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El mensaje de Rodolfo Becerril a Amado Orihuela fue claro, no le hizo falta decir nombres: “caprichitos, no”; la reestructuración de la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional no será al gusto de nadie, marcados los tiempos por el Comité Ejecutivo Nacional que está por emitir la convocatoria, pero antes deberá ser conformado el Consejo Político Nacional y esto llevará unas cuantas semanas. Y también a Francisco Moreno Merino, quien, sumado a la toma del edificio del PRI por parte de gente de Orihuela, “estaría sirviendo a intereses extra partidistas” (anti priistas, pues). Obvia la referencia de Becerril a “Paco” Moreno, lo describe como “un diputado que es producto de toda clase de señalamientos, que lo menos que puede ofrecer es ética y unidad pero ese es su problema”. Sin embargo, siendo el divisionismo del PRI-Morelos viejo ya y cíclicamente acrecentado en cada mitad de sexenio cuando empiezan los jaloneos hacia las candidaturas a gobernador, senadores, diputados federales y locales así como presidentes municipales, Becerril lo tamiza reconociendo que el partido se encuentra fracturado pero que ello no es producto no de la pelea por el “hueso”, sino “de la pluralidad y las diferentes maneras de pensar y de actuar”. Próxima según él su salida de la presidencia del PRI estatal, sí pero qué tanto cuando el presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, tiene pendientes los cambios de dieciséis comités estatales. Eso por un lado, y por otro, que históricamente a la dirigencia nacional le ha valido “cheto” el priismo de Morelos, porque significa muy pocos votos en las elecciones federales. Y una más: que el propio miembro de la burocracia dorada habilitado como “líder partidista” deje con un palmo de narices a Amado y a los demás pretendientes a la candidatura de gobernador, enviando un delegado que se encargue de la presidencia del PRI estatal, aplazando el cambio hasta donde la liga aguante o inclusive ratificando a Becerril… SI NO caes en uno, te precipitas en otro. Los baches, el estigma de Cuernavaca. Son tantos, que los automovilistas no los pueden evitar. “Cuernabaches” o la ciudad en donde se conduce zigzagueando, democráticos los hoyancos pues agarran parejo lo mismo a vehículos de lujo que modestos. Los padecemos todo el año, pero aumentan apenas termina la temporada de lluvias. Los más profundos truenan suspensiones, rompen amortiguadores, rines y llantas, pero los estropicios no son pagados por el responsable, o sea, el Ayuntamiento, sino apoquinados por los dueños de los vehículos estropeados. Hacen coraje doble, por el daño y por el desembolso de sumas a veces altas que en justicia estricta deben correr a cuenta de la administración municipal. Así ha sido siempre en Cuernavaca y lo era en la Ciudad de México, pero ya no allá a partir de este mes. El gobierno capitalino contrató un seguro que funciona más o menos de esta manera: el automovilista cae en un bache o una alcantarilla abierta. ¡Pack! Se “orilla a la orilla”. Telefonea a la compañía de seguros. Llega el ajustador, comprueba el daño, toma fotografías, le pide al conductor la licencia y la tarjeta de circulación, llena un formulario y a los diez días la aseguradora (no el gobierno) paga el daño. Pero aquí no. La gente paga impuestos sin que reciba nada a cambio. El Ayuntamiento recibe millonadas por el predial, servicios y alumbrado público, pero el alumbrado artificial es casi inexistente y deficientes los servicios de la recolección de basura, barrido de calles, bacheo, señalamientos de tránsito, nomenclatura, etc., etc. El alcalde Cuauhtémoc Blanco se “justifica” pretextando que heredó un ayuntamiento en crisis económica, pero la población reclama: “¡a mí qué chingados me importa eso!”. Tiene toda la razón. Los tributantes pagan impuestos y el gobierno municipal debe corresponderles iluminando las calles y avenidas oscuras, peligrosas, ni mandadas a hacer para la delincuencia; y tapar todos y cada uno de los baches, millones seguramente a lo largo y lo ancho de la ciudad. Tal es la realidad de Cuernavaca, triste, añeja, inmerecida. Y la simulación, reuniones como la reciente del secretario técnico del Ayuntamiento, José Manuel Sanz Rivera, con integrantes de la Federación de Asociaciones de Colonos del Estado de Morelos para tratar, precisamente, reproches relacionados con los servicios públicos municipales. Desdeñada, subestimada la organización, pues aunque el encuentro finalmente no sirva para nada, debió ser con el número uno, no con el dos… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]