¿Cómo saber a ciencia cierta si cajeros y cajeras de bancos hay involucrados con asaltante a cuentahabientes? Imposible no es, sólo habría que hacer las pesquisas que la policía no ha hecho. Digamos, investigar de manera aleatoria a cajeros y cajeras, después de lo cual las y los sospechosos serían obvios:  los y las que gastan más de lo que sus salarios se lo permiten, que se les comprueben amistades raras. Algo que por sencillo extraña no haya hecho la Policía de Investigación Criminal de la Fiscalía Estatal. Quizá por exceso de trabajo, una condición de laboriosidad incesante a la cual no escapa la delincuencia que no descansa ni en estos días de tragedias causadas por el terremoto más poderoso y letal de que tengamos memoria en esta parte de México. Reléase, si no, el recuento de algunos robos a clientes de bancos que subrayamos en nuestra edición de ayer, consignados cuatro casos en lo que va de este mes, entre ellos el del señor que retiró 600 mil pesos de un Bancomer de Lomas de la Selva y dos sujetos armados se los quitaron 600 mil pesos en la avenida San Diego, el martes 3, y una semana después, el episodio del señor al que una pareja de facinerosos le quitó 90 mil pesos que sacó de una sucursal de banco en la colonia Domingo Diez. Meses atrás, el comisionado estatal de Seguridad Pública, Alberto Capella Ibarra, puso a disposición de los cuentahabientes que suelen retirar cantidades altas de dinero a policías para que los cuiden, acompañándolos al banco. Fue cosa de telefonear y pedir el apoyo, pero evidentemente pocos o nadie le tomaron la palabra… porque nadie confía en la policía. Corresponsables de la seguridad de sus empleados y sus clientes, los dueños de los bancos, que son mayoritariamente extranjeros, son también parte del problema pero autoridad alguna osa molestarlos, ni federal ni estatal. Avaros, codiciosos, invierten poco y ganan mucho. No gastan en seguridad, así que policías armados no hay en los bancos. Contratan poco personal, lo explotan, les prohíben que formen sindicatos. Las cajeras (os) no se dan abasto; apenas acaban de atender uno y ya se acerca otro cliente. Entregan sumas grandes de efectivo delante de todos, así que todos lo ven. Variada la gama de personas que esperan, hay señoras y señores, jóvenes y viejos, empleados y dueños de negocios, clientes habituales que saludan por sus nombres al personal. Gorras y lentes oscuros están prohibidos. ¿Y de qué sirve? También recibir o hacer llamadas por el celular. Sin embargo, muchos los usan, “watsapean”, checan sus “feices”. Eso parece. ¿Pero qué tal si la muchacha que aparentemente teclea un mensaje inocuo en realidad le está avisando a su cómplice que un señor acaba de retirar una suma grande y en ese momento está saliendo del banco? Le estará describiendo a la víctima en curso, hombre o mujer; su edad aproximada, si es alto, chaparro o de estatura regular; cómo va vestido, los colores del pantalón y la camisa, si del banco ha salido solo o acompañado. Datos precisos para que los bandidos no fallen el golpe. Desprevenido, el objetivo es interceptado cerca del banco si caminando se dirige a abordar su automóvil, o seguido cuando ya conduce y lo sorprenden cuadras adelante. La víctima rara vez se resiste, paralizado de miedo por las armas y las órdenes groseras de los asaltantes que le arrebatan el dinero, huyen en un vehículo usualmente con reporte de robo y nada han podido hacer los testigos para evitar el atraco, pues temen por sus vidas, sólo llamar al 911 y atender al señor asaltado. Sucede frecuentemente, y es común que ocurra los fines de semana cuando tanta gente necesita efectivo para hacer pagos. Tarde de un viernes cualquiera. Minutos después de retirar un fajo de billetes en una sucursal bancaria del centro de la ciudad,  tres individuos armados se lo quitan. Al día siguiente, dos empistolados le roban a un masculino 36 mil pesos que acababa de sacar de un banco en Las Palmas. El modus operandi de los asaltantes a cuentahabientes sólo lo desconocen quienes viven en otro mundo. ¿Y la policía? El comisionado Capella se limita a aconsejar a los clientes de bancos que cuando se dispongan a retirar dinero soliciten un policía para que los acompañe. ¿Habla en broma o en serio? ¿Quién confía en la policía? La gente es naturalmente perspicaz, sospecha que los asaltantes tienen cómplices en los bancos, ven con recelo a los policías, de modo que los robos continuarán… ¿hasta que los cuentahabientes decidan armarse o se hagan acompañar por soldados del Ejército que sí les merece un poco de confianza?.. ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]