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Preocupante, la noticia se esparció rápidamente en las redes sociales, la tarde del sábado. Grupos de WhatsApp retransmitieron un comunicado de la  Fiscal General del Estado de Morelos (FGEM). “Ayúdanos a encontrarlo”, decía, ilustrada la petición con la fotografía de Félix Rafael Arámburu Hernández y datos proporcionados por sus familiares que lo denunciaron desaparecido el miércoles: señas físicas, estatura, complexión, cómo vestía la última vez que lo vieron, etc. Pocas horas después, la FGEM informó: “lamentablemente fue encontrado sin vida el empresario Rafael Arámburu Hernández en el municipio de Taxco de Alarcón”. Según un medio de comunicación local, el cuerpo de Rafael fue hallado un día después de su desaparición en las inmediaciones de la caseta de peaje a la entrada de Taxco, el jueves, con varios disparos de arma de fuego. Lógica, la hipótesis sobre el crimen surgió entre tantos cuernavacenses como conocieron a Rafael. Especularon: fue “levantado, llevado a Taxco y asesinado. De investigar el móvil se encargará la autoridad. Por años, la imagen de Arámburu fue parte de la cotidianidad del centro histórico de nuestra ciudad, referido sólo por su apellido: “Arámburu, el del bar Cuernavaca”, pues de él era este sitio emblemático de la Cuernavaca de hasta los ochenta. Presidente de una de las agrupaciones de comerciantes del centro, Alfredo gustaba de la política, pero que recuerde el columnista nunca ocupó un cargo público.  El fiscal Javier Pérez Durán garantizó: “este terrible hecho no quedará impune”. Ojalá… Y LUEGO de la tormenta, la calma; brillante la mañana de ayer en Cuernavaca, no como las de las dos últimas semanas grises, húmedas; insistente el deseo de que ya saliera el sol e inconsciente la exigencia porque, a diferencia de otros estados y países, en Morelos estamos en la gloria. Juchitán, en el istmo oaxaqueño, devastado por el temblor de la noche del jueves, cifras de muertos que crecen, derrumbados el Palacio Municipal y casas, muchas casas desplomadas. Tristeza, desolación, gente durmiendo en albergues porque todo lo perdieron, y gente cuyas viviendas se salvaron pernoctando en la calle por miedo a las réplicas del sismo fatal. Pasado por agua medio país, bañados y sacudidos por el huracán “Katia”, la pasan mal los habitantes de una gran parte de la costa de Veracruz y Tamaulipas e igual tierra adentro hasta la zona montañosa de Puebla. O el norte de Cuba, desplazado cientos de miles de isleños antes de que fuera golpeada por “Irma”, el ciclón descrito como letal por poderosos que la noche del sábado se dirigía a la península de Miami. ¡Pobre gente! Millones, y uno en Cuernavaca quejándose, visto está, injustificadamente. Aquí no pasó nada por el sismo. De hecho, en esta parte de la geografía mexicana cuando tiembla afortunadamente no pasa del susto. Pero por las dudas, el sábado el gobernador Graco Ramírez recorrió dos escuelas, la Felipe Neri y la Universo 2000, caída en esta última una barda que será sustituida y revisados por los cuerpos de protección civil más planteles escolares y otros tipos de edificios públicos sin reportes de daños considerables. No así en otras latitudes del territorio nacional. “Chiapas y Oaxaca te necesitan”, urgen spots en la televisión que exhortan a la gente a llevar ayuda (agua, medicamentos, ropa en buen estado, etc.) a los centros de acopio ex profeso instalados en la Ciudad de México. O que depositen dinero en cuentas para ello abiertas, lo que tristemente produce la desconfianza de que sujetos pasados de listos “ordeñen” los depósitos pues si algo sobra en el sector gobierno son funcionarios corruptos... A propósito del temblor, la Base Zapata aguantó: lo que fue el hotel Mandel, tan viejo y ruinoso que parece le soplan y se cae. Es donde actualmente están las oficinas de la Fiscalía y no hace mucho estuvieron las de Movilidad y Transporte, ex sede, en fin, de Bomberos, Policía y Tránsito así como Seguridad Pública. El último sismo también le hizo lo que el viento a Juárez al puente de la barranca de Amanalco. Tendido en el último tercio de los sesenta en la confluencia de Salazar, Humboldt, Cuauhtémoc y Atlacomulco, apenas la semana pasada el columnista recibió este correo: “Desde hace algunos meses mi hace esposa y yo estamos preocupados por el puente de Amanalco. Tiene muchísimos años de construido y pensamos si lo han revisado algunas veces y cuándo fue la última vez. Vivimos en Amatitlán y   pasamos muy seguido por ese puente”. Pues sí: las premoniciones fallidas existen… ME LEEN MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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