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“Rutas” no había, el sistema de transporte colectivo inicialmente formado con combis y coches sedán que en 1987 crearía Lauro Ortega Martínez aún no sustituían a los camiones trompudos de las líneas Urbanos de Cuernavaca, Chapultepec y Emiliano Zapata, estos últimos llamados popularmente “chocolates”. La Plaza de Armas estaba siendo remodelada y vuelto peatonal su lado sur, de manera tal que ya no se le podía darle vueltas en coche. Poco después sería construido el Teatro de la Ciudad, en la avenida Matamoros frente al cine Alameda, al que Ortega convertiría en el Palacio Legislativo y sede desde entonces del Congreso Estatal que había operado en el segundo piso del Palacio de Gobierno y años atrás en el Palacio de Cortés. Las discotecas estaban en su apogeo, otras así como “el Tabasco” enfrente de la gasolinería del DIF, y abarrotado las noches de fines de semana el restaurant-bar Harry’s. Las gringas que venían a los cursos de verano alegraban la pupila de los muchachos de Cuernavaca, prestos para “el ligue” del romance veraniego tras lo cual no pocos llegaron al matrimonio que los hizo emigrar. Inexistentes los problemas de tránsito, lo eran pues el parque vehicular apenas llegaba a cuarenta mil en todo el estado, más o menos el diez por ciento de la actualidad. El Alameda era el cine “del piojito”, pero ya estaban de tiempo atrás el Ocampo y el Morelos a los cuales los cuernavacenses sumaron las opciones del Olimpia, en la bajada de Motolinía donde había sido el auditorio del sindicato de Textiles Morelos; el Cuernavaca Cinema, en la cuesta de Ávila Camacho, y el Gloria o Las Palmas, a una cuadra de la glorieta del Niño Artillero. Entre otros políticos que “partían el queso”, de aquí David Jiménez González, José Castillo Pombo y Porfirio Flores Ayala, y funcionarios fuereños como Raúl Morales del Río, Mario Sánchez Ruiz, Enrique Corona Morales y Enrique Ramos Cepeda. También foráneo, Rafael Aguilar Guajardo era el delegado de la Dirección Federal de Seguridad quien, asignado a Chihuahua en donde fundaría el cártel de Juárez, estando de vacaciones con su familia en Cancún sería asesinado en abril de 1993 por un grupo de sicarios presuntamente enviados por Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. Director entonces de Policía y Tránsito del Estado, una vez retirado de la administración pública el coronel Corona Morales sería ultimado en su restaurant “Mi Ranchito” ubicado en la avenida Domingo Diez. Luego llamado Paseo Cuauhnáhuac, los costados de ese tramo de la carretera federal a Cuautla estaban semidespolados desde el hospital del Seguro Social de Plan de Ayala al Cañón de Lobos y, aunque ya despuntaba Jiutepec como el segundo o tercer municipio con mayor densidad de crecimiento poblacional, la conurbación todavía no alcanzaba a los de Cuernavaca, Temixco y Emiliano Zapata. Los ayuntamientos tenían sus policías, en realidad pequeños grupos de uniformados que detenían a borrachos cansados y parejas de enamorados sorprendidas in fraganti, pues la Policía Preventiva y de Tránsito era una dependencia del Gobierno Estatal que cubría la totalidad del territorio tlahuica. Los presidentes municipales no se hacían cargo de la recaudación y administración del impuesto predial, sino el equivalente a la Secretaría de Finanzas que manejaba el gobernador y nombraba a los recaudadores de rentas en cada municipio. Multitudes de chilangos y lugareños atestaban balnearios como Palo Bolero en Alpuyeca o la ex hacienda de Temixco, barato el acceso pues aún no habían sido convertidos en los parques acuáticos de hoy, caros pero más divertidos con sus juegos de agua. Posteriormente privatizados, los ingenios de Zacatepec, Oacalco y Cuautlixco daban sustento a nueva de cada diez campesinos de Morelos dedicados a la producción de caña, y el equipo futbolero de la franja era uno de los mejores del país. Coincidente con el aniversario 110 de la creación del estado de Morelos, el 17 de abril de 1978 nació el Diario de Morelos, dirigido por el licenciado Federico Bracamontes quien también dirigía el Diario de Nezahualcóyotl y el Diario de México. Todo esto y más conformaban el tono de la vida social y política de esta entidad cuando Armando León Bejarano era el gobernador, después de Felipe Rivera Crespo y antes de Lauro Ortega. Al columnista le tocó. Gestión de claros y oscuros el sexenio del doctor Bejarano, como ya sabe el lector murió este miércoles a la edad de un centenario… ME LEEN EL DOMINGO.

 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]