón Castro Castro de que tres camiones con provisiones que venían al centro de acopio de Cáritas en el Seminario de Cuernavaca fueron detenidos por “las autoridades” y “se llevaron el contenido al DIF”. Castro no preciso cuáles “autoridades”, si fue la policía de vialidad, la preventiva del mando único o la federal; tampoco proporcionó la o las marcas de los vehículos, las placas, los nombres de los choferes o los testimonios de los mismos, así que, al ser verdad o mentira sus dichos, por endebles muy pocos le creyeron pero mediáticamente se salió con la suya. Esto, no obstante que pasó el fin de semana sin que se sepa el Obispo haya o no respondido al video de la noche del viernes en el que el comisionado de Seguridad Pública Estatal, Alberto Capella Ibarra, lo retó a que diera “datos certeros” sobre la supuesta (o real) retención de tres tráileres con víveres que tenían como destino Jantetelco. Eso dijo Capella, y también que buscará, para que sean sancionados con qué si no que con cárcel, a los responsables del pillaje sin que tampoco se supiera que el fin de semana que lo hubiera había hecho. ¿Recapacitó o recibió una contraorden para no agitar más las aguas?  Para las elecciones del uno de julio de 2018 faltan nueve meses y cinco días, y seis meses para las campañas que arrancarán el uno de marzo. ¿Tiene sentido “robarse” las despensas con antelación de medio año y almacenarlas durante tanto tiempo con el riesgo de que eventualmente sean descubiertas? No. Pero sí está en la lógica administrar la ayuda, para los damnificados, ir almacenando una parte y dosificando las existencias pues pasarán días, semanas y meses, la seguirán requiriendo los damnificados y la ayuda que hoy es abundante e incluso parece sobrar disminuirá con el paso del tiempo. La transparencia, pues, es la clave, anunciado con este propósito anteayer por el gobernador Graco Ramírez un fideicomiso en el que participen personas de la sociedad civil para que vigilen que los recursos del Fondo de Desastres Naturales serán aplicados a la construcción y reparación de viviendas. Mientras tanto, cuadros de desgracia con los que sólo los canallas medran. Jojutla: una veintena de fallecidos, 300 viviendas y comercios colapsados así como mil 550 inmuebles dañados; gente durmiendo adentro de coches, en casas de campaña y en la calle sobre colchones o sábanas para vigilar que no les roben lo poco que les quedó. Y los testimonios de los momentos infortunados que no olvidarán: –Sólo escuchamos que todo comenzó a crujir, (y) fue entonces cuando nos salimos corriendo. Vimos primero que la casa de enfrente se cayó y luego la de nosotros…  –Yo estaba en el área de oficinas, sólo escuchamos un estruendo, que fue cuando se cayó el campanario. Salimos y vimos que había polvo por todos lados, pero gracias a Dios todos salimos con bien…  –Había polvo por todos lados y la gente decía que fulanito o sutanito estaba debajo de los escombros; entonces, los que estábamos bien y podíamos, porque muchos estaban como idos, comenzamos a ayudar... Y así la tristeza hasta cuándo… ME LEEN MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

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